En ocasión de la festividad de Nuestra Señora de la Merced, P. Juan Pablo Vásquez, S.J., vicario parroquial, nos regala un retrato de la vida parroquial en La Merced, en Ciudad de Guatemala, que, bajo el amparo de ella, es hoy una comunidad viva, activa y comprometida.
Hoy celebramos con gozo a Nuestra Señora de la Merced, reconociendo que somos sus hijos, siempre cobijados bajo su manto de ternura. Nos llena de esperanza la luz de misericordia que nuestra Madre irradia en cada momento de nuestra historia. María de la Merced, con su amor maternal, ha sido signo de consuelo para quienes alguna vez nos hemos sentido cautivos, ya sea física o emocionalmente. Para nuestra parroquia, Ella es un faro de esperanza que nos invita a caminar juntos, inspirando a todas las generaciones y grupos parroquiales a querernos, aceptarnos, cuidarnos y, sobre todo, a ser misericordiosos como su Hijo Jesucristo.
María, Madre de Misericordia, nos enseña a vivir con el corazón abierto, a servir con generosidad y a amar sin medida. En nuestra parroquia, encontramos en Ella un modelo perfecto de entrega y fe, reflejado en el rostro de todos los que, día a día, colaboramos en distintos ministerios y servicios. Aquí, la presencia de Dios se hace visible en la gran cantidad de devotos que acuden al templo: ya sea durante las celebraciones multitudinarias de Semana Santa o San Judas Tadeo, en visitas a santos y advocaciones, en la confesión, en la participación de los sacramentos o en la oración personal, acompañados por el ambiente de recogimiento que cada espacio ofrece.
Los parroquianos participan con entusiasmo en todo lo que se les invita, porque encuentran en La Merced un lugar desde el cual pueden colaborar en la construcción del Reino de Dios. Este templo es un espacio abierto, que acoge a personas de distintas edades, culturas y formas de vivir la fe; es un lugar de todos y para todos. Así como María respondió con generosidad al llamado de Dios, también nosotros estamos invitados a decir “sí” en nuestras realidades, familias y comunidades, siendo una Iglesia viva, activa y comprometida.
En nuestra vida parroquial, María es el faro de esperanza que orienta el camino hacia Jesús, atrayendo a muchos a participar activamente en La Merced. Para los jesuitas que acompañamos esta parroquia, la misión es caminar junto a quienes aquí convergen y ofrecer un espacio donde cada persona sea acogida y valorada. Bajo el amparo de Nuestra Señora de la Merced, estamos llamados a ser instrumentos de liberación, esperanza, justicia y paz para quienes más lo necesitan.
Que esta celebración sea un compromiso renovado de vivir como auténticos discípulos y compañeros de Jesús. Que cada catequesis, sacramento, expresión de religiosidad y gesto de solidaridad que brote en nuestra parroquia esté iluminado por el espíritu de María, que nunca dejó de mirar a los más necesitados. Pidámosle hoy a Nuestra Señora de la Merced que interceda por nuestra comunidad, para que sepamos vivir con alegría, servir con humildad y construir una parroquia cada día más unida, más fraterna y más santa.
P. Juan Pablo Vásquez, S.J.
