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Los Ejercicios Espirituales son el corazón de la espiritualidad ignaciana y el punto de partida de la vocación jesuita. Ignacio de Loyola los entendía como un entrenamiento interior: así como el cuerpo necesita ejercitarse, la persona necesita ordenar su vida interior para buscar y encontrar la voluntad de Dios.

No son un libro de devociones ni solo un conjunto de oraciones, sino una experiencia guiada de discernimiento. A través de la oración, el silencio y el acompañamiento, los Ejercicios ayudan a descubrir cómo Dios habla en la propia historia y llama a una forma concreta de vivir y servir.

Los Ejercicios nacen de la experiencia personal de Ignacio y recogen su aprendizaje al escuchar lo que sucedía en su interior y en la realidad que lo rodeaba. Por eso, no se comprenden solo leyéndolos: hay que vivirlos como un camino que implica a toda la persona.

La experiencia se estructura en cuatro “semanas”, precedidas por el Principio y Fundamento, que orienta la vida hacia el amor, el servicio y la libertad interior:

  • Primera semana: invita a mirar la propia vida con verdad, reconocer límites y fragilidades, y acoger la misericordia de Dios que reconcilia y renueva.
  • Segunda semana: centra la mirada en la vida de Jesús y en su llamada a seguirlo. Aquí se va aclarando el modo concreto de vivir según su estilo y su causa.
  • Tercera semana: conduce a acompañar a Jesús en su pasión, aprendiendo a permanecer fieles en medio del dolor y del sufrimiento del mundo.
  • Cuarta semana: culmina en la experiencia de la resurrección, despertando una fe marcada por la alegría, la esperanza y el envío a la misión.

Para quienes se sienten llamados a la Compañía de Jesús, los Ejercicios son más que una experiencia espiritual: son el camino para discernir la vocación apostólica. En ellos se aprende a escuchar a Dios que llama desde la realidad, a identificarse con Jesús pobre y humilde, y a disponerse a ser enviado allí donde haya mayor necesidad.

Así, la vocación jesuita nace del deseo de seguir a Jesús más de cerca, vivir en comunidad y ponerse al servicio de la fe y de la justicia, buscando y hallando a Dios en todas las cosas.