A 36 años de su martirio, el pensamiento de Ignacio Ellacuría vuelve a ponerse en el centro del debate académico regional. Universidades de distintos países revisan sus aportes para repensar el papel de la educación superior ante las crisis actuales. Este año, el Foro del Pensamiento Centroamericano, organizado por el CIMSUR–UNAM, dedicó sus jornadas al tema “El papel de la Universidad en América Latina y la filosofía de la liberación”, confirmando que las ideas del filósofo y teólogo jesuita siguen siendo clave para comprender y transformar la realidad latinoamericana.
El pensamiento de Ignacio Ellacuría continúa convocando a la reflexión y diálogo para la revisión y actualización. Diversas universidades de la región dedican jornadas y espacios para volver sobre sus aportes filosóficos, teológicos y sociales.
Este año, el Foro del Pensamiento Centroamericano, organizado anualmente por el Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur (CIMSUR) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dedicó cuatro jornadas a reflexionar sobre el pensamiento de Ignacio Ellacuría. Bajo el título “El papel de la Universidad en América Latina y la filosofía de la liberación”, el foro —realizado los días 30 y 31 de octubre— reunió a académicas y académicos de los departamentos de Filosofía, Teología, Sociología y Ciencias Políticas, quienes dialogaron en torno a los aportes filosóficos, teológicos y sociológicos del pensamiento ellacuriano.
En la jornada participaron académicas y académicos de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), de El Salvador; la Pontificia Universidad Javeriana, de Colombia; y la Universidad IBERO, de México, las tres integrantes de la Asociación de Universidades Confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina (AUSJAL). También se sumó la Universidad Don Bosco, de El Salvador.
A 36 años del martirio de Ellacuría y sus compañeros, estos espacios resultan especialmente valiosos: “su pensamiento y legado siguen vivos porque todavía tienen mucho que decirnos”, señaló Marcela Brito, académica del Departamento de Filosofía de la UCA que participó en las ponencias:
«El contexto en el cual Ellacuría pensó en estos problemas, lamentablemente, sigue siendo el nuestro, solo que ahora estamos traspasados por procesos de globalización y una explosión tecnológica que, aunque él no alcanzó a verla, sí que la anticipó de alguna manera. Por eso su obra sigue teniendo impacto en la actualidad», reflexionó Brito.
En esta misma línea, el Departamento de Teología y el Departamento de Filosofía de la UCA, y la Cátedra Latinoamericana Ignacio Ellacuría de la universidad desarrollan también las Jornadas Ignacio Ellacuría, espacios que se celebran en noviembre de cada año y que se dedican al análisis filosófico del mundo actual y la realidad nacional, así como el debate con la filosofía contemporánea desde el enfoque crítico de Ignacio Ellacuría.
Las Jornadas para este año llevan por título «Martirio, utopía y esperanza: la filosofía y la teología a los 60 años de la UCA». La finalidad de estas, explica Marcela Brito, es «actualizar el legado filosófico y teológico de Ellacuría, no para repetirlo, sino para ponerlo a producir».
En este sentido, las jornadas proponen preguntas como ¿qué tienen que decirnos ahora conceptos tales como “utopía”, “pueblos crucificados” o “civilización de la pobreza”? ¿Cómo actualizan el pensamiento de Ignacio Ellacuría otras disciplinas humanísticas, tales como la historia o la sociología? ¿Qué representa el martirio, para la UCA y para El Salvador, hoy.
«Repensar la realidad desde estos conceptos también permite repensarnos como institución, como Departamentos y como académicas y académicos; darnos aliento, mirar con compasión a las grandes mayorías que sufren, pero, sobre todo, invitarlos a ser protagonistas de su propio destino», señaló Brito al respecto.
A través de estos espacios, que se realizan en construcción comunitaria entre universidades de la región, el legado de Ellacuría continúa interpelando la educación y el pensamiento académico en la región. En su figura, las comunidades académicas encuentran no solo una herencia intelectual, sino una invitación constante a pensar con profundidad, actuar con esperanza y mantener viva la memoria de quienes entregaron su vida por la verdad y por los pueblos de América Latina. Todo esto desde la colaboración y la comunidad.
