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En esta entrevista el P. Victoriano Castillo, S.J., conversa, a la luz de su experiencia de vida y misión acompañando a comunidades indígenas en Guatemala, sobre las convergencias de la espiritualidad de los pueblos originarios con la espiritualidad cristiana y de cómo este diálogo genera riqueza desde la diversidad, libre de prejuicios e imposiciones.

En las montañas de Totonicapán, en el altiplano guatemalteco, un sacerdote jesuita descubrió que su misión no consistía en enseñar, sino en aprender. Lo que comenzó como un intento de “inculturar” el Evangelio terminó por desmontar una certeza más profunda: Dios no llega con el misionero. Ya está allí.

“¿Es posible llevar el evangelio respetando e incorporando elementos ancestrales y culturales de la identidad maya?”, plantea el p. Victoriano Castillo, S.J, o Vico -como le llaman sus amigos- con décadas de vida compartida con comunidades indígenas. La pregunta no es retórica. En ella se juega una tensión histórica: evangelizar sin borrar, anunciar sin imponer, creer sin negar al otro.

P. Vico recuerda el momento en que esa tensión empezó a desplazarse. “La espiritualidad de los pueblos originarios no tiene nada que choque contra la espiritualidad cristiana”, afirma. En su experiencia, la búsqueda es común: “Nosotros buscamos al Dios vivo y verdadero… cosa que yo encontré también en los pueblos originarios”.

Lo que cambia no es el fondo, sino la forma de nombrarlo, de celebrarlo, de relacionarse con él. Durante años, el esfuerzo consistió en traducir el Evangelio a la cultura local. Después, el proceso se invirtió: permitir que esa cultura transformara también la comprensión cristiana. “No se trataba de solamente predicar el evangelio, sino de hacer que los valores de la cultura maya también entraran a enriquecer la espiritualidad”.

El giro es teológico y pastoral. Si el centro del mensaje de Jesús es el Reino de Dios, ese Reino no puede limitarse a un lenguaje, un rito o una tradición específica. “El reino de Dios está presente en todas las culturas… conozcan o no conozcan el evangelio”, sostiene Castillo.

Desde ahí, algunas prácticas habituales quedan en entredicho. La tendencia a “adaptar” lo indígena a moldes eclesiales aparece, en sus palabras, como insuficiente. El paso siguiente exige reconocer algo más radical: “no se trata… de ordenar ministros… sino reconocer que ellos ya tienen sus propios ministerios”.

Ese reconocimiento no es automático. Sobre él pesa una larga historia de sospecha. Ritual, cosmovisión, relación con la tierra: todo ha sido leído con frecuencia desde categorías externas. “La acusación… de que es satánico… yo lo diría… es ignorancia”, afirma, con una franqueza poco habitual en discursos institucionales.

El problema no es solo cultural, sino también espiritual. La fe, recuerda Castillo, no se agota en la lógica racional. “La razón me dice una cosa, pero la fe me dice otra”. Esa tensión atraviesa tanto la Eucaristía como los rituales indígenas. En ambos casos, lo visible no agota el significado.

De fondo, emerge una cuestión más incómoda: la capacidad de mirar al otro sin prejuicio. “Si no tengo… amor a la cultura de estos pueblos, creo que la voy a ver como satanismo”.

La experiencia en comunidades mayas deja, además, una interpelación que desborda lo religioso. Castillo subraya dos dimensiones que considera urgentes para el presente: “el sentido de comunidad… y la protección de la madre tierra”. Valores que, en su opinión, no solo enriquecen a quienes los viven, sino que ofrecen una orientación para una sociedad en crisis de vínculos y de horizonte ecológico.

No se trata de idealizar ni de romantizar. Tampoco de sustituir una tradición por otra. El desafío, más bien, consiste en aprender a reconocer lo que ya está vivo. A dejar de pensar la fe como una llegada y empezar a entenderla como un encuentro.

Ahí, en ese cruce, el Evangelio deja de ser un discurso que se lleva y se convierte en una presencia que se descubre.

Esta nota se ha elaborado a partir de una entrevista realizada por el Centro de Comunicación Claret GT. Invitamos a ver el material completo para profundizar en sus matices y testimonios. La publicación original puede consultarse aquí.