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El legado de San Pedro Claver, cinco siglos después, nos interpela con más fuerza. Su vocación lo llevó a entregarse a los más excluidos de su tiempo: las personas esclavizadas. San Pedro Claver nos recuerda que en cada persona brilla el rostro de Cristo, y su vida nos desafía, hoy, a vivir una fe activa que construya caminos de justicia y libertad.

San Pedro Claver, en la actualidad, sería considerado como un verdadero defensor de los derechos humanos: esta fue su misión en un contexto en el que el concepto ni siquiera existía. El “esclavo de los esclavos”, como escribió en el acta de sus votos perpetuos, llegó a Cartagena de Indias, en Colombia, como misionero jesuita y se convirtió en el protector de la población negra esclavizada que, en el siglo XVI, sufría destinos inhumanos a causa del trabajo forzado en el sur y otras regiones de América.

Cada 9 de septiembre, como Iglesia recordamos el testimonio y legado de este santo jesuita que supo convertir en vida y acción el Evangelio: Pedro se consagró a las personas esclavizadas porque aprendió a ver a Cristo en cada uno de ellas y ellos.

Nacido en Verdú, España, en 1580, Pedro Claver ingresó en la Compañía de Jesús con 19 años de edad. Fue enviado como misionero a Nueva Granada (hoy República de Colombia) y ahí conocería el que sería su apostolado por el resto de su vida: la defensa y la entrega a personas negras esclavizadas.

Mientras estas personas esperaban su amargo destino en Cartagena de Indias, Claver los atendía, en especial a los que llegaban enfermos, hambrientos o heridos. Llegó incluso a organizarse almacenando provisiones que él mismo recaudaba para los que llegarían luego. Esta entrega, que también incluía a poblaciones indígenas, le valió la enemistad con las autoridades españolas y la desaprobación de allegados y superiores. Esto, sin embargo, no lo detuvo: Claver continuó con su misión hasta el final de sus días: el 9 de septiembre de 1654, después de haber pasado sus últimos años casi en el olvido, muy enfermo, partió a la casa del Padre dejando atrás un legado que permanece vivo hasta nuestros días.

La vocación de San Pedro Claver nos interpela hoy, cinco siglos después, porque dialoga con las constantes violaciones a los derechos humanos que sufren los más excluidos en nuestras sociedades. Mantener vivo su legado es, hoy más que nunca, urgente: mientras existan esclavitudes modernas y pueblos condenados al olvido, nuestra fe está llamada a convertirse en compromiso y defensa de la dignidad humana, viendo el rostro de Cristo entre los más necesitados.