El apostolado migratorio se suma a la conmemoración del 50 aniversario de constitución de nuestra Provincia. En este texto, Norma Hernández, coordinadora de la Red Jesuita con Migrantes Centroamérica (RJM-CA) recoge las raíces históricas de la red que nace de la apuesta de la Compañía de Jesús por el acompañamiento a personas refugiadas. En sintonía con la celebración del aniversario, la RJM celebra este hito con la certeza de que Dios camina con su pueblo, y de que la esperanza continúa sosteniendo a tantos caminantes.
Una opción evangélica con raíces históricas
El apostolado migratorio hunde sus raíces en la apuesta de la Compañía de Jesús por la atención a los refugiados vietnamitas que huían de la guerra, en la década de los años ochenta. Fue el padre Pedro Arrupe, entonces Superior General, quién lanzó un llamado urgente a responder a la crisis humanitaria causada por la guerra. De esta intuición profética nació el Servicio Jesuita a Refugiados (SJR), marcando un antes y un después en la implicación de la Compañía con las personas desplazadas forzadamente.
En Centroamérica, durante los conflictos armados, los jesuitas acompañaron a poblaciones refugiadas y desplazadas, particularmente en El Salvador, respondiendo a necesidades urgentes de protección y cuidado desde el SJR. Más adelante, hacia finales de los años noventa (1999), un proceso de reflexión y discernimiento profundo a nivel de la Conferencia de Provinciales de América Latina, permitió vislumbrar una mayor consistencia y articulación del apostolado migratorio en las Provincias, impulsando la creación de obras especializadas, programas pastorales, espacios académicos y organizacionales comprometidos con la investigación y la incidencia articulados en torno a la “migración irregular” desde el compromiso de promover la justicia y acompañar a los pobres, según lo propone el documento presentado por el H. Raúl González Fabre, S.I. la apuesta por un apostolado migratorio supondría un desafío organizacional que requería ir más allá de lo conocido “Articular un apostolado multidimensional efectivo a nivel regional al menos, posiblemente también a nivel continental”.
La Red Jesuita con Migrantes en Centroamérica
Desde este horizonte apostólico surge la Red Jesuita con Migrantes de Centroamérica (RJM-CA), como expresión del compromiso asumido por la Provincia centroamericana en brindar una respuesta oportuna, desde la fe que hace justicia, que invita a caminar junto a los pobres y excluidos, las personas en movilidad y desplazamiento en la región. Es así que en el año 2004 y 2006 se crearon obras especializadas, como el Servicio Jesuita para Migrantes de Costa Rica y Nicaragua, en respuesta a los crecientes flujos migratorios intrarregionales.
De manera paralela, universidades, centros de investigación, parroquias y otras obras de la Compañía Jesús comenzaron a articular esfuerzos en atención, investigación e incidencia. Así nació la RJM-CA como una plataforma apostólica que integra personas y obras comprometidas con la atención, defensa y protección de los Derechos Humanos y la mejora a las condiciones de vida de las personas migrantes, refugiadas y desplazadas.
La red busca acompañar, proteger, promover e integrar a las personas desplazadas, migrantes y refugiados, apostando por un trabajo articulado como expresión concreta de una misión compartida.
Una misión en alianza y comunión
El apostolado migratorio se ha construido desde sus inicios en alianza con diversos actores: albergues, casas de acogida, parroquias, universidades, centros de investigación y organizaciones sociales. Estas alianzas permiten una atención más amplia y profunda, así como procesos de reflexión que contribuyen a incidir en políticas públicas y en prácticas más humanas y justas.
En Centroamérica, la RJM-CA articula obras especializadas como el Servicio Jesuita para Migrantes de Costa Rica y Casa Mirna Marck en Guatemala; universidades como la UCA de El Salvador y URL de Guatemala; Centros educativos de Fe y Alegría en Panamá, Honduras y Guatemala, Centros Sociales como el ERIC en Honduras y parroquias como San Bartolomé de Arcarao, El Salvador, Santa María Chiquimula en Guatemala entre otros, generando un tejido apostólico que responde de manera coordinada a los desafíos que impone la realidad de movilidad y desplazamiento hoy.
Retos y esperanzas de la misión
El principal reto del apostolado migratorio es seguir respondiendo, con fidelidad y creatividad a una realidad cada vez más compleja. La diversidad de causas del desplazamiento forzado exige una propuesta intersectorial, interdisciplinaria e interprovincial, capaz de integrar saberes, carismas y recursos.
Trabajar en red es una riqueza, pero también un desafío: requiere escucha, coordinación, discernimiento y una profunda comunión en la misión. La esperanza que sostiene este apostolado se encarna en cada persona migrante que sigue convocándonos, en cada encuentro que transforma y en cada gesto de hospitalidad que abre caminos nuevos.
En estos 50 años en los que celebramos la creación de la Provincia Centroamericana, como red nos unimos con alegría a este acontecimiento significativo. En medio de muros, fronteras y miedos, seguimos caminando con la certeza de que Dios camina con su pueblo, y de que la esperanza continúa sosteniendo a tantos caminantes. Damos gracias a Dios por seguir contando con corazones y manos amigas, generosamente comprometidas con la vida y la misión.
