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Nuestra Provincia no sería lo que hoy es sin la importancia de los primeros pasos. En estas líneas, Luis Palma, S.J., jesuita en formación, recuerda cómo el encuentro con los compañeros en formación despertó y fortaleció su propia llamada, y celebra que, cincuenta años después del nacimiento de la Provincia Centroamericana, nuevas generaciones sigan respondiendo con alegría al llamado de servir. Te invitamos a leer este testimonio de gratitud, fraternidad y esperanza.

De no ser por los jesuitas en formación de Centroamérica, es muy probable que mi camino vocacional en la Compañía de Jesús hubiese tomado otro rumbo. Yo conocí a los jesuitas en la Universidad Centroamericana (UCA) de Managua, allá por 2011. Entonces, yo estudiaba Comunicación Social, y los novicios y escolares jesuitas de Centroamérica tomaban clases de filosofía en esta Universidad. 

A mis 17 años de edad, quedé impresionado por el testimonio de aquel grupo de compañeros de las distintas naciones centroamericanas. ¿Qué fue lo que me impresionó? No su gran conocimiento de diversos temas, que de por sí tenían mucho; ni su incansable pasión por vivir el lema de “en todo amar y servir”, que de por sí lo encarnaban con bastante fidelidad. Más allá de todo esto, lo que más me impresionó fue la naturaleza sencilla y alegre de aquellos compañeros. 

Recuerdo con mucho aprecio a Erick García, quien entonces era novicio de segundo año. ¡El famoso Patojo! A pesar de que él me doblaba la edad, su transparente manera de ser me inspiraba mucha confianza y cercanía. En aquel primer año de mi carrera, el Patojo me animó a participar en las actividades de voluntariado de la UCA, disfrutar del tiempo compartido con mis amistades y a encontrar a Dios en los rincones más inexplorados de mi corazón. 

Justo a la edad que yo tenía, y con los sueños que dormían en mi interior, fue bastante significativo encontrarme con este grupo de jesuitas que se habían comprometido con anunciar la Buena Nueva y colaborar en el Reino de Dios. De alguna misteriosa manera, desde aquel entonces yo empecé a sentir un vínculo de hermandad con los jesuitas en formación en Centroamérica. 

Acompañado entre mis hermanos

Y hoy, tras muchos años de mi primer encuentro con los jesuitas, soy yo el que actualmente se encuentra en formación y probación en la Compañía de Jesús. Profesé mis votos perpetuos hace cinco años. Sin embargo, aunque el tiempo ha pasado y yo he dejado de ser aquel chavalo de 17 años, yo sigo sintiendo mucha admiración por los jesuitas de formación de Centroamérica. 

En este 50 aniversario de la Provincia, me siento enormemente feliz y orgulloso de compartir mi vocación con mis hermanos en formación. Si bien hoy me encuentro físicamente lejos de ellos, esta misma distancia ha ayudado a que aumente mi estima y admiración por cada uno de ellos.  

Pienso en mis compañeros novicios, quienes en República Dominicana están cultivando su cercanía con el Señor y estudian los fundamentos de nuestro modo de proceder. Además, siento mucha admiración por los estudios en filosofía que están realizando mis compañeros en El Salvador, México y República Dominicana. Igualmente, me acuerdo de los jesuitas centroamericanos que estudian teología en El Salvador, Colombia, Brasil, Estados Unidos, España, Francia e Italia. 

También he de decir que en estos tiempos en que realizo mi magisterio en Estados Unidos, me siento fuertemente hermandado con mis compañeros que realizan su magisterio u otra misión apostólica en Centroamérica. Ellos colaborando en escuelas, parroquias, proyectos sociales y el cuidado de nuestras comunidades. Cada día Dios nos regala una valiosa oportunidad para vivir con alegría y sencillez nuestra vocación, sin olvidarnos de que el Señor Jesús es el centro de nuestra Compañía. 

La alegría de nuestros primeros pasos

Nuestra Provincia no sería lo que hoy es sin la importancia de los primeros pasos. Dios ha tomado el entusiasmo de los compañeros que se inician para orientar nuestra mirada e indicarnos su misión. Hace décadas, a nuestra Provincia llegaron compañeros en formación de España con el ímpetu invaluable encontrar al Señor en los pequeños detalles de la vida. Hace cosa de un siglo, compañeros como el Beato Padre Pro realizaron su formación en Centroamérica con la disposición de elevar nuestra voz a Cristo, el Rey de los más pequeños. 

A lo largo de décadas, los jesuitas centroamericanos hemos sido formados gracias a las enseñanzas de nuestro Maestro Jesús y la compañía del pueblo de Dios. Y hoy, mis compañeros y yo deseamos seguir atendiendo esa invitación que le prometimos al Señor al profesar nuestros votos: confiar en el amor infinito de Dios y atender nuestro deseo de servirle en castidad, pobreza y obediencia.