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En el marco de la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, hacemos un recorrido histórico por la misión de la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes Montes de Oca en Costa Rica: una comunidad pastoral que hace de la fraternidad, el servicio y la espiritualidad ignaciana el sello vivo de su misión entre las y los fieles.

Por Ana Lorena Rojas – Oficina Provincial de Comunicación

Celebrar a Nuestra Señora de Lourdes, santa patrona de la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes Montes de Oca en Costa Rica, es celebrar el paso de Dios y el rostro humano de esta comunidad que camina con esperanza en tiempos de cambio.

La historia de la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes es un testimonio de fe y reconstrucción comunitaria. El camino inició el 2 de enero de 1912 en la localidad de «El Cas», con la construcción de una humilde ermita de madera. Apenas un mes después, el 11 de febrero de ese mismo año, se celebró la primera fiesta patronal, cimentando una devoción que se convertiría en el corazón del barrio y en un símbolo de identidad para sus habitantes.

Sin embargo, la fe de los fieles fue probada por el fuego el 21 de marzo de 1951, cuando un incendio consumió el templo original en pocos minutos. La respuesta de la comunidad fue inmediata y ejemplar: esa misma noche se organizó un comité de reconstrucción que, tras años de esfuerzo conjunto y la generosidad de las familias locales, logró la consagración del nuevo templo de piedra en 1954, coincidiendo con el centenario del dogma de la Inmaculada Concepción.

Con el regreso de la Compañía de Jesús a Costa Rica y la institución oficial de la parroquia el 11 de febrero de 1969, la misión adquirió una nueva dimensión bajo la espiritualidad ignaciana. La evangelización se tornó integral, impulsando obras que transformaron el entorno; en su momento, fue fundamental la creación y dirección por parte del Jesusita P. Franz Tattenbaach del Instituto Costarricense de Enseñanza Radiofónica (ICER), así como el impulso a centros educativos y la fundación del Hogar de Ancianos de Montes de Oca en 1980.

En la actualidad, ese legado histórico se traduce en un presente vibrante que busca responder a los desafíos de una «Iglesia en salida», como nos exhortó el Papa Francisco. La vida en la parroquia se extiende con fuerza a través de sus filiales: San Ignacio de Loyola en Vargas Araya-Monterrey, Santa Rita de Casia en Cedros de Montes de Oca y Nuestra Señora de la Paz en Granadilla Norte de Curridabat, manifestándose en pilares fundamentales:

Solidaridad en Acción: La Pastoral Social de nuestra parroquia es un brazo extendido que busca de restaurar la dignidad humana. En las cuatro sedes de la parroquia se mantiene el apoyo alimentario mensual a familias en condición de vulnerabilidad. Esta labor se profundiza en María el Centro de Formación Madre de los Pobres, un espacio dedicado a la capacitación integral de jóvenes y familias. Allí, además de los talleres de manualidades, se ofrecen herramientas clave para el crecimiento personal y profesional, tales como charlas de emprendimiento, servicios de apoyo psicológico entre otras, abriendo así nuevas oportunidades de superación.

Formación e Identidad: Cultivando el Espíritu. La comunidad se nutre y crece a través de una sólida estructura de formación que incluye Escuelas de Formación, Jornadas de Reflexión y Retiros de preparación para los tiempos fuertes de Cuaresma y Adviento. Siguiendo las enseñanzas del Papa Francisco en sus encíclicas, buscamos que cada proceso formativo nos lleve a una conversión del corazón que se traduzca en fraternidad y servicio.

Misión en el Mundo Actual: El Altar en la Pantalla. Como pioneros en el país, nuestra parroquia ha sabido habitar el mundo de las tecnologías para que la distancia no sea un obstáculo para la fe. Durante los tiempos de pandemia, esta labor fue crucial: mientras el mundo se detenía, la comunidad permaneció unida a través de la pantalla. Un equipo comprometido garantizó que la Santa Misa y la Hora Santa llegaran a los hogares, sosteniendo la esperanza en momentos de incertidumbre. Hoy, esta misión continúa mediante el boletín digital del Evangelio Diario, podcasts de formación y el aprovechamiento de herramientas de comunicación que sirven como puente para el acompañamiento de los «alejados», ya sea por razones de salud o por sus jornadas laborales.

En las oficinas, en las aulas o en la intimidad del hogar, el mensaje de Lourdes —oración y conversión— se hace vida en el servicio de cada fiel. La Virgen de Lourdes nos invita a seguir siendo canales de esa agua viva que sana y reconforta, renovando nuestro compromiso de ser una parroquia acogedora, activa y profundamente fraterna, siempre al servicio del Reino de Dios.