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Recientemente, P. Miquel Cortés, S.J., rector de la Universidad Rafael Landívar, fue nombrado presidente de la Comisión de Postulación de Contralor General de Cuentas en Guatemala. En esta conversación, P. Miquel comparte cómo este nombramiento representa una oportunidad para vivir la misión de la Compañía de Jesús desde el servicio público, promoviendo la justicia, la reconciliación y el fortalecimiento del Estado de derecho.

La Comisión de Postulación del Contralor General de Cuentas es el órgano constitucional encargado de evaluar a los aspirantes y presentar al Congreso de Guatemala la nómina de candidatos entre quienes será elegido el funcionario responsable de auditar el uso de los recursos públicos y velar por la transparencia en la administración del Estado.

Como presidente de esta comisión, el P. Miquel Cortés, S.J., rector de la Universidad Rafael Landívar, asume una responsabilidad que trasciende el ámbito académico y refleja el compromiso de la educación universitaria jesuita con la construcción de sociedades más justas. En esta conversación, comparte cómo la misión de la Compañía de Jesús inspira una presencia activa en la vida pública, donde la formación integral, la búsqueda de la verdad, el fortalecimiento de la democracia y el servicio al bien común constituyen dimensiones inseparables de la tarea universitaria.

Para quienes nos leen fuera de Guatemala, ¿Qué es un Contralor General de Cuentas?

El cargo de Contralor General de Cuentas es muy importante para el tema de la fiscalización de los recursos del Estado en Guatemala. Es el ente encargado de auditar fondos del Estado, presupuesto, cómo se ejecutan los proyectos… Esto, sobre todo, para evitar la corrupción y malversación de fondos y generar una cultura de probidad y uso correcto de los bienes públicos.

En el contexto actual guatemalteco, el Contralor tiene, además, una especial atención: nosotros entramos, el año que viene, en proceso electoral. El Contralor es el que emite un documento llamado finiquito: una prueba de que el ciudadano que busca presentarse para una función pública, digamos, para una municipalidad, o para cualquier puesto de Gobierno, no tiene incumplimientos con el Estado. Por tanto, el Contralor tiene un fin técnico de auditor de estado; pero también uno político, porque puede orientar la participación o no de un candidato en función de su honorabilidad.

¿Cómo se elige al Contralor General de Cuentas?

El proceso está determinado en la Constitución de la República de Guatemala. Al igual que con otros cargos, como el de magistrados al Tribunal Supremo Electoral o a la Corte Suprema de Justicia, la Constitución dice que se realizan a través de una Comisión de Postulación que formulará una lista de candidatos que se entrega al Congreso de la República para que ellos dictaminen quién ocupará el cargo. Nosotros, en la Comisión de Postulación, debemos formular un listado de seis profesionales basándonos en revisión de expedientes, entrevistas y todo un proceso de selección. Luego, el Congreso, por mayoría simple, nombra a la persona que considere mejor.

¿Qué papel tienen las universidades dentro de esta comisión? ¿Por qué es importante su representación?

La representación de las universidades también responde a un mandato constitucional. La misma Constitución determina que, en algunas comisiones de postulación, la presidencia recaerá en un rector de las universidades del país. Por ejemplo, en 2024 también presidí la Comisión de Postulación para la elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Fue una elección unánime por parte del Foro de Rectores.

Esta comisión, en concreto, estará conformada por 27 comisionados y la instalaremos el 12 de agosto. Antes debemos ser juramentados por el Congreso y, durante este tiempo, ejerceremos una función pública temporal.

Las universidades tienen un rol constitucional. No participamos porque queramos hacerlo, sino porque la Constitución nos confiere ese mandato. Cuando existían menos universidades, se confiaba en que estas aportaban un criterio técnico, jurídico, ético, profesional y objetivo. Con el paso del tiempo esto se ha desvirtuado. En Guatemala se han creado las llamadas «universidades de cartón» o «universidades garage», algunas politizadas únicamente para obtener voz y voto dentro de estas comisiones. En los últimos dos años, incluso, se han creado dos universidades muy cuestionadas.

Además, hay que mencionar que Guatemala vive una crisis profunda en la única universidad pública, la Universidad San Carlos, debido a la usurpación del rectorado tras unas elecciones fraudulentas que hoy continúan judicializadas.

Por eso también es importante señalar que en la Universidad Rafael Landívar, la primera universidad privada del país, estamos próximos a cumplir 65 años y contamos con un prestigio consolidado, especialmente en materia de honorabilidad y profesionalismo ético.

¿Y qué representa para usted este nombramiento como presidente?, ¿Cómo lo recibió?

Primero representa la confianza de la mayoría de los rectores del país. Fue una votación unánime y esto pone en alto el nombre de nuestra universidad. Confían en ella, en nuestra propuesta no solo académica, sino también de investigación y de proyección. Esto, al mismo tiempo, supone, en lo personal, un reto. Hay que conducir un proceso fundamentado en el diálogo, en generar consensos y acercamientos.

Pienso que esto responde directamente a la misión de la Compañía de Jesús: una misión de justicia y reconciliación. Elegir al Contralor General de Cuentas es garantizar el Estado de derecho. Esto es muy importante. Si se debilita la Contraloría General de Cuentas y se debilitan las instancias del Estado, entonces el Estado de derecho, que debe garantizar la dignidad de los ciudadanos, también se debilita.

Creo que esta es también una misión de las universidades de la Compañía de Jesús: no solo lo académico, no solo lo investigativo, sino también la proyección y la acción pública. En Guatemala lo tenemos muy claro y la Compañía también lo tiene muy claro: tenemos que favorecer esos procesos de reconciliación de los ciudadanos y de los países, favorecer consensos, buscar la verdad, buscar la justicia y, sobre todo, la calidad de vida de los ciudadanos.

No es una responsabilidad solo del rector, sino de toda la comunidad landivariana. De hecho, hay un equipo. La vez anterior participamos unas cincuenta personas de la universidad y este año estamos previendo también que participemos unos cincuenta entre equipos jurídicos, medios de comunicación, protocolo, secretarías y logística, para que la Comisión de Postulación se realice en las mejores condiciones.

Es un reto para la Compañía de Jesús también, porque detrás está nuestra marca ética: ser una institución que vela por los derechos humanos, por la ética y los valores, y que quiere contribuir al fortalecimiento del Estado y de la democracia.

¿Qué puede ofrecer usted como jesuita y como educador/rector en esta misión?

Primero, dar una imagen de que los jesuitas estamos en el mundo, en todos sus ámbitos. Por eso «en todo amar y servir» es nuestro lema. No solamente en los ámbitos estrictamente religiosos, en las parroquias o en los centros de espiritualidad, sino también en estos espacios fronterizos, apostólicamente hablando. Estar en la política hoy es una frontera importante. Estar en los procesos ciudadanos es una frontera. Estar en esos procesos económicos y sociales es un desafío muy grande para la Compañía de Jesús.

Esto implica entender ese desafío como una misión. Quizá no es clerical, quizá no tan visible como otras misiones que tienen una especificidad religiosa, de un contenido más teológico. Aquí es más una participación ciudadana para contribuir a la mejora del Estado de derecho, a la mejora de las naciones y a trabajar por ese consenso global en un mundo que cada vez vive más tensiones y en el que la diplomacia internacional está muy cuestionada.

Entonces, que la Compañía de Jesús esté presente en estos procesos sociopolíticos creo que también responde a sus raíces. De hecho, san Ignacio, como sabemos, fue un gran político. Tenía relación con la nobleza de aquel tiempo, con los reyes, tenía muchas cartas de recomendación e intercambio. No podemos desechar esa misión política que también tiene la Compañía de Jesús.

Esto, a veces, tiene un precio. En El Salvador ha tenido un precio con nuestros hermanos mártires. También hace años, con las reducciones del Paraguay y cuando fueron expulsados los jesuitas. El mismo Rafael Landívar fue expulsado de Guatemala junto con los demás jesuitas y tuvo que morir en Italia, como tantos exiliados por distintas razones.

Entonces, la persecución puede ser un precio por ese compromiso político, pero debemos afrontarlo con mucha fe. Ahí es donde juntamos fe y justicia, ese binomio que la Congregación General 32 lanzó a toda la Compañía y que sigue plenamente vigente.

Una fe que promueve la justicia; no una fe en abstracto, no una fe espiritualista, no una fe neopentecostal, sino una fe enraizada e insertada en la sociedad, especialmente a favor de las poblaciones más vulnerables. Para eso trabajamos: para mejorar la calidad de vida de los más necesitados y también para acompañar a los jóvenes universitarios que tenemos en nuestras aulas. Aquí, en Guatemala, son más de treinta mil estudiantes. Acompañarlos en la construcción de ese futuro esperanzador que nos orientan las Preferencias Apostólicas Universales.

¿Qué aspectos de la educación superior jesuita considera que se entrelaza con esta misión que se le ha encomendado?

La educación superior jesuita se fundamenta en tres elementos sustantivos: la academia, es decir, la calidad educativa y tener un modelo educativo pertinente. También la investigación que responda a los problemas reales de la sociedad y del mundo, especialmente al tema ecológico, al cuidado de la casa común… Pero también a temas políticos como la democracia.

Otro elemento es la proyección universitaria. Dentro hay un matiz importante, que es toda la acción pública que puede realizar la universidad y la incidencia política. De hecho, nosotros formamos profesionales exitosos para sociedades exitosas, no para sociedades fracasadas. Eso ya lo decía el padre Xavier Gorostiaga hace años: Tenemos que formar a los mejores profesionales, pero para las mejores sociedades. Y una sociedad exitosa es aquella que se fundamenta en la justicia, la equidad y en los servicios públicos para todos.

Para ello también es importante entender una universidad privada de la Compañía de Jesús con una función pública. Nosotros no somos lucrativos. No tenemos una universidad privada para lucrarnos, como hay otras universidades privadas mercantilistas, sino que nuestra universidad privada tiene un enfoque de mejorar lo público. Y lo público lo gestiona el Estado. Por lo tanto, tenemos que formar a los mejores profesionales para que puedan trascender en la función pública. Este es un gran compromiso.

La función de la universidad es la transformación social. ¿Cómo contribuimos? Con otros, porque no lo hacemos solos desde la universidad. Lo hacemos en red con otros proyectos educativos, con Fe y Alegría, pero también con los demás sectores apostólicos de la Provincia. Todo suma: el sector de espiritualidad, las parroquias, la formación de los colaboradores. Todo eso va sumando en un perfil de persona comprometida con la realidad, consciente de los problemas, competente en su profesión, pero también coherente. La coherencia es muy importante, porque es lo que valida el nivel ético de una persona y de una institución.

¿Qué esperanzas tiene para este proceso?, ¿Hay algún mensaje particular que quisiera compartir con la población guatemalteca en este contexto?

Lo primero es intentar despolitizar la comisión, despolitizar los intereses, porque a veces hay intereses políticos muy particulares. La comisión es soberana. Debemos ser muy objetivos y evaluar los mejores expedientes. Por eso hacemos un llamado a los profesionales honrados, honestos, competentes, que quieran participar, que quieran transformar el Estado y que quieran contribuir, desde la Contraloría General de Cuentas, a la lucha contra la corrupción.

Pero si vienen candidatos corruptos, si vienen profesionales que solo buscan intereses sectoriales, entonces tenemos que despojarnos de esas malas intenciones y, como decía san Ignacio, buscar la recta intención. Ordenar esos afectos desordenados que también existen en todos los ciudadanos y buscar la rectitud de intención, que es elegir a los mejores profesionales.

Que sean los mejores profesionales, no solo desde el punto de vista académico o por sus títulos, sino de manera integral. Sobre todo, debemos poder evaluar la honorabilidad de estos ciudadanos que quieren presentarse a un cargo tan importante como el de Contralor General de Cuentas.

*Las fotografías corresponden a la Comisión de Postulación para la elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia de 2024 que P. Miquel también presidió. Cortesía Universidad Rafael Landívar.