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	<title>Vocaciones archivos - Jesuitas en Centroamérica</title>
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	<description>Página oficial de la Compañía de Jesús en Centroamérica</description>
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	<title>Vocaciones archivos - Jesuitas en Centroamérica</title>
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		<title>«Yo quería servir a la gente, con libertad»</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Jun 2026 14:55:25 +0000</pubDate>
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<div class="wp-block-uagb-advanced-heading uagb-block-4a2cdecc"><h3 class="uagb-heading-text"><strong><em>Este año, P. Jorge Sarsaneda, S.J., celebra 60 años de Compañía de Jesús. Para él, el sentido de este tiempo estuvo en la comunidad, la montaña y el pueblo indígena. Hoy, el jesuita panameño repasa, sin matices y desde la honestidad, una historia marcada por la búsqueda de servir con libertad y por una misión que, con el paso de los años, le reveló dónde estaba Jesús esperándolo. Esta es la memoria de una vocación que sigue encontrando sentido en el servicio y la cercanía a los más necesitados.</em></strong></h3></div>



<div style="height:85px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="wp-block-paragraph">Este 2026, P. Jorge Sarsaneda, S.J., celebra 60 años de vida en la Compañía de Jesús. Jesuita panameño, ingresó al noviciado en 1966, con apenas 20 años de edad, impulsado por un profundo deseo de servir a los demás. A lo largo de estas seis décadas, ha desarrollado una amplia trayectoria apostólica en Centroamérica, desempeñándose como párroco, acompañando procesos de formación de novicios, colaborando en Fe y Alegría y participando en diversas pastorales sociales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, entre las múltiples experiencias que han marcado su camino, hay una que ocupa un lugar especial. Durante años de convivencia y acompañamiento a pueblos originarios en Panamá y Guatemala, descubrió una manera nueva de comprender la fe, la Iglesia y la misión. Esa experiencia, afirma, fue la que le “puso patas” a su vocación inicial de servir. En esta entrevista, comparte recuerdos, aprendizajes y reflexiones surgidas de una vida entregada al Evangelio junto a comunidades que transformaron profundamente su mirada y su forma de seguir a Jesús.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>¿En algún momento sintió que Dios le llamó a la Compañía? ¿Por qué ser jesuita?</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Llamarme a la Compañía? No. Estudié con agustinos recoletos. Casi no escuché hablar de jesuitas. Yo quería servir a la gente, con libertad. Comencé estudiando medicina en la universidad nacional; estuve dos años y luego pensé que quizás como cura podría servir mejor, con más libertad. Luego empecé a averiguar qué “clases” de curas había (no existía internet entonces, de modo que tuve que leer por ahí). Ya tenía 20 años, iba para tercer año de universidad, tenía novia, trabajaba, me activaba en política, casi no dependía de nadie (aunque vivía en casa de mi familia). Le di “vueltas al asunto” y vi un escrito que decía que los jesuitas podían ser astrónomos, profesores, payasos, misioneros, casi cualquier cosa. Pensé que ahí podría resultar. Me “examinaron” y, ante mi extrañeza, me aceptaron.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><br><strong><em>¿Y qué vino luego? ¿Cómo recuerda sus primeros años en la Compañía</em></strong>?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí me enteré de que los jesuitas eran “los del Colegio Javier”. Había conocido algunos jesuitas (Jerez, Antolínez y otros), pero no sabía que se llamaban así. Me recibieron bien, aunque el noviciado fue tenebroso, como un túnel: una vida rara, encerrada, bien organizada, con costumbres religiosas especiales que yo asumí que me podían preparar para más adelante, aunque no me gustaran mucho. Si me hubiera puesto a pensar más, me hubiera largado, pero ya había decidido este camino y seguí. En el noviciado conocí una forma especial de vivir dentro de la iglesia católica que no sabía si me iba a servir.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em><em>&nbsp;De su etapa de formación, ¿hay algún aprendizaje o experiencia que siga guiando su vida hasta hoy?</em><br></em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En el juniorado aprendí que no siempre los superiores tienen la razón y menos, los que se imponen sin dar razones. En la filosofía aprendí que, si el superior es tu amigo y te escucha, puedes caminar en libertad y aprender a servir. Tuve la gracia y la suerte de tener el mismo buen superior en filosofía y en teología y eso me ayudó mucho. Todavía hoy se interesa por mí y sigue siendo amigo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otra cosa que me ayudó mucho es que -siendo estudiante- no hay que vivir dependiendo del dinero que nos dan o de los que nos “mantienen”, sino que hay que aprender a construir -en comunidad- la comunidad, incluso la física: en filosofía y en teología, literalmente construimos la comunidad: camas, sillas, mesas, trabajamos para mantenernos en parte, fue una buena experiencia; y no éramos malos estudiantes.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>En todo este tiempo que ha pasado, ¿qué ha significado para usted “ser jesuita”?</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay algo que muchas veces se impone en la Compañía y en todas las órdenes y congregaciones religiosas: el “modo particular de proceder” que, al final, resulta el modo al que se han acostumbrado a actuar los mayores de ese grupo y lo imponen a los que ingresan. Esto no está bien porque se niega el “espíritu” del tiempo y se impone un modo de ser ya antiguo, que se supone bueno. Se confunde el vivir evangélico con las costumbres del grupo religioso concreto. Esto trae problemas que he comprobado: la Compañía que yo he conocido se le hace “cuesta arriba” a los indígenas (u originarios). El indígena tiene una experiencia particular de vida que, dentro de la Compañía (insisto, la que yo conozco) choca, suena rara, es extraña. Eso lleva a que se sientan rechazados muchos de los indígenas que ingresan. Centroamérica es “buen” ejemplo de esto.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>¿Puede contarnos un poco sobre su trayectoria en Centroamérica?, ¿Cuáles fueron algunos destinos que lleva particularmente en su memoria?&nbsp;</em><br></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En cuanto a trabajo después de la ordenación sacerdotal, he tenido pocos destinos: Panamá y Guatemala solamente. En Panamá he estado en zonas indígenas durante mucho tiempo y lo mismo en Guatemala, eso es lo que llevo particularmente en mi memoria. <strong>Vivir en la montaña, en una comunidad indígena, me cambió la perspectiva de iglesia, de fe, de práctica eclesial, de vivencia en la Compañía, de ser humano. Vivir en un pueblo indígena, profundamente religioso como el k’iche’, me ayudó a vivir más mi fe en Jesús, a valorar lo que sí importa del Evangelio, a relativizar la Compañía, a valorar las luchas de los pueblos indígenas.</strong> Los últimos quince años de mi vida siempre ha estado presente el trabajo con y entre indígenas, de modo que es una continuidad de lo que he intentado hacer desde que me ordenaron sacerdote.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><br>Este acompañamiento le “puso patas” a mi vocación inicial de “servir”, así en general. Entre indígenas caí en cuenta que ahí estaba Jesús y me llamaba a acompañarlo, servirlo, quererlo, y no dudé.</strong> Si la Compañía no me destinaba a trabajar entre ellos, yo decidía dejar la Compañía. Eso lo pensé en 1973 y lo sigo pensando.<br></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>¿Hay algún encuentro, comunidad o experiencia —en parroquias o con pueblos originarios— que haya marcado particularmente este tiempo en Compañía?</em><br></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Me han marcado muchas cosas. La que más: vivir entre indígenas. Me ha cambiado mi forma de pensar, sentir, amar, actuar. También me han marcado varios compañeros que me han apoyado, me han iluminado, me ha fortalecido a través de este camino. El haber estado preso en El Salvador y pensar que iba a morir, me marcó, porque fue una preparación para vivir la misión entre indígenas como agradecimiento por la vida.<br></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>¿Alguna vez sintió dudas sobre su vocación?</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Sí, varias veces he dudado, casi siempre coincidiendo con la obediencia o con posiciones de la jerarquía eclesiástica. Lo que me ayudó y me sigue ayudando es que <strong>mi fe es en Jesús</strong>, no en el Papa, ni en los obispos, ni en los superiores. <strong>Mientras la Compañía sea un instrumento que me permita servir a los más necesitados, yo seguiré aquí.</strong> Ya sé que solo no puedo hacer mucho, por eso la Compañía puede ser un buen instrumento. Esos dos puntos me han ayudado a seguir: <strong>mi fe en Jesús y los compañeros que han apoyado mis locuras.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Mirando su vida, ¿qué le ha confirmado que valió la pena decir “sí”?</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si yo hubiera hecho caso a los superiores, creo que no sería jesuita ahora. Yo insistí en trabajar entre indígenas y un superior lúcido aceptó y algunos compañeros apoyaron. Como trabajar entre indígenas es un apostolado a largo plazo y “oscuro”, muchas veces ni se enteran de dónde anda uno o qué hace, hasta se olvidan de qué estamos haciendo.<br></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>¿Volvería usted a elegir la vocación jesuita si tuviera la oportunidad?</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><br></strong>No sé. Me parece una pregunta retórica porque no voy a tener otra oportunidad&#8230; Pero se me ocurren algunas sugerencias:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Primero, agradecería que en el noviciado me explicaran bien a dónde me metía. Yo he tenido que reorientar mi vida dentro de la Compañía, de modo que mi vocación ha cambiado mucho desde 1966 hasta ahora y, por tanto, lo que se llama “vocación jesuita”, a lo mejor lo he hecho bien, no sé…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Segundo, ir a lo fundamental: damos demasiadas vueltas, por ejemplo, se les insiste a los estudiantes que tengan licenciatura en filosofía cuando muchas veces eso no ayuda ni sirve para el apostolado; que desarrollen sus verdaderas capacidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tercero, hubiera agradecido también que me explicaran el alcance de la vocación del Hermano jesuita. <strong>Yo hubiera sido -creo- un buen Hermano</strong>. Ser sacerdote te da un estatus que hace daño, es lo que tanto criticó el compañero Francisco: la clericalización, que la Compañía no está exenta de ese cáncer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuarto, debemos ser coherentes siempre, pero también con lo que decimos. Hablamos de “Preferencias Apostólicas Universales” y muchas veces no las cumplimos. Eso: <strong>ser coherentes.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>¿Qué le diría hoy a un joven que siente el llamado a servir, pero no sabe si dar el paso?</em><br></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Que no lo piense mucho más, que con Jesús vale la pena arriesgarse</strong>. Que en la Iglesia hay muchas cosas innecesarias que se plantean como importantísimas y no lo son, que no les haga caso, que concrete su vocación de servir y siga adelante, que no siga el ejemplo de muchos curas y laicos que no siguen realmente a Jesús.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>¿Qué cree que el mundo de hoy necesita de los jesuitas y de quienes comparten su misión?</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Que aprendamos a <strong>ser humildes, escuchar mucho y servir</strong>. No se necesita más. Si hiciéramos esto, creo que podríamos hacer mucho bien. <strong>En una mano deberíamos tener Mateo 25 y, en la otra, aquello de san Ignacio de buscar servir donde más se necesita.</strong> Eso reorientaría todas las obras que llevamos, nos llevaría a otros lugares, nos pondría de veras “en las fronteras”, nos tocaría sufrir más.<br><strong><em><br></em></strong><br><br></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><br></strong><br></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>«Buscaba una vida que fuera especial»: P. Dennis Leder, S.J., a 50 años de sacerdocio</title>
		<link>https://jesuitascam.org/jubileo-p-dennis-leder/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 01 Jun 2026 16:07:36 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>En junio de este año, P. Dennis Leder, S.J., celebra...</p>
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<h3 class="wp-block-heading has-text-align-center"><strong><em>En junio de este año, P. Dennis Leder, S.J., celebra 50 años de sacerdocio. En ocasión de este jubileo, el jesuita originario de New Jersey reflexiona sobre su vocación: profundamente enraizada en Centroamérica, territorio al que llegó en 1985 como capellán de un campamento de personas refugiadas en Honduras. Reflexiona sobre el arte, la duda y qué significa para él la vida en Compañía a cinco décadas de su ordenación.</em></strong></h3>



<div style="height:83px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="wp-block-paragraph">En julio de 2026, P. Dennis Leder, S.J., celebrará 80 años de vida. Un mes antes, en junio, habrá cumplido 50 años de haberse ordenado sacerdote en Nueva York, en su natal Estados Unidos. De Compañía en total ya suma 62. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Lleva una gorra roja y una sonrisa serena. Esta misma le va a acompañar a lo largo del relato que se viene por delante. Hoy, P. Dennis Leder, jesuita estadounidense, pintor y escultor, compartirá una pincelada breve de su caminar en Compañía: el origen de su vocación, sus días de formación, la llegada a Centroamérica, el arte, la duda y qué han significado para él estas décadas de misión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La <strong>vocación </strong>le llegó, inicia diciendo, como una inquietud presente desde la escuela primaria. Creció en un ambiente religioso, marcado por la presencia de dos tíos sacerdotes. Además, el niño Dennis era monaguillo que «disfrutaba mucho de ayudar a los padres». </p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1273" height="712" src="https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/05/p.-denis-1.png" alt="" class="wp-image-22678" srcset="https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/05/p.-denis-1.png 1273w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/05/p.-denis-1-300x168.png 300w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/05/p.-denis-1-767x429.png 767w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/05/p.-denis-1-1024x573.png 1024w" sizes="(max-width: 1273px) 100vw, 1273px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>P. Dennis Leder nació en Teaneck, Nueva Jersey, en 1946. En la fotografía, está a meses de cumplir 80 años.</em></figcaption></figure>
</div>


<div style="height:80px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="wp-block-paragraph">Pero la vocación no llegó precisamente de este ambiente, que P. Dennis insiste en clasificar como «normal» para él. A pesar de la cercanía con sus tíos, a quienes acompañaba en la liturgia, y de su entorno de servicio, no sintió interés o inclinación por la vida religiosa. Hasta que conoció de la Compañía de Jesús.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Algo especial</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No olvida a su profesor de latín, Mr. Cortney, que en aquellos días «hablaba mucho a favor de los jesuitas». El profesor, dice P. Dennis, tenía un gran amigo en la Compañía. Aquí, en los relatos del profesor y en la forma en la que describía a su amigo, nació la vocación de Dennis Leder. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1964 llegó al Noviciado en Nueva York. Con la misma sonrisa serena, describe aquellos días haciendo hincapié en que era un «muchacho inmaduro». Haberse quedado en la Compañía fue, remarca, «obra del Espíritu Santo». Entre risas, agrega que no tenía mucha idea de qué buscaba en ese entonces. No sabía nada de vivir en comunidad, y el servicio, aunque sí formaba parte de su decisión, no terminaba de ser el núcleo de la misma. Lo que siempre estuvo ahí, dice, es el recuerdo del profesor de Latín, Mr. Cortney. De la forma en la que describía a su amigo. «Tal vez estaba buscando amigos en el Señor, como dice San Ignacio», sonríe P. Dennis.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de recorrer nuevamente la presencia religiosa en su vida temprana, desde el colegio, las vocaciones de sus familias, el servicio en la Iglesia, algo se ilumina en el relato -y en el rostro- de P. Dennis: «Era algo que tenía la Compañía de Jesús&#8230; Me daba la sensación de ser <strong>algo especial</strong>«. Reflexiona unos momentos y concluye: «Tal vez, más que amigos en el Señor, estaba buscando una vida que fuera <strong>algo especial»</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">35 novicios vivían junto a él. Recuerda de estos días particularmente el ritmo de las campanas, que marcaba el paso de cada una de sus actividades, además de la gran extensión del edificio que les acogía. Recuerda, sobre todo, un encuentro que marcó su camino hasta hoy: uno que ocurrió en un cementerio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Parte de sus tareas incluían, dice, la limpieza de las lápidas. Ahí, en medio de una jornada, se encontró con la tumba de <strong>Pierre Teilhard de Chardin</strong>, paleontólogo jesuita francés, famoso por sus visiones interdisciplinares de la evolución que le valieron el rechazo y la condena de la Iglesia misma. Este encuentro le reconfirmó, dice, la idea de que «los jesuitas son especiales».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí, en el noviciado, también descubrió su interés por el <strong>arte</strong>. También inmaduro, se apresura a acotar. Escuchó que también había jesuitas artistas: otra puerta que se abrió para él. Madurar esta vocación le tomó tiempo. Nunca había ido a un museo, dice. Pero con la Compañía encontró un ambiente que le permitía «realizar estas cualidades y anhelos». Uno que fue creciendo con el tiempo hasta convertirse en la carrera que ostenta hoy.</p>



<p class="wp-block-paragraph"> P. Dennis, <strong>pintor </strong>y <strong>escultor</strong>, también ha ejercido como docente y restaurador de arte. El mural en honor a Rafael Landívar, que se exhibe en la Universidad del mismo nombre en <strong>Guatemala</strong> es de su autoría. En la UCA de <strong>El Salvador</strong>, se exhiben sus pinturas de las <strong>Series de Fibonacci y sus aplicaciones</strong>. Resalta también el <strong>homenaje en metal</strong> que realizó en conmemoración de los 50 años de fundación de la Universidad, dedicado a la memoria de los mártires. Su arte se encuentra disponible en la colección del <strong>Museo Metropolitano de Arte en Nueva York.</strong></p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img decoding="async" width="739" height="354" src="https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/05/7-Mural-Caras-RL.jpg" alt="" class="wp-image-22675" srcset="https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/05/7-Mural-Caras-RL.jpg 739w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/05/7-Mural-Caras-RL-300x144.jpg 300w" sizes="(max-width: 739px) 100vw, 739px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Mural del rostro de Rafael Landívar. Cortesía: URL.</em></figcaption></figure>
</div>

<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img decoding="async" width="600" height="400" src="https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/05/79cdaeeb-bce7-4e0b-805d-d58b567da103.webp" alt="" class="wp-image-22676" srcset="https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/05/79cdaeeb-bce7-4e0b-805d-d58b567da103.webp 600w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/05/79cdaeeb-bce7-4e0b-805d-d58b567da103-300x200.webp 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>P. Dennis en una exposición en Guatemala. Cortesía: Prensa Libre, Guatemala.</em></figcaption></figure>
</div>


<div style="height:82px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="wp-block-paragraph">Pero para esto falta, en el relato de P. Dennis, un tiempo considerable. Se ordenó en junio de 1976. Diez años después llegaría a Centroamérica: territorio en el que enraizó su vocación por el servicio. Y por la vida especial.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Centroamérica: lo que quiero hacer yo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1983, P. Dennis Leder llegó a Centroamérica por primera vez acompañando a un grupo de los Testigos por la Paz (WFP, por sus siglas en inglés), una organización estadounidense que se oponía al apoyo del gobierno de Ronald Reagan a los grupos contrarrevolucionarios -los <em>contras</em>&#8211; en el país centroamericano por el impacto de estas políticas en los derechos humanos de las poblaciones civiles. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue en Navidad de ese año, recuerda, que, sentado en una capilla en la frontera con Honduras, vio a una mujer barriendo el piso en total silencio. La imagen detonó otra inquietud, una que definiría el resto de su vida: «Sería interesante venir a Centroamérica por un tiempo». Aquí descubrió que eso, Centroamérica, era lo que quería hacer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llegó oficialmente en 1985, como capellán de un grupo de personas refugiadas en Colomoncagua, Honduras. Por los siguientes cinco años, P. Dennis acompañaría, como miembro del Servicio Jesuita a Refugiados, a comunidades desplazadas por el conflicto armado salvadoreño.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este tiempo coincidió con el martirio de los jesuitas de la UCA de El Salvador y sus dos colaboradoras: otro momento que sella, dice, la historia de su vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y es que, acompañando a las personas refugiadas salvadoreñas, P. Dennis coincidió con Segundo Montes. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Pasó todo el fin de semana con él, tres meses antes de su martirio. Era 1989, y el conflicto armado salvadoreño seguía cobrando vidas y sembrando miseria en comunidades enteras. Segundo Montes llegó al campamento para acompañarle en las Eucaristías y en reuniones con las familias. Le impactó especialmente, dice, la cercanía con las madres, niños y niñas. «¿Muy generoso el profesor de la UCA, verdad?», dice sonriente. «Un gran académico, gran ser humano».</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el 92, la guerra acaba en El Salvador con la firma de los Acuerdos de Paz. Luego de una estancia breve en su país, P. Dennis regresa a Centroamérica, esta vez como <strong>restaurador de arte y profesor </strong>en la Universidad Rafael Landívar, Guatemala. Esta misión marca el inicio «oficial» de su carrera como artista plástico. Y marca, también, el inicio de otros apostolados para servir a esta tierra: docencia y acompañamiento espiritual. Este último es el que desempeña hasta hoy, como director del Instituto Centroamericano de Espiritualidad (ICE-CEFAS), en donde también acompaña Ejercicios Espirituales, talleres, retiros y otras actividades.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="1536" height="2048" src="https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/05/656707106_1492826152626548_8001957444525021022_n.jpg" alt="" class="wp-image-22674" srcset="https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/05/656707106_1492826152626548_8001957444525021022_n.jpg 1536w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/05/656707106_1492826152626548_8001957444525021022_n-225x300.jpg 225w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/05/656707106_1492826152626548_8001957444525021022_n-768x1024-1.jpg 768w, https://jesuitascam.org/wp-content/uploads/2026/05/656707106_1492826152626548_8001957444525021022_n-1152x1536.jpg 1152w" sizes="auto, (max-width: 1536px) 100vw, 1536px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>P. Dennis, junto a un grupo de participantes del curso de espiritualidad que acompaña, posan bajo el monumento que él realizó en honor a los mártires de la UCA. Cortesía: ICE-CEFAS.</em></figcaption></figure>
</div>


<div style="height:81px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Escencialmente, uno tiene que lanzarse</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego de recorrer el camino por territorio centroamericano, P. Dennis entra en el terreno de las dudas, presentes «varias veces» en este tiempo. Uno va cambiando de puntos de vista, dice. Y la espiritualidad, con uno mismo, va madurando. Esto pasa por bloqueos, resistencias y, por supuesto, dudas: sobre todo aquella, de que si este era el camino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En estas veces, dice, le sirve recordar el consejo de jesuitas y amigos fuera de la Compañía, como el caso de una religiosa del Buen Pastor, tiempo atrás cuando ambos estaban jóvenes. Le sirve, también, recordar que <strong>uno no puede ser creativo sin la duda: </strong>«Si soy artista, es porque dudo siempre», explica. Hasta ahora, casi con 80 años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Cuando uno deja de dudar y entra en la certeza, bueno, quizá no necesita ya al Espíritu Santo», dice entre risas. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>¿Y sobre la vocación?</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Nunca se va a saber si no se hace, responde. Y es lo mismo para la vida religiosa como para cualquier otro proyecto. Le habla a las nuevas generaciones. Porque, aunque el contexto actual, marcado por la necesidad imperante de respuestas inmediatas, dibuja diferencias abismales con su juventud, P. Dennis dice que, en esencia, «somos iguales». Y que la clave, también en esencia, es lanzarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
<p>La entrada <a href="https://jesuitascam.org/jubileo-p-dennis-leder/">«Buscaba una vida que fuera especial»: P. Dennis Leder, S.J., a 50 años de sacerdocio</a> se publicó primero en <a href="https://jesuitascam.org">Jesuitas en Centroamérica</a>.</p>
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		<item>
		<title>Fredy Díaz, S.J.: “Mi vocación nace de la pregunta: ¿Qué más puedo hacer por los demás?”</title>
		<link>https://jesuitascam.org/freddy-diaz-vocacion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 08 Apr 2026 15:54:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Formación]]></category>
		<category><![CDATA[Vocaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Centroamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevista]]></category>
		<category><![CDATA[jesuitas]]></category>
		<category><![CDATA[Jesuitas Centroamérica]]></category>
		<category><![CDATA[Jesuitas en Formación]]></category>
		<category><![CDATA[Vocación]]></category>
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		<category><![CDATA[Vocaciones Jesuitas Centroamérica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En esta conversación Fredy Díaz, S.J., jesuita hondureño, habla sobre...</p>
<p>La entrada <a href="https://jesuitascam.org/freddy-diaz-vocacion/">Fredy Díaz, S.J.: “Mi vocación nace de la pregunta: ¿Qué más puedo hacer por los demás?”</a> se publicó primero en <a href="https://jesuitascam.org">Jesuitas en Centroamérica</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<div class="wp-block-uagb-advanced-heading uagb-block-d34535cd"><h3 class="uagb-heading-text"><strong><em>En esta conversación Fredy Díaz, S.J., jesuita hondureño, habla sobre su historia personal, el origen de su vocación en la pastoral juvenil y la misión que siente hoy: acompañar, escuchar y trabajar por la reconciliación en contextos marcados por el sufrimiento y la falta de esperanza.</em></strong></h3></div>



<div style="height:88px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="wp-block-paragraph">Fredy Díaz es un joven sonriente, de talante sereno. Lo que más disfruta es escuchar música: le mueve la balada romántica, dice entre risas. Pero, en el fondo, a Fredy Díaz le gusta <strong>escuchar</strong>, así, en el sentido literal de la palabra. Lo reafirmará más adelante en la conversación, cuando explica que su vocación como religioso (porque este joven sonriente que disfruta de los Bee Gees tanto como los Scorpions tiene cerca de 10 años de Compañía de Jesús) surgió del deseo de llevar esperanza, de buscar <strong>qué más podía hacer por los demás</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta entrevista, Fredy, joven hondureño que pasó por las<a href="https://jesuitascam.org/efc-18-anos/"> Escuelas de Formación Política y Ciudadana </a>de el Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación (ERIC) y Radio Progreso y que fue delegado de la palabra en su parroquia, conversa sobre el origen de su vocación en la pastoral juvenil y la misión que siente hoy: acompañar, escuchar y trabajar por la reconciliación en contextos marcados por el sufrimiento y la falta de esperanza.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Quién es Fredy Díaz?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><br></strong>Fredy Díaz es una persona muy cercana con la gente y también con una personalidad con temores, con muchas dudas a veces, pero también con mucha fe, con mucha esperanza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fredy es alguien que confía en los demás y confía mucho en Dios y también en él mismo. Es como una triple relación. Eso es lo que caracteriza a Fredy: la confianza no solo en mí mismo, sino en los demás.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿De dónde nace la vocación por la vida religiosa?<br></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La vocación por la vida religiosa surge en la vida cotidiana, en la experiencia de pastoral juvenil específicamente. Cuando estaba estudiando el bachillerato también estaba implicado en los grupos juveniles de mi parroquia en Honduras. El trabajo con los jóvenes, la participación y la energía fueron atrayendo también mis capacidades para querer emplearlas con ellos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso me llevó a meterme no solo en la dinámica de los jóvenes, sino también como delegado de la palabra. Y eso me llevó a una misión específica, mi primera misión, en la parroquia Nuestra Señora del Carmen, en el municipio de El Negrito, Yoro, Honduras. En esa primera misión, al enfrentarme a una realidad donde había muchas personas enfermas y muchas personas desesperadas por el tema de los cultivos, experimenté primero una pregunta: <strong>qué más podía hacer yo</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa fue la pregunta que me asaltó: qué más puedo hacer de lo que ya hago. Eso fue lo que me impulsó a buscar a alguien que me acompañara, que me escuchara en aquella inquietud y que me ayudara a discernir estas preguntas. Y fue lo que me impulsó a pensar en la vida religiosa. Esa experiencia de misión fue inolvidable, a finales de 2015.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-9-16 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cuando viste ese sufrimiento, ¿por qué sentiste que la respuesta era la vida religiosa y no otra vocación?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El primer pensamiento que se me vino fue la vida religiosa por el deseo de darlo todo. Dar toda mi energía, mi vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Consciente de que la otra vocación, ser profesor, tener una familia, son proyectos plenos. Pero pensaba que quizá no me iba a dar toda la soltura que pudiera tener yo en la vida religiosa para servir de manera más completa, a tiempo más completo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Por qué la Compañía de Jesús?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><br></strong>La Compañía de Jesús fue porque ya había conocido el carisma. Mientras estudiaba también estaba implicado en las escuelas de formación política y ahí fui conociendo un poco la Compañía de Jesús. No con el interés de ser religioso, mis planes eran otros. Era lo normal: tener una familia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero cuando surge la pregunta por la vida religiosa, los primeros en quienes pensé fueron los jesuitas, porque eran los que ya previamente había conocido. Eso fue lo que me llevó a buscar a algún jesuita que me pudiera escuchar, sobre todo que me acompañara para ir desentrañando aquella pregunta sobre la vocación.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Cómo te recibió la Compañía de Jesús cuando llegaste con esa inquietud?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><br></strong>Me recibió con mucha cordialidad, con mucha escucha, que era precisamente lo que yo quería. Quería que alguien me escuchara y eso fue lo primero que encontré. Sobre todo una escucha que no se adelantaba a lo que yo quería comunicar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue una de las primeras experiencias que me marcaron: la escucha y el sentirme con otras personas que también habían pasado por ese proceso de sentirse inquietos y motivados. Fue una experiencia de no sentirme solo. Cuando toqué las puertas de la Compañía tenía 19 años, ya iba a cumplir los 20. Acababa de salir del bachillerato. Yo quería ser profesor, para muchachos de bachillerato. Ese era mi plan. Ser delegado de la palabra también era parte de mi proyecto. Y tener una familia, ese era mi horizonte.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y con este horizonte con el que llegaste, ¿Hubo alguna duda o miedo en el proceso vocacional?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Dentro del proceso de formación como jesuita, lo primero son las dudas. Yo soy el primero en la familia y crecí con mis papás. Aunque estudiaba y luego trabajaba, siempre permanecía con ellos. Me costó mucho la separación de mi familia. Estando en el noviciado, incluso después, eso cobraba mucha fuerza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El tema de la familia me movía mucho: querer estar cerca, estar pendiente de mis papás. Eso me ganó mucho tiempo y ha habido momentos donde me he sentido muy movido por ese tema.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y ahora, con este camino recorrido, ¿Qué le dirías a un joven que siente dudas sobre su camino vocacional?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo diría que hay que lanzarse y caminar, aunque haya miedos. Hay que romper esa barrera. Y sobre todo hay que tener mucha confianza, independientemente de lo que eso traiga. Pero confiarse es una actitud muy importante. Confiarse y caminar. Lo demás vendrá por añadidura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese impulso de confiarse es la misma esperanza: caminando es que uno se da cuenta cómo Dios nos va acompañando. Entonces lo primero es eso:<strong> caminar, caminar confiado.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué puede aportar Freddy a la misión de la Compañía de Jesús?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que me marcó y que hizo que me preguntara qué más podía hacer era <strong>poder brindar esperanza a las personas que sufren o que quieren ser escuchadas.</strong> Pero sobre todo hay un tema que permanece en el tiempo: la reconciliación. Es un tema que me gana mucho tiempo y mucha energía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tengo mucha aspiración de poder colaborar en la Compañía de Jesús en ese tema específico: la reconciliación. Pensando en que es un aporte que se puede dar en todos los espacios: en parroquia, en lugares de pastoral, en colegios, en las fronteras especialmente. Las fronteras son temas que me preocupan mucho y creo que por ahí puedo aportar: en la reconciliación, la escucha y favorecer procesos que den luz y esperanza.<br></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><br></strong></p>
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		<title>Carta de bienvenida al proceso vocacional</title>
		<link>https://jesuitascam.org/carta-de-bienvenida-al-proceso-vocacional/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 12 Jan 2026 12:19:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Vocaciones]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Querido joven, El proceso de discernir tu vocación es una etapa...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Querido joven,</p>



<p class="wp-block-paragraph">El proceso de <strong>discernir tu vocación es una etapa crucial en tu vida</strong>, y nos alegra ver que te estás tomando el tiempo para hacerlo con seriedad y reflexión. queremos compartir contigo algunas ideas que pueden ayudarte en este camino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En primer lugar, es fundamental que comprendas que la vocación <strong>es una llamada personal de Dios</strong>, un llamado que va <strong>más allá de nuestras propias aspiraciones y expectativas</strong>. Esta llamada se manifiesta en la profundidad de tu ser y en la relación íntima que tienes con Dios. A veces, el llamado puede ser claro, pero otras veces puede llegar a través de una serie de experiencias y situaciones. Por ello, e<strong>s importante que te acerques a Dios con un corazón abierto y dispuesto a escuchar.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El discernimiento es un proceso que requiere paciencia y atención. Te animamos a que busques momentos de oración y reflexión profunda, donde puedas estar en silencio y escuchar la voz de Dios.  La oración es un espacio para la escucha y el diálogo contigo mismo, con la realidad y con Dios. No temas a la incertidumbre o a la falta de respuestas inmediatas<strong>; el discernimiento a menudo es un viaje de fe en el que Dios se revela gradualmente.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Es también importante que te dejes acompañar </strong>por personas sabias y experimentadas que puedan ofrecerte orientación y apoyo. Habla con consejeros espirituales y personas de confianza que puedan ayudarte a ver las cosas desde diferentes perspectivas. Ellas pueden ofrecerte consejo y ayudarte a interpretar tus experiencias y sentimientos a la luz de la fe.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recuerda que la vocación no es simplemente una cuestión de elegir una carrera o una forma de vida, sino una invitación a <strong>vivir tu vida en correspondencia al amor gratuito e incondicional de Dios.</strong> Tu vocación es un llamado a vivir como Jesús, con autenticidad y plenitud,  es decir, sirviendo a los demás mediante los dones y talentos que Dios te regaló.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalmente, mantén siempre en mente que tu vocación, sea cual sea, debe ser una expresión del amor y la entrega a Dios y a los demás. En el fondo, cada vocación es una forma de participar en el misterio de Dios en el mundo, y de vivir de una manera que busque<strong> la mayor gloria de Dios y el bien de la humanidad, en especial de los más pequeños y marginados</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Confía en que Dios guiará tus pasos a medida que continúas en este proceso de discernimiento. Que encuentres paz en tu camino y claridad en tus decisiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con afecto y oración,</p>



<p class="wp-block-paragraph"><br />Equipo de Promoción Vocacional</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jesuitas Centroamérica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;</p>
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		<title>Dios llama… ¿respondes?</title>
		<link>https://jesuitascam.org/dios-llama-respondes/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 Jan 2026 16:46:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Vocaciones]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La entrada <a href="https://jesuitascam.org/dios-llama-respondes/">Dios llama… ¿respondes?</a> se publicó primero en <a href="https://jesuitascam.org">Jesuitas en Centroamérica</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="fws_6a3c86dc39731"  data-column-margin="default" data-midnight="dark"  class="wpb_row vc_row-fluid vc_row top-level"  style="padding-top: 0px; padding-bottom: 0px; "><div class="row-bg-wrap" data-bg-animation="none" data-bg-animation-delay="" data-bg-overlay="false"><div class="inner-wrap row-bg-layer" ><div class="row-bg viewport-desktop"  style=""></div></div></div><div class="row_col_wrap_12 col span_12 dark left">
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		<p>La experiencia de Dios que llama es una dimensión fundamental de toda vocación. Sin ella, una persona puede poseer cualidades humanas notables y, aun así, no tener vocación religiosa. Surge entonces la pregunta: ¿cómo experimenta una persona la llamada de Dios?</p>
<p>Para responder, conviene comenzar aclarando <strong>lo que esta experiencia no es</strong>:</p>
<ul>
<li>No es el resultado de una deducción lógica ni de una demostración racional.</li>
<li>No es la ausencia de inclinación o atracción hacia el matrimonio.</li>
<li>No es un sentimiento pasajero.</li>
<li>No es simplemente una idea que se tiene.</li>
</ul>
<p>Experimentar a Dios que llama significa ser capaz de “escuchar” el lenguaje con el que Dios se dirige a lo más profundo de la persona. Este lenguaje, para ser comprensible, ha de ser profundamente humano. Ordinariamente, Dios habla a través de mediaciones concretas de la vida, como:</p>
<ul>
<li>Las aspiraciones y deseos más profundos y auténticos.</li>
<li>Los sentimientos.</li>
<li>Las experiencias de la vida, tanto positivas como negativas, con sus oportunidades y desafíos.</li>
</ul>
<p>Por ello, es importante evitar expectativas fantasiosas o espectaculares sobre la manera en que Dios se comunica. Algunas personas esperan señales extraordinarias o manifestaciones evidentes para confirmar su vocación, cuando en realidad Dios suele hablar en lo sencillo, en lo cotidiano, en aquello que da paz y sentido al corazón. Del mismo modo, es un error pensar que quien es llamado a la vida religiosa debía haber sido desde niño alguien “raro”, sin gusto por el juego, la amistad, la convivencia o la diversión.</p>
<p>Cada persona escucha el lenguaje de Dios de manera distinta. Entre las formas más frecuentes se encuentran:</p>
<ul>
<li><strong>Un momento fuerte de iluminación y certeza interior</strong>, una experiencia clara y decisiva, semejante a la de san Pablo en el camino de Damasco, que conduce espontáneamente a la pregunta confiada:<br />
<em>«Señor, ¿qué quieres que haga?»</em></li>
<li><strong>La acumulación de pequeñas luces a lo largo del tiempo</strong>. A través de encuentros, convivencias, experiencias de trabajo o servicio, participación en grupos culturales o comunidades cristianas, momentos de oración y lecturas significativas, van apareciendo poco a poco las constantes de la llamada de Dios.</li>
<li><strong>Un “aterrizaje suave” en la seguridad de la vocación</strong>, menos frecuente, pero marcado por una evidencia creciente que se impone con serenidad. Dios llama y el joven responde en un clima de paz y confianza profundas.</li>
<li><strong>Un camino marcado por la lucha y el discernimiento</strong>, que es quizá el más común. La paz de la aceptación llega después de conflictos, dudas, oscuridades, resistencias y altibajos, hasta que finalmente se alcanza una paz más honda, fruto de un proceso vivido con honestidad y perseverancia.</li>
</ul>
	</div>
</div>




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<p>La entrada <a href="https://jesuitascam.org/dios-llama-respondes/">Dios llama… ¿respondes?</a> se publicó primero en <a href="https://jesuitascam.org">Jesuitas en Centroamérica</a>.</p>
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		<item>
		<title>Señales que no puedes ignorar</title>
		<link>https://jesuitascam.org/senales-que-no-puedes-ignorar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 Jan 2026 16:45:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Vocaciones]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La vocación no es un premio ni una exaltación personal,...</p>
<p>La entrada <a href="https://jesuitascam.org/senales-que-no-puedes-ignorar/">Señales que no puedes ignorar</a> se publicó primero en <a href="https://jesuitascam.org">Jesuitas en Centroamérica</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La vocación no es un premio ni una exaltación personal, sino un don que Dios hace a la Iglesia y al mundo para responder, en libertad, a las necesidades más urgentes de la historia.</p>
<p>Las realidades concretas son mediaciones de esa llamada, porque toda realidad humana puede ser lugar de encuentro con Dios, que “puso su tienda entre nosotros” para ofrecernos una vida nueva.</p>
<p>Como todo cristiano, el jesuita es llamado a sembrar el Reino en la sociedad, en comunidad y desde el carisma ignaciano. En Centroamérica, esta llamada se vive en un contexto marcado por heridas históricas y por una realidad actual atravesada por democracias debilitadas, polarización, autoritarismos, profundas desigualdades y deterioro ambiental, fruto de modelos excluyentes que concentran la riqueza, generan violencia y debilitan la fuerza transformadora del Evangelio.</p>
<p>En este contexto, el joven llamado a ser jesuita es enviado a ser testigo de la verdad y de la esperanza, en cercanía con los pobres, ofreciendo la espiritualidad ignaciana como camino para buscar formas nuevas de vida digna.</p>
<h2>Cuando la vida se vuelve testimonio: los mártires</h2>
<p>Desde los orígenes de la Iglesia, la memoria de los mártires ha sido fuente de fe y compromiso. Mártir significa testigo: quien da la vida por la verdad y por amor a los hermanos, iluminando la historia y sosteniendo la esperanza cristiana.</p>
<p>La Compañía de Jesús ha compartido este don a lo largo de su historia. En una Centroamérica herida por la guerra y hoy por la injusticia, comunidades cristianas reconocen como mártires a quienes fueron asesinados por defender la verdad y la justicia, entre ellos varios jesuitas fieles a los pobres desde el carisma ignaciano.</p>
<p>Sus vidas siguen iluminando nuestra misión. Los mártires son el don más valioso recibido del Señor y el manantial desde el cual sigue brotando la llamada a vivir la vocación en la Compañía de Jesús.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>El «sí» de la Compañía de Jesús</title>
		<link>https://jesuitascam.org/el-si-de-la-compania-de-jesus/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 Jan 2026 16:45:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Vocaciones]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://jesuitascam.org/?p=21783</guid>

					<description><![CDATA[<p>No basta sentirse llamado a ser jesuita. Esa llamada debe...</p>
<p>La entrada <a href="https://jesuitascam.org/el-si-de-la-compania-de-jesus/">El «sí» de la Compañía de Jesús</a> se publicó primero en <a href="https://jesuitascam.org">Jesuitas en Centroamérica</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>No basta sentirse llamado a ser jesuita. Esa llamada debe ser acogida y reconocida por la Compañía de Jesús. La vocación es una conversación entre tres: Dios, la persona y la Compañía. Dios inicia el diálogo, la persona escucha y responde, y en su respuesta invita a la Compañía a hacerse «testigo» de ese diálogo. Tanto la persona como la Compañía buscan “discernir” la voluntad de Dios sobre el que se siente llamado.</p>
<p>En este discernimiento compartido es indispensable que la persona conozca bien la Compañía real, sus miembros y sus obras. Sus virtudes y sus defectos, sus opciones apostólicas…</p>
<p>Es igualmente esencial que la persona se deje conocer como es, que se manifieste con transparencia, sin ocultar nada. Si verdaderamente buscamos lo que Dios quiere, la persona debe desear y permitir que quienes lo acompañan en su discernimiento le conozcan sus cualidades y limitaciones lo mejor posible.</p>
<p>La entrada <a href="https://jesuitascam.org/el-si-de-la-compania-de-jesus/">El «sí» de la Compañía de Jesús</a> se publicó primero en <a href="https://jesuitascam.org">Jesuitas en Centroamérica</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Puedes ser jesuita si&#8230;</title>
		<link>https://jesuitascam.org/puedes-ser-jesuita-si/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 Jan 2026 16:44:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Vocaciones]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://jesuitascam.org/?p=21786</guid>

					<description><![CDATA[<p>Si, reconociéndote pecador, sin embargo, te sientes llamado a ser...</p>
<p>La entrada <a href="https://jesuitascam.org/puedes-ser-jesuita-si/">Puedes ser jesuita si&#8230;</a> se publicó primero en <a href="https://jesuitascam.org">Jesuitas en Centroamérica</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<ul>
<li>Si, reconociéndote pecador, sin embargo, te sientes llamado a ser compañero de Jesús, como lo fue San Ignacio.</li>
<li>Si quieres comprometerte bajo el estandarte de la cruz en la lucha crucial de nuestro tiempo: la lucha por la fe y la lucha por la justicia que la misma fe exige.</li>
<li>Si quieres ser misionero en el mundo de hoy, donde hay dos tercios de la humanidad a los cuales no ha sido anunciada la Salvación de Dios.</li>
<li>Si quieres ser un hombre con una misión, dispuesto a marchar a donde seas enviado por tus superiores, por quienes te envía Cristo, el Enviado del Padre.</li>
<li>Si quieres buscar la libertad e integral de la humanidad, que lleva a la participación en la vida del mismo Dios.</li>
<li>Si quieres contribuir a la tarea de continuar la obra salvadora de Cristo en el mundo, que consiste en reconciliar a los hombres con Dios y entre sí mismos y con la creación, de modo que con el don del amor y la gracia divina puedan construir una paz basada en la justicia.</li>
<li>Si quieres comprometerte hasta la muerte con los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, para poder estar totalmente unido con Cristo y participar de su libertad para estar al servicio de cuantos te necesitan.</li>
<li>Si quieres pertenecer a una comunidad apostólica esparcida por el mundo para prestar cualquier servicio en la Iglesia, que contribuya a la mayor gloria de Dios y al bien más universal.</li>
<li>Si quieres pertenecer a una comunidad de amigos en el Señor que es al mismo tiempo religiosa, apostólica, sacerdotal y ligada al Romano Pontífice por vínculo especial de amor y de servicio.</li>
<li>Si quieres entregarte totalmente al servicio de la fe y a la promoción de la justicia, en comunión de vida, trabajo y sacrificio con los compañeros que se han congregado bajo la misma bandera de la cruz, en fidelidad al Vicario de Cristo, para construir un mundo al mismo tiempo más humano y más divino. <em>(Tomado del Decreto 2 de la Congregación 32)</em></li>
</ul>
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		<title>Lo que necesitas para seguir este camino</title>
		<link>https://jesuitascam.org/lo-que-necesitas-para-seguir-este-camino/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 Jan 2026 16:45:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Vocaciones]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Qué cualidades se requieren para ser jesuita? En primer lugar,...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué cualidades se requieren para ser jesuita? En primer lugar, ser una persona normal: capaz de amar, de reír y de llorar, de arriesgarse y de sentir el miedo del riesgo.</p>
<p>Más concretamente, el jesuita debe ser un hombre:</p>
<ul>
<li><strong>enamorado de Jesús</strong>, de fe profunda y suficientemente formada, capaz de un compromiso serio con la realidad,</li>
<li>con suficiente madurez afectiva y social; capaz de establecer relaciones profundas de amistad, capaz de tolerar frustraciones, de respetar la complejidad de la vida y de las personas, capaz de trabajar en colaboración con otros,</li>
<li>de una capacidad intelectual suficiente para desempeñar la difícil misión de la Compañía y para asimilar la larga preparación que esa misión exige.</li>
</ul>
<p>En contra de lo que muchos piensan, para ser jesuita no hace falta ser un «genio» ni un superdotado. Pero sí se requiere que la persona sea capaz de comprender la vida en profundidad, sin ingenuas simplificaciones,</p>
<p>de corazón grande, que no se contente con hacer «cosas buenas» sino que piense siempre en dar lo mejor, en responder a la mayor necesidad del momento, en buscar «lo que más conduce al fin para el que somos creados» (Meditación del Principio y Fundamento, de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio).</p>
<p>Esta dimensión del mayor servicio, del querer estar «en las encrucijadas», no responde a ningún delirio de grandeza por parte de los jesuitas, sino al carisma de San Ignacio que quiso una Compañía de Jesús ágil, dispuesta y bien formada para las misiones más difíciles y exigentes.</p>
<p>Es evidente que este carisma de la Compañía exige que los que quieran entrar en ella sean algo más que «buenagente». Requiere del jesuita bondad y cualidades humanas en un grado tal que le permitan vivir la complejidad de esta vocación.</p>
<p>Estos son los jesuitas que necesita hoy el mundo y la Iglesia. Hombres impulsados por el amor de Cristo, que sirvan a sus hermanos sin distinción de razas o clases. Hombres que sepan identificarse con los que sufren, vivir con ellos, hasta dar la vida en su ayuda.</p>
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		<title>Sacerdotes y Hermanos, una misma vocación jesuita</title>
		<link>https://jesuitascam.org/sacerdotes-y-hermanos-una-misma-vocacion-jesuita/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[occam]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 Jan 2026 16:44:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Vocaciones]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La vocación en la Compañía de Jesús es una sola...</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La vocación en la Compañía de Jesús es una sola para todos sus miembros y es plenamente apostólica: ser jesuita es ser “enviado”. La misión que nos define es el compromiso en la lucha por la fe, la justicia y la reconciliación.</p>
<p>En esta única misión participan los jesuitas de dos maneras complementarias: como sacerdotes o como hermanos. No se trata de vocaciones distintas, sino de una misma llamada vivida de modos diversos.</p>
<p>Todos compartimos:</p>
<ul>
<li>una misma consagración a Dios según el carisma de san Ignacio;</li>
<li>una misma responsabilidad en la construcción de comunidades fraternas de vida y de trabajo;</li>
<li>una misma y exigente formación espiritual y humana.</li>
</ul>
<p>Los hermanos participan en todas las expresiones de la misión apostólica que no requieren la ordenación sacerdotal (CG 32, D. 2, n. 22). Su servicio se expresa, entre otros ámbitos, en:</p>
<ul>
<li>tareas de administración en colegios, parroquias y comunidades jesuitas;</li>
<li>enseñanza y acompañamiento en obras educativas;</li>
<li>pastoral parroquial: catequesis de adultos, formación de catequistas y animación de grupos;</li>
<li>servicios técnico-profesionales como contabilidad, mecánica, enfermería y otros.</li>
</ul>
<p>El mayor número de sacerdotes y la visibilidad de sus ministerios ha hecho que, en ocasiones, el servicio indispensable de los hermanos quede en segundo plano. Sin embargo, su aportación ha sido y sigue siendo fundamental, tanto en responsabilidades de gran alcance —como la administración provincial o la docencia— como en servicios sencillos y cotidianos que sostienen la vida y la misión.</p>
<p>Por su parte, el ministerio sacerdotal en la Compañía ha asumido diversas formas a lo largo de la historia, desde los ministerios propiamente sacerdotales —predicación, sacramentos, acompañamiento espiritual— hasta tareas apostólicas en campos como la educación, la investigación, la medicina, la diplomacia o el mundo del trabajo.</p>
<p>“. La movilidad propia de la universalidad apostólica, la multiplicidad de los ministerios pastorales y, en definitiva, la necesidad de ayuda para realizar la misión, llevaron a San Ignacio a recibir en el Cuerpo de la Compañía una diversidad de miembros».</p>
<p>«Los hermanos, al igual que los presbíteros, se integran en la Compañía en razón de la única y común llamada del Señor a seguirlo en la radicalidad evangélica de la vida religiosa. Una común llamada que comporta, sin embargo, una diversidad de dones. La vocación a la vida religiosa es distinta de la vocación al sacerdocio. &#8216;Podríamos decir, por tanto, que el Hermano encarna la vida religiosa en su esencia y puede por lo mismo ilustrarla con claridad particular'»</p>
<p>(C.G. 34, Decreto «El Jesuita Hermano» Nº3 y 6).</p>
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