En el marco de los 50 años de constitución de la Provincia Centroamericana de la Compañía de Jesús, este texto reconstruye la huella viva de la misión educativa jesuita en la región: una historia tejida por colegios, educadores y generaciones de estudiantes que han hecho de la fe, la justicia y el servicio un camino compartido. Desde la memoria agradecida hasta la esperanza por el futuro, Olga León, coordinadora de ACOSICAM, nos invita a reconocer cómo el trabajo en red siguen transformando vidas y soñando nuevos horizontes para Centroamérica.
Por Olga León, coordinadora ACOSICAM
Cuando cumples cincuenta años hay sentimientos que se mueven dentro de ti. No sólo está la alegría y nostalgia por todo lo vivido, sino el anhelo por lo que viene… reconocer la experiencia ganada para que con hondura, alegría, paz y sentido puedan ser los años venideros. Este año celebramos con la Compañía de Jesús en Centroamérica un hito: sus 50 años como Provincia. Este tiempo no sólo representa la historia de una institución, sino también el testimonio del espíritu que nos guía en nuestra misión compartida de evangelización. Varios son los sectores apostólicos que ha aglutinado, yo lo he vivido desde la misión de los colegios, y puedo afirmar, que ha transformado mi vida.
La Asociación de Colegios Jesuitas en Centroamérica (ACOSICAM) se constituyó en 2003, sin embargo, los colegios ya manteníamos una comunicación previa a ello, compartimos nuestras experiencias y el sueño de brindar no sólo una educación de calidad, sino que atendiera a las necesidades personales y sociales de nuestra región. Atesoro en mi corazón los encuentros que el P. Luis Achaerandio organizaba para conocernos y crecer como educadores. ACOSICAM es una manifestación viva de esa herencia y compromiso con una educación transformadora. El director Académico Rolando Herrara, del Colegio Externado de San José, en El Salvador, lo manifiesta de esta manera:
“Al celebrar los 50 años de la Provincia Centroamericana de la Compañía de Jesús, expresamos nuestro agradecimiento por la entrega generosa de tantos jesuitas que han trabajado y dado su vida en estas tierras, especialmente en las décadas pasadas. Su presencia en parroquias, colegios y universidades, y su acompañamiento cercano a comunidades, catequistas, comunidades eclesiales de base y al pueblo sencillo en los países de la región, han sido signo vivo de fidelidad al Evangelio y a las orientaciones del Concilio Vaticano II, Medellín y Puebla, abrazando con convicción la opción preferencial por los pobres. Hoy, en un mundo marcado por la secularización, la fragmentación ideológica y los desafíos sociales que golpean a nuestros pueblos, reconocemos que la misión sigue siendo exigente y urgente. Desde el sector de los colegios, nos comprometemos a continuar educando en la fe que se hace justicia, formando jóvenes capaces de discernir críticamente, de vivir con esperanza y de transformar la realidad con solidaridad y creatividad”.
Las voces y rostros de los jesuitas que han servido a esta provincia han dejado huella indeleble en muchas personas. En Nicaragua, desde 1916 hay presencia educativa; nacido en Granada y trasladado luego a Managua, el Colegio Centroamérica, fundado por el P. Salvador Aguirre, desde el inicio estaba decidido a la causa de evangelizar por medio de la educación. Su hermano, el Instituto Loyola, nace en 1946, siendo el padre Atucha el primer director. En 1971 es inaugurado el nuevo edificio durante las festividades de San Ignacio bajo la dirección del P. Roque Iriarte.
Le sigue el colegio Javier de Panamá que en 1948 abre sus puertas en el hoy conocido casco viejo de la ciudad capital, en 2010 se traslada a Clayton, en las orillas del Canal de Panamá. En 1952 en Guatemala nace el Liceo Javier, fundado por el P. Jorge Toruño Lizarralde, S.J. Su hermano, el Colegio Loyola, se inaugura el 2 de febrero del año 1958 por el P. Isidro Iriarte S.J.. Estas instituciones, han sido pilares en la construcción de una educación que busca no solo el conocimiento, sino también el servicio y la justicia. El Instituto San José en Honduras, fundado en 1954, fue uno de los primeros pasos en la senda de educar a los jóvenes del interior del país, ubicándose en la provincia de El Progreso. El Externado San José de San Salvador, establecido en 1921, se convirtió en un bastión de formación para jóvenes salvadoreños.
Cada una de estas instituciones ha sido escenario de encuentros, aprendizajes y transformaciones. Generaciones de estudiantes que han aportado a la sociedad, y también, generaciones de educadores que se han unido a la misión jesuita. Claudia Reyes, Directora del Instituto Loyola de Nicaragua comenta: “Es una satisfacción plena el poder celebrar estos 50 años de la Provincia de la Compañía de Jesús, desde mi liderazgo como directora, asumiendo este compromiso con mucha fe, esperanza y entusiasmo, elementos de los cuales he sujetado mis pilares y principios, que gracias a la Compañía de Jesús he adquirido en mis años de experiencia, mi agradecimiento y admiración para todos los que han luchado porque esta misión tan hermosa siga firme y extendiendo sus lazos fraternos hacia las distintas obras”.
Sabemos que la vida en nuestros colegios no es solo formación académica; es un viaje en el que cultivamos valores, fomentamos la solidaridad y construimos comunidades más justas. El intercambio de experiencias, conocimientos e innovaciones entre nuestros siete centros educativos no solo enriquece nuestro proceso, sino que también fortalece nuestra identidad como colegios Jesuitas. Por eso, el Padre Julio Moreira dice algo que se repite en el Liceo Javier en Guatemala pero que se puede aplicar a todos los colegios jesuitas: “Somos un centro de evangelización en plataforma educativa.” Todos sabemos que es un espacio donde cada voz importa, donde cada experiencia cuenta.
Hoy, ACOSICAM vive en el presente con un firme compromiso social. Nuestra visión es clara: ser una red educativa creativa e innovadora que potencie la educación ignaciana mediante un proyecto común. Nos esforzamos por vincular nuestro trabajo a nivel académico, pastoral, de gestión, y de formación, buscando siempre tener un impacto significativo en la realidad nacional y regional. Frente a esto la directora Claudia Hernández, del Colegio Loyola Guatemala, resalta: “como fin primordial acompañar a los niños y jóvenes en su formación integral, en el desarrollo de sus capacidades académicas y humanas, propiciando su maduración personal y en valores, en su compromiso de fe, y cultivando un liderazgo generacional, que les convierta a ser personas impulsadas hacia el servicio a los demás desde el modelo de Jesús”.
El futuro también nos presenta desafíos que requieren nuestra mayor atención y creatividad. En un contexto marcado por la inestabilidad política, la desigualdad y la injusticia social, debemos comprometernos para que la educación formal en nuestras aulas incida aún más en la persona. Como educadores, tenemos el poder de formar agentes de cambio, capaces de transformar estas adversidades en oportunidades.
Nuestro horizonte de esperanza nos lleva a transformar nuestros currículos para que porten la misión y reflejen el “Humanismo Ignaciano”. Además, adaptar nuestras metodologías y prácticas para que nuestra educación sea no solo un proceso de aprendizaje, sino también una acción concreta que responda a las necesidades de cada estudiante y de la comunidad. La formación en valores y la promoción de un liderazgo ético deben ser centrales en nuestra labor.
La Provincia no es una persona, pero si un organismo vivo que al celebrar estos 50 años debe continuar este viaje con espíritu renovado y una profunda confianza en el camino que hemos de transitar: ver el pasado y soñar con el futuro. Que cada uno de nosotros se sienta parte de esta historia compartida, que vivamos el espíritu del trabajo en red, sintiendo la motivación de seguir trabajando juntos, con coraje y esperanza. Cada paso que hemos dado es parte de un diseño mayor que el Espíritu ha ido tejiendo en nuestra misión educativa.
