Skip to main content

Cada 16 de julio, la Iglesia celebra la memoria de la Virgen del Carmen. Desde Centroamérica, nos unimos a esta conmemoración haciendo un repaso por la historia de la Parroquia El Carmen, en El Salvador, desde la mirada de su párroco: P. José María Tojeira, S.J.

 

Celebramos la memoria de la Virgen del Carmen -también, Nuestra Señora del Carmen o Santa María del Monte Carmelo- los 16 de julio para recordar aquel día de 1521 cuando San Simón Stock, superior de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo, recibiría la visita de la Virgen María mientras él se encontraba en oración por sus hermanos carmelitas que padecían persecución. Luego de entregarle el escapulario carmelita, signo de máxima devoción a esta advocación, la Virgen prometió salvación para toda persona que lo vistiera y que mostrara estar en gracia de Dios.

Lea más: Historia y Devoción en el Corazón de Santa Tecla: La Parroquia El Carmen

En El Salvador, Centroamérica, encontramos la Parroquia El Carmen, que forma parte de las obras de Compañía de Jesús en este territorio. Su historia guarda un testimonio de devoción y resiliencia para la religión y la cultura de El Salvador. Fundada en 1855, la parroquia se encuentra bajo la administración de los jesuitas desde enero de 1916: más de 100 años. Hoy en día, continúa fomentando un enfoque de espiritualidad ignaciana y promoviendo el servicio y la justicia social desde su compromiso de crear comunidades acogedoras que fomenten un sentido de pertenencia y apoyo mutuo.

A continuación, adjuntamos un escrito de P. José María Tojeira, S.J., párroco de la iglesia, en el que reflexiona sobre su historia, la vida parroquial, la reconstrucción de la misma luego de los daños del terremoto de 2001 y la devoción a Nuestra Señora del Carmen que hoy, 16 de julio, nos recuerda la importancia de la tarea de amar como su Hijo nos ha amado.

 

16 de julio, fiesta de la Virgen de El Carmen

La parroquia de El Carmen de Santa Tecla comenzó siendo un santuario. Un coronel herido en una de las batallas del siglo XIX le ofreció a la Virgen construirle un santuario en su honor si se curaba de sus heridas. Curado el coronel, la obra comenzó antes de que el siglo terminara. Con paredes gruesas de calicanto y fachada de estilo colonial ya iniciada, la moda del neogótico llegó a El Salvador. Un arquitecto de apellido Jerez tomó el control de la construcción y cubrió con una esbelta y elegante arquitectura gótica la adusta fachada de ladrillo y mampostería. La Iglesia creció en altura y el gótico le dio la agilidad de este tipo de construcciones, con dos naves laterales y un amplio crucero. Todo en madera y prácticamente sin clavos. Una perfecta técnica de machimbre, que todavía hoy asombra a los arquitectos, mantuvo en perfecto equilibrio la nave central frente a terremotos y tormentas. Cien años de vida convirtieron a la Iglesia en un símbolo de lo que quiere ser la ciudad de Tecla. Ciudad de cultura llena de colegios, ciudad de descanso familiar, ciudad de emprendedores que llenan los fines de semana el Paseo de El Carmen con delicias y alegría familiar.

 

La Virgen de El Carmen ha sido vista desde la Edad Media como una intercesora eficaz que nos acerca siempre a la salvación que su Hijo nos da. La tradición del escapulario está llena de promesas liberadoras. En muchos cuadros y bajorrelieves de iglesias antiguas se la muestra liberando de las llamas y del dolor a quienes se purifican antes de acceder a aquel lugar donde Dios es todo en todas las cosas. Los hombres de la mar, que antiguamente abrían horizontes sin que la muerte fuera un obstáculo para sus sueños, la veneraban en medio de las tormentas. Hoy continúa iluminándonos con la ternura de una madre siempre dispuesta a proteger y a ponernos con su Hijo. La devoción popular no miente y el cariño que despierta da vida a esta iglesia que en honor a ella queremos restaurar.

 

A principios de mayo recibimos el permiso para restaurar la Iglesia de parte del Ministerio de Cultura. Aunque esperamos todavía algunas sugerencia e ideas de los arquitectos, la suerte está echada, como decían los romanos, y habrá que comenzar por los muros de calicanto, con mucho lo más colapsado de la Iglesia. Durante muchos años la gente de la parroquia ha sido generosa con las obras de mantenimiento y con las estructuras provisionales de la parroquia. Las gráciles y elegantes torres apuntando hacia el azul del cielo nos invitan a conservar la tradición del devoto afecto a nuestra madre María. Cuando este año celebramos una vez más su fiesta, ponemos nuestra esperanza en esa ternura salvadora que su imagen muestra. Estrella de la mañana y madre de todos nosotros, nos orienta y nos impulsa en la tarea de amar como su Hijo nos ha amado. Festejar a la Virgen de El Carmen el 16 de Julio es celebrar la alegría de sabernos acompañados en el camino por la ternura de quien llevó al Señor en su seno y a cuyos pechos floreció esa Vida que es para nosotros verdad y camino.

P. José María Tojeira, S.J.