A 50 años de camino, la historia de Fe y Alegría Guatemala se cuenta desde la entrega de quienes la conforman, la fe y la opción por las mayorías populares a las que se dedica. En esta entrevista, P. Francisco Iznardo, S.J., director, dialoga sobre la misión sostenida por quienes creen en la educación como transformación, los retos que esta implica, las esperanzas y cómo esta historia se entreteje con el 50 aniversario de constitución de nuestra Provincia.
En el marco de su 50 aniversario Fe y Alegría Guatemala reafirma su identidad como movimiento de educación popular y promoción social, profundamente vinculado a las comunidades más excluidas. Lo hace desde la constante apuesta por una educación que sea siempre de calidad e integral, basada en la dignidad y el seguimiento a Jesús al centro. En esta conversación, P. Francisco Iznardo, S.J., su director, reflexiona sobre los aprendizajes, desafíos y esperanzas de una obra que, sostenida por la vocación de laicos, laicas y jesuitas, sigue apostando por una educación pública de calidad, con sentido humano y compromiso social.
¿Qué es Fe y Alegría Guatemala?
Existe la Fundación Educativa Fe y Alegría Guatemala que está inserta dentro de la Federación Internacional de Fe y Alegría y somos un movimiento de educación popular y promoción social. Estos dos términos son importantes porque eso significa, primero que nada, una opción por la educación pública. Somos educación para las mayorías populares, por eso somos educación pública. Lo que significa que en esa educación formal tenemos que trabajar para que sea una educación en la línea de la educación popular de Paulo Freire, que significa tomar en cuenta las poblaciones, los contextos y a las personas de las que parte esa educación.
En Guatemala estamos tratando de implementar dentro del currículo nacional base lo que llamamos el sistema de mejora de la calidad para que de verdad sea educación popular. Además, la educación popular es una opción no solo académica, sino social y política. Y por eso, Fe y Alegría en Guatemala, y en todos los países, intenta que, además de la parte académica, tengamos la parte de la promoción social, promoción de los jóvenes, promoción de las niñas con una discriminación positiva hacia ellas por la situación patriarcal y machista que se viven en nuestras comunidades.
Pero yo lo que diría es que lo que define a Fe y Alegría en Guatemala es educación pública gestionada por una institución privada, pero con el apoyo del Ministerio de Educación y del Estado, educación popular que significa una formación más integral que incluya no solo el aspecto académico, sino el aspecto humano y el compromiso social que esto supone, un compromiso con un sistema de mejora de la calidad de un método que nosotros llamamos plenitud y una gran vinculación entre la comunidad y el centro educativo.
¿Qué aporta la dimensión global de Fe y Alegría al trabajo en Guatemala?
Tanto en Guatemala como en la Federación lo que vimos después de un cierto tiempo de dedicarnos a gestionar centros educativos es que tenemos la obligación o el reto de no solo dedicarnos a la enseñanza y a la educación formal en el aula, sino de comenzar a exigir el derecho a la educación de todo ciudadano. Y eso significa trabajarlo no solo a nivel nacional, sino a nivel mundial. Y por eso el tener esa parte de la Federación, esa parte global, esta parte regional, nos ayuda a hacer una mayor incidencia, lo que llamamos acción pública.
Nos ayuda también a hacer mayor incidencia en los países. Además, nos ayuda a gestionar posibilidad de proyectos que sean regionales, porque actualmente se trata de no solo pensar en nuestro país, sino en la región. En Centroamérica, por ejemplo, estamos en una provincia regional, no de un solo país… La articulación pasa, entonces, por la Federación Internacional, pero también por una más regional con los Fe y Alegría que tenemos en cinco países. Lo regional y lo global es importante para intercambiar experiencias, para aprender unos de otros, para que la educación popular sea una realidad a nivel nacional y a nivel global, para que la lucha por el derecho a la educación sea de todos y de todas.
¿Cómo es la articulación con otras obras de la Compañía de Jesús?
La articulación, o sea, las redes, es fundamental en el trabajo apostólico de la Compañía de Jesús en Centroamérica. En Guatemala estamos funcionando en varias redes. La fundamental en la que participamos como Fe y Alegría es EJEGUA, Educación Jesuita en Guatemala, porque es la articulación de la dimensión educativa en Guatemala de las obras de la Compañía de Jesús. Está también la articulación regional de Fe y Alegría Centroamérica.
Pero, además, Fe y Alegría participa en la articulación del apostolado social en la dimensión social en Guatemala. O sea, que no podemos concebir ni a Fe y Alegría ni ninguna obra de la Compañía actualmente sino en una articulación en red, tanto con las obras de su sector como con el resto de obras: trabajamos con la dimensión educativa, con el sector de Espiritualidad, la Red Jesuita con Migrantes, la Red Juvenil Ignaciana… Es decir que estamos enredadísimos, o sea, trabajamos en red a todos los niveles.
¿Qué papel juegan las alianzas con el Estado y otros actores?
Nuestra articulación con el Estado es muy positiva, porque es educación pública. La sostenibilidad de Fe y Alegría Guatemala depende del financiamiento del Estado. Hay una muy buena relación con el Ministerio de Educación (MINEDUC), la ha habido más allá de los tintes políticos de cada gobierno. Desde el año 2016 tenemos una ley que gestiona la relación entre Fe y Alegría y el Estado para que en el presupuesto de la nación salga el financiamiento de Fe y Alegría dentro del MINEDUC.
Nos articulamos con otros actores de la sociedad civil que trabajan con niñez y adolescencia, para programas extraescolares, formación del profesorado y acción pública. Tenemos relación con instituciones que nos apoyan para financiar proyectos complementarios (programas de protagonismo juvenil organizado o programas priorizando a las las niñas). Otra gran alianza es para la Gran Rifa que organizamos año con año. Por medio de esta logramos fondos para infraestructura y otras necesidades de los centros educativos.
Mirando estos 50 años, ¿qué ha sostenido la misión de Fe y Alegría Guatemala?
Lo que la ha sostenido es hombres y mujeres apasionados por la educación y con una sensibilidad fuerte por atender a esas poblaciones que nadie toma en cuenta: a las mayorías populares. La ha sostenido también una opción diferente de la Compañía por la educación. Estábamos acostumbrados a una opción por colegios de alta calidad más dirigidos a personas con recursos… Pero acá estamos haciendo una opción por la educación pública: allá “donde termina el asfalto”.
Nos hemos mantenido también por personas e instituciones que han creído en la opción y misión de Fe y Alegría, sobre todo instituciones religiosas, los sacerdotes que comenzaron junto con dos hermanas esta realidad de Fe Alegría Guatemala hace 50 años. Y lo que la ha sostenido es nuestros equipos educativos, laicos y laicas que han dado su tiempo, su entrega, su pasión de forma desinteresada. Es la vocación de estos hombres y mujeres lo que ha sostenido con el tiempo a Fe y Alegría Guatemala.
Si no hubiera sido por los laicos y las laicas, Fe y Alegría actualmente no existiría, porque es una labor del gran sujeto apostólico que formamos como Compañía: jesuitas, laicas y laicos. Quienes lo hacen realidad son estas personas que están al frente de realidades tan hostiles que tenemos en nuestros países y en los lugares donde están nuestros centros educativos.
¿Qué ha significado para usted acompañar esta obra?
Yo he estado siempre vinculado al sector social. Me ha ayudado mucho estar muy cerca de estas poblaciones vulneradas, y excluidas. En mi misión actual estoy siguiendo lo más posible esa línea de estar siempre cerca de la gente.
En el cargo de director se tiene que asumir que se trabaja para que los demás puedan hacer lo que están haciendo bien, mientras me toca estar más en la oficina. Es la primera vez que me pasa esto, cierto… Pero cuando uno visita los centros educativos se da cuenta de que vale la pena seguir trabajando desde aquí para conseguir recursos y estos 59 centros educativos y casi veinte mil estudiantes que ahora es Fe y Alegría siga siendo posible.
Es una labor un poco más fría, pero siempre dirigida a estas poblaciones. Para mí significa estar siempre trabajando por dar oportunidades a las personas más excluidas. Es en la misión de siempre: acompañar a la gente y caminar con ella.
¿Cuáles son los principales desafíos en su rol como director?
El principal rol es que no falten los recursos para que se pueda realizar la Misión. Eso supone relaciones e incidencia con ministerios, diputados, empresarios, donantes, alcaldes. Pero también hay que gestionar las relaciones humanas, acompañar, intermediar, escuchar mucho a la gente. Un reto importante es trabajar para que las y los educadores no pierdan su vocación, no se desanimen y para eso se necesita seguir formándose y escucharles continuamente cuales son sus alegrías y tristezas.
¿Cómo dialogan los 50 años de Fe y Alegría con los 50 años de la Provincia Centroamericana?
Los 50 años de la Provincia son muy significativos y han sido muy importantes para el desarrollo de la Misión en Centroamérica. Muy marcada por la opción Fe y Justicia que recibimos de la Congragación General XXXII. Como nos dijo el P. Arrupe, no será posible realizar nuestra Misión sin pagar un precio por ello. Por ello somos una Provincia de mártires, de gente que luchó en espacios de persecución por la fe, el compromiso social, la justicia. La opción de la Compañía por Fe y Alegría, no solo en Guatemala, sino en la región, es una demostración más de que también la educación debía llegar a las mayorías populares: Es una cuestión de Justicia que brota de la Fe. Y no solo educación, sino educación de calidad. Por eso creo que la historia de la Provincia y de Fe y Alegría van en ese mismo camino: Fe y Justicia, Educación popular como opción educativa pero también política.
Hoy, jesuitas, laicos y laicas debemos luchar contra la mediocridad y la hostilidad de nuestros países que, a veces, nos desanima. Tenemos el testimonio de muchas personas muy valientes y evangélicas que nos ha precedido. Y esta es la memoria que nos debe acompañar como Provincia y como Fe y Alegría.
¿Qué aporta hoy Fe y Alegría al cuerpo apostólico?
Que debemos dedicarnos a las mayorías. Que debemos seguir apostando por una educación popular y un movimiento social que haga realidad el decreto de fe, justicia, reconciliación. Debemos dedicarnos más a las poblaciones excluidas y Fe y Alegría tiene la capacidad para sumarse a articulaciones para lograrlo. Fe y Alegría tiene la misión de denunciar ante el mundo y la Compañía misma que hay que seguir dedicándose a las poblaciones excluidas. Este horizonte pareciera que se está perdiendo de nuestros apostolados. El acercamiento a las poblaciones vulneradas y excluidas nos hará entender que debemos caminar con ellas para aprender que el seguimiento a Jesús nos hace ser humildes y sencillos en el servicio a los demás. Fe alegría nos muestra el camino para acercarnos a esa gente humilde y sencilla y serviles trabajando por el el derecho que tienen a la educación, a las oportunidades y a su propia promoción.
¿Por qué seguir apostando por la educación pública en estos contextos?
La pregunta no es así vale la pena… es un llamado desde nuestro seguimeito de Jesús y desde nuestra espiritualidad ignaciana. Tenemos una deuda histórica como Compañía de Jesús de dedicarnos a los pueblos indígenas, a los excluidos, a las mayorías populares y la educación pública es un canal de acceso muy importante a estas mayorías.
Es una obligación en el buen sentido de la palabra. Es una obligación como buenos seguidores de Jesús el estar cerca de estas realidades, salir de nuestras comunidades, de nuestra círculos de confort. Abrirnos a estas realidades nos hace más humanos. Como Compañía de Jesús tenemos que ser tan valientes como nuestros mártires también prudentes como nuestros antecesores. Es una obligación, como seguidores de Jesús, estar cerca de estas realidades.
Después de 50 años, ¿qué esperanzas hay hacia el futuro?
Hay que seguir buscando cómo dar educación de máxima calidad a la niñez y juventud. Cómo acertar más para que esta educación de calidad llegue a poblaciones indígenas, a las zonas rurales, a poblaciones afectadas por la violencia especialmente en nuestros barrios de la ciudad. Tenemos la esperanza también de que la educación técnica se vuelva una realidad que lleve a nuestros jóvenes a una vida laboral digna. Queremos que el centro educativo siempre esté abierto a la comunidad para ofrecer promoción social como reza nuestro nombre: movimiento de educación popular y promoción social.
Sobre todo, tenemos la esperanza de que nuestros jóvenes tengan un espíritu crítico y propositivo, una opinión propia de la realidad en la que vivimos. Queremos que Fe y Alegría sea Educación que transforma y para ello apostamos por una formación integral que incluya la opción social y de participación. La espiritualidad ignaciana nos ayuda a hacer realidad esta labor apostólica pues nos habla de Encarnación y Misericordia , de discernimiento y compromiso en el seguimiento de Jesus, pues San Ignacio nos anima a conocer la vida de Jesús y cómo camina Él con las personas y comunidades.
