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En una Centroamérica como la nuestra, marcada por diversas heridas y conflictos, el Principio y Fundamento de San Ignacio nos recuerda que fuimos creados para amar y servir a Dios en libertad. Todo lo demás solo tiene sentido, entonces, si nos acerca a ese fin. Encomendemos a nuestro fundador claridad y valentía para servirle con amor y libertad desde nuestro territorio.

 

Invocación inicial: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Reflexión: El principio y fundamento de toda persona

Para Ignacio el ser humano fue creado para alabar, reverenciar y servir a Dios, y así alcanzar la plenitud de su vida. Todo lo demás en el mundo tiene valor en la medida en que nos ayuda a cumplir ese fin. Por eso, Ignacio propone vivir con libertad interior (indiferencia), eligiendo no lo que más nos gusta, sino lo que más nos conduce al amor y al servicio de Dios.

Meditación desde la realidad centroamericana

En una Centroamérica marcada por la corrupción, la violencia, la desigualdad y la migración forzada, el Principio y Fundamento de san Ignacio nos recuerda que fuimos creados para amar y servir a Dios en libertad, y que todo lo demás —poder, riqueza, éxito o sufrimiento— solo tiene sentido si nos acerca a ese fin. Vivir esta misión hoy es optar por la dignidad humana, resistir al autoritarismo, cuidar la creación, acompañar a los descartados y elegir, en medio de la herida, lo que más conduce al amor, la justicia y la vida.

Oración personal y comunitaria

¿Cómo reconocemos la gloria de Dios en los dones que ya hemos recibido en esta Centroamérica: su gente, su tierra, su fe? ¿Qué cosas nos impiden hoy elegir lo que más nos acerca a Dios y al servicio de los más vulnerables? ¿Cómo, desde esta realidad marcada por la violencia, la corrupción y la migración forzada, optamos juntos por la vida y el bien común?

Oración final

Señor, gracias por los dones que nos has dado en esta tierra, y perdón por las heridas que dificultan elegirte. Concédenos, por intercesión de san Ignacio, claridad para ver tu horizonte y valentía para caminar juntos, sirviéndote con libertad y amor.

 

San Ignacio de Loyola, ruega por nosotros.

Padre Nuestro… Ave María… Gloria.

Amén.