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Tres jesuitas en formación de Centroamérica concluyeron el Mes Arrupe 2025 – 2026, experiencia de discernimiento sobre la ordenación sacerdotal clave en esta etapa. Hoy, a la luz de lo vivido, reflexionan sobre este período, las expectativas que llevaban, las realidades con las que se encontraron, las perspectivas del ministerio en la Iglesia y cómo queda el corazón luego de este Mes.

Joel Hernández, S.J., Benjamín Sánchez, S.J., y Rosa Ademir Arévalo, S.J., tres jesuitas en formación centroamericanos, concluyeron la experiencia de discernimiento vocacional que la Compañía de Jesús propone a escolares próximos a la ordenación: el Mes Arrupe en su edición 2025 – 2026.

A la luz de este mes de talleres, Ejercicios Espirituales, diálogo y caminar compartido con las comunidades y con compañeros de ¿Latinoamérica y otras regiones del mundo, Joel, Benjamín y Ademir recogen hoy sus reflexiones más sinceras sobre qué significa el Mes Arrupe en la vida de un jesuita a la luz del ministerio en la Iglesia, el servicio a los demás, la vida en comunidad y la vocación misma.

Sabemos ya qué es el Mes Arrupe, pero, ¿Qué significa en particular para vos?

Joel: Considero que es un tiempo de gracia, en el que la gratitud brota al reconocer la huella de Dios y el paso de tantas personas que han configurado nuestro camino de formación. También creo que es una experiencia que nos permite poner nuestra vida y nuestra historia delante de Él como ofrenda para el ministerio, abrazando con humildad nuestra fragilidad y reconociendo la bondad y la belleza que Dios nos confía para ser compartidas con su pueblo.

Benjamín: Un tiempo privilegiado para hacer una síntesis de este recorrido en la Compañía. Es ponerle rostro concreto a esta vocación que ha ido tratando de dar respuesta a esta vivencia sacerdotal a la que he sido invitado por Dios mismo. Es ver dónde he puesto mi corazón y mis deseos en este proyecto de vida, de la construcción del Reino al que Dios me ha invitado a lo largo de este tiempo.

Ademir: Para mí, este mes Arrupe ha sido un momento para reflexionar sobre el sentido del sacerdocio y profundizar en nuestro modo proceder como jesuita. Ha sido una experiencia para dejarme afectar por las distintas realidades en la que me ha colocaba cada taller, la misión y los Ejercicios Espirituales. Ha sido una escuela afectiva/espiritual.

Cuando escuchaste por primera vez “Mes Arrupe”, ¿qué pensaste que iba a ser… y qué terminó siendo en realidad?

Joel: En un primer momento, la experiencia del Mes Arrupe la percibía como una vivencia más dentro del itinerario de la etapa de Teología. Hoy, en cambio, puedo reconocerla como un tiempo oportuno y necesario para detener el paso: un espacio para orar, agradecer y discernir con mayor hondura lo que significa el sacerdocio en la Compañía de Jesús y en la Iglesia.

Benjamín: Tenía en mente que en algún momento iba a vivirlo. En ese sentido, desde la experiencia de otros compañeros jesuitas, fue quedando una idea o elementos concretos. Ya estando acá, eso se vuelve más concreto: ya no eran ideas, ahora experimenté. ¿Qué? Antes tenía la referencia de que era un tiempo para reflexionar e interiorizar sobre el sacerdocio en la Compañía de Jesús. Estando acá, a eso se le pone carne: qué significa el sacerdocio, la posibilidad de dejarse acompañar por Dios y, desde mi humanidad, revisar cómo están mis deseos para ver si están puestos realmente ante la invitación de Dios a esta vivencia del sacerdocio.

Ademir: Pensé que era un tiempo para profundizar sobre la vida de P. Arrupe y el impacto de su liderazgo en la Compañía… Supe después que se trataba de un momento para hacer una pausa en la formación, para considerar la vocación al sacerdocio para ser consciente de que el ministerio es para siempre. Por eso me parece importante trabajar en todas las dimensiones antes de esto.

Si tuvieras que describir este mes con una sola palabra o imagen, ¿cuál sería y por qué?

Joel: Gratitud, entendida como un tiempo de gracia que nos permite reconocer, desde la memoria, el entendimiento y la voluntad, los dones y las bellezas que Dios ha sembrado y manifestado en nosotros en el camino de nuestra formación.

Benjamín: Camino. Contemplar el pasaje de Lucas de los caminantes de Emaús me trae muy buenos recuerdos. Me quedaría con esto de que el resucitado hace arder su corazón al escucharlo y al compartir con ellos el pan. El Mes Arrupe me ha permitido interiorizar al recordar este camino en la Compañía, y que puedo decir que he visto a este resucitado presente en tantos hombres y mujeres que me recuerdan lo central de mi vocación que es el servicio a los demás, esta entrega total de mi vida a este proyecto de construcción del Reino.

Ademir: «Vayan a Galilea y ahí lo verán». Con esta invitación del Jesús resucitado en Mt 28, 7,10, me siento movido a realizar el recorrido con Jesús que nos invita a realizar la caminata del discipulado para llevar a cabo la misión al modo de Jesús, reconciliando y sanando como él lo hace.

Antes de vivir el Mes Arrupe, ¿Qué perspectiva tenías de la ordenación sacerdotal? ¿Cambió algo después de esta experiencia?

Joel: Siempre he visto la ordenación sacerdotal como una gracia de Dios para la Iglesia y para el mundo. Sin embargo, hoy siento con mayor claridad que esta gracia implica también una profunda responsabilidad eclesial y social, una llamada a vivir el ministerio sacerdotal con la seriedad y la entrega que la Iglesia pide, ofreciendo una palabra de amor y esperanza ante las experiencias de dolor del ser humano de hoy.

Benjamín: Iba siendo consciente de que esta vocación al sacerdocio en la Compañía tenía un énfasis en el modo propio de vivir el carisma: implica integrar la vocación en la vivencia de ser jesuita, de la misión concreta de nuestra espiritualidad. El Mes Arrupe concretizó esta visión de una vocación que viene desde mi experiencia de sentirme llamado y todas las vivencias dentro de la Compañía. Reconocí que este llamado al sacerdocio es, también, un llamado a un estilo de vida al modo propio del único sacerdote que es Jesús.

Ademir: Antes del mes Arrupe no tenía una perspectiva muy clara sobre la ordenación como tal, ni tenía conciencia de lo que cambia la vida después de ser ordenado sacerdote. Despues de  haber tenido el taller de sacerdocio y reflexionado sobre este paso importante en nuestra formación, puedo entender que mi ordenación es significa asumir un compromiso de acompañar al pueblo de Dios en sus desafíos espirituales y de cualquier otra naturaleza, por tanto, mi vida tiene que ordenarse en función de eso que represento para la comunidad.

Al terminar el Mes Arrupe, ¿con qué te vas en el corazón?

Joel: Siento que me voy con un corazón agradecido, confortado y lleno de alegría; un corazón que, a la vez, se sabe invitado a dar a conocer al Dios de los nuevos amaneceres en quien cree.

Benjamín: Me llevo en el corazón una frase que me impactó, dicha por otro compañero jesuita que vino a compartir su experiencia en el momento de los Ejercicios: «Hablar con Jesús de corazón a corazón». Creo que no fue solo una vivencia en esta semana de Ejercicios, sino de toda la experiencia del mes. Cada rostro, cada mirada alrededor del contexto, fue una oportunidad para poner el corazón en el de Jesús para conocerlo más y, desde ahí, mejor seguirle y mejor amarle.

Ademir: Ahora que terminamos esta experiencia me voy con un gran deseo en el corazón que es caminar con las comunidades para dar mis energías en el trabajo de la reconciliación y reivindicación de histórica de cada una de ellas. No importa en el lugar que vaya, hoy vivimos un mundo convulsionado que necesita mucho de nuestro aporte como compañía.