Durante dos días, decenas de jóvenes provenientes de distintas obras de la Compañía de Jesús en Honduras se reunieron en Yoro para vivir una experiencia que ellos mismos describen como un espacio de “encuentro con un Dios amigo” y de “reconexión”.
El Campamento RJI Honduras 2026, realizado del 14 al 15 de marzo, convocó a jóvenes de las parroquias San Ignacio de Progreso, San Isidro Labrador de Tocoa, Santiago Apóstol de Yoro, así como de Fe y Alegría y del Instituto San José. El objetivo fue sencillo y profundo a la vez: compartir la vida y abrir preguntas sobre el propio futuro.
Desde el inicio, el ambiente apuntaba a algo más que la convivencia. Se cuidó generar un espacio donde la alegría y la profundidad pudieran encontrarse. Para muchos, fue ante todo “un compartir alegre”, pero también una experiencia que “nos deja con preguntas para analizarlas y ver qué podemos hacer en nuestro futuro”.

A lo largo del sábado, el itinerario propuso momentos que tocaron distintas dimensiones de la vida: emociones, relaciones, compromiso, sentido, gratitud. En pequeños grupos, los jóvenes compartieron quiénes son, qué aman y qué les cuesta. Y en ese intercambio sencillo comenzaron a surgir preguntas más hondas: “qué espera de mi vida Dios” y también “qué espero yo también de mi vida”.

Los espacios de silencio marcaron un punto clave. Las meditaciones no fueron un paréntesis, sino un verdadero lugar de encuentro interior: “Los momentos de meditación donde nos hacían reflexionar y pensar más sobre mí mismo y sobre los demás”. Para algunos, incluso, fue un aprendizaje inesperado: “aprender a cómo controlar el ruido interno”.
Más allá de las dinámicas, el sentido del encuentro fue claro. Como expresó Meidy Ramos, coordinadora de la RJI-HN: “el objetivo principal es vincularnos como jóvenes de las obras apostólicas de la Compañía de Jesús aquí en Honduras… es encontrarnos, compartir, conocernos y valorar y agradecer esa diversidad que nos une”.
La noche cultural, la pausa ignaciana y la oración fueron creando un clima distinto: creatividad, baile y alegría que, poco a poco, dieron paso a una escucha más profunda. El domingo, con la meditación al amanecer, el contacto con la naturaleza, el recorrido por la ciudad y la Eucaristía, la experiencia tomó un tono más contemplativo y orientado a la acción.

El campamento no buscó cerrar respuestas, sino abrir caminos. Sus propios objetivos lo expresan: generar un encuentro que ayude a reflexionar la vida y deje abierta la posibilidad de un seguimiento. En un mundo que empuja a decidir rápido, estos jóvenes eligieron algo distinto: detenerse.
Y quizá eso es lo más valioso que se llevan: no certezas inmediatas, sino una pregunta que sigue viva—¿qué voy a hacer con mi vida… y hacia dónde vale la pena entregarla?
