En el contexto global actual marcado por tensiones y discursos que invocan a Dios para justificar la violencia, P. Jorge Sarsaneda, S.J., cuestiona en esta reflexión el uso de la fe como instrumento de poder. A la luz del llamado del papa León XIV a una paz “desarmada y desarmante”, el texto interpela a creyentes y comunidades a vivir una fe coherente con el Evangelio.
“Misericordia quiero, no sacrificios”
J. Sarsaneda del Cid / Jueves 23 de abril de 2026
En las últimas semanas, hemos sido testigos de acciones ingentes por parte de los EE.UU. e Israel, por quebrantar aún más la paz en el mundo. Hay que decirlo con todas las palabras: los señores Trump y Netanyahu -al parecer- quieren destruir el único mundo que tenemos. Con sus acciones bélicas nos están haciendo caminar sobre una “cuerda floja” desde la cual es muy fácil irnos al despeñadero.
Pero eso no es lo peor. Uno y otro “jefes” de gobierno utilizan la religión y a Dios (¡!) como su justificación para acciones tan execrables. Por eso se entiende que, cuando el Papa León XIV habla alto y claro sobre la urgencia de la paz, a ellos les moleste. No sólo eso, Trump se ha burlado del Papa y le ha caído media humanidad encima por esas estupideces. El Papa ha dicho que no le va a responder directamente a esas tonterías.
Desde que inició su pontificado dijo claramente: La paz que les deseo es “la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante”. Y, en el mensaje del 1 de enero de este año reafirmó: “Antes de ser una meta, la paz es una presencia y un camino. Es un principio que guía y determina nuestras decisiones”.
Y, como adivinara lo que iban a hacer los señores Trump-Netanyahu, dijo: “Forma parte del panorama contemporáneo arrastrar las palabras de la fe al combate político y justificar religiosamente la violencia y la lucha armada. Los creyentes deben desmentir activamente, sobre todo con la vida, esas formas de blasfemia que opacan el Santo Nombre de Dios”.
Y remachó en Camerún, hace poco: “¡Ay de quienes doblegan las religiones y el mismo nombre de Dios a sus propios intereses militares, económicos o políticos, arrastrando lo que es santo hacia lo más sucio y tenebroso!”.
¿Esto lo hablamos en las iglesias, en las escuelas, en las casas?
*Este texto fue publicado inicialmente en el sitio web de la Pastoral Social Cáritas Panamá. Esta versión está disponible aquí.
