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Este año, las Comunidades de Vida Cristiana (CVX) en El Salvador celebran 40 años de presencia y acompañamiento: en medio de uno de los momentos más difíciles de El Salvador, un grupo de jóvenes encontró en la espiritualidad ignaciana una manera de vivir la fe desde la realidad, el servicio y la comunidad. Hoy, Gerardo Morales, miembro de las CVX, recuerda aquel camino y comparte por qué, cuatro décadas después, seguir caminando juntos es también una forma de cuidar la casa común, resistir al individualismo y construir esperanza.

La Comunidad de Vida Cristiana (CVX) hunde sus raíces en una historia que viene de lejos. Su origen está en las Comunidades Marianas, una tradición de laicos vinculados a la espiritualidad ignaciana que, después del Concilio Vaticano II, tomó una nueva forma y se constituyó como CVX. Desde entonces, este movimiento católico seglar ha buscado vivir la fe desde la espiritualidad de san Ignacio de Loyola, acompañado por la Compañía de Jesús, pero con una identidad y organización propias. Hoy, aquella historia iniciada hace décadas se extiende por más de 70 países y reúne a comunidades que buscan hacer de la vida cotidiana un espacio para discernir, servir y encontrar a Dios.

En El Salvador, la historia de la CVX comenzó a tomar forma en los años más difíciles de la guerra. De acuerdo con Gerardo Morales, miembro de las CVX en el país, hacia 1982, la pastoral de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) abrió un espacio de encuentro para jóvenes universitarios y estudiantes que participaban en celebraciones, círculos bíblicos y retiros inspirados en los Ejercicios Espirituales, bajo el acompañamiento de P. Isidro Pérez, S.J. Algunos de esos jóvenes también se involucraron, entre 1985 y 1986, en círculos de alfabetización con población desplazada por el conflicto, acompañada desde la parroquia El Calvario, en Santa Tecla. De ese tejido de fe, servicio y encuentro nacieron las dos primeras comunidades que decidieron asumir la espiritualidad ignaciana y constituirse como CVX el 31 de julio de 1986, acompañadas por Isidro.

Este 2026, las CVX en El Salvador conmemoran 40 años de acompañamiento, memoria y compromiso, celebrando una historia que nació en tiempos difíciles y que hoy continúa abriendo caminos de esperanza. A la luz de este aniversario, Gerardo nos cuenta más sobre cómo la espiritualidad ignaciana, los Ejercicios y la vida en comunidad transformaron su manera de entender la fe y siguen impulsándolo a servir y construir esperanza cuatro décadas después de la fundación de las Comunidades de Vida Cristiana.

¿Cómo llegó usted a las CVX?, ¿Qué le atrajo de este grupo?

Cursaba el cuarto año de ingeniería industrial y digamos que la prédica de Mons. Romero me había calado hondo, sin embargo, venía de una familia clase media y no viví de cerca la opresión y menos la represión de esos años. La semilla estaba sembrada y sentía que algo le faltaba a mi vida. Llegué a partir de la experiencia de alfabetización que se desarrolló en Santa Tecla con el P. Isidro Pérez S.J. y de mi participación en la parroquia El Carmen, donde Isidro celebraba las misas dominicales de las 6 p.m. Me atrajo principalmente el apoyo a las familias desplazadas, es decir, poner en obras la fe. Finalmente, el alfabetizado fui yo al ir conociendo la realidad de los pobres. En 1986 formé parte de la dos primeras comunidades CVX que se formaron.

¿Hubo algo particular en la forma de vivir la fe que usted sintiera que no iba a encontrar en otro grupo?

Los círculos bíblicos me permitieron conocer a un Jesús humano, “Un tal Jesús”. La experiencia de los Ejercicios Espirituales. Con Isidro Pérez S.J. realice los Ejercicios en la vida ordinaria y esto me permitió conocerme y me puso en contacto con los pobres. Luego la experiencia de compartir la vida en comunidad vino a completar mi opción de vida.

¿Qué significa para ustedes como CVX celebrar 40 años de fundación?

Un camino compartido con muchas compañeras y compañeros, laicos y jesuitas. Un camino de búsqueda de cómo empujamos la utopía del Reino de Dios, inspirados en la espiritualidad ignaciana. Es una vida de servicio a los demás.

¿Enfrentan ustedes retos en su misión?, ¿Cuáles son?

Creo que lo principal es tomar conciencia que hay un sistema que está ordenando la vida de todos y todas en función del lucro y el consumo, que está depredando el medio ambiente y que nos hace creer que esto es desarrollo, éxito, superación y democracia, y al final es una minoría de personas que amasan grandes riquezas y tienen todo diseñado para que el sistema mismo se reproduzca.

¿Qué esperanzas guardan para el futuro de las CVX en el país?

Que siga siendo un instrumento de apoyo, búsqueda, acompañamiento y colaboración con todas las personas de buena voluntad.

¿Por qué seguir manteniendo vivo el espíritu de comunidad en nuestros tiempos?

Es indispensable, si no contás con un grupo de referencia con quienes compartís la vida, con quienes pensás contraculturalmente, con quienes compartís el cuido de la casa personal y la casa común, el sistema te come y terminás trabajando para que siga perpetuándose.