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Por: CNA-Honduras.

En el marco de la conmemoración del día de San Ignacio de Loyola, nos unimos como comunidad ignaciana en una jornada de celebración llena de espiritualidad, gratitud y alegría. Laicos, laicas y sacerdotes de distintas obras de la Compañía de Jesús en El Progreso, Yoro, nos dimos cita para rendir homenaje a nuestro fundador y renovar nuestro compromiso con la misión que compartimos.

Participamos con entusiasmo desde las siguientes obras: Parroquia San Ignacio, Centro de Espiritualidad Ignaciano, Escuela Bilingüe e Instituto San José, IHER, Teatro La Fragua, ERIC-Radio Progreso, Fe y Alegría y sus Centros Técnicos Loyola, Bandeira y Nazaret. La diversidad de presencias reforzó nuestra identidad como una sola familia ignaciana, unida en el servicio.

La jornada inició con una emotiva eucaristía, momento central del encuentro, en la que dimos gracias por tanto bien recibido. Fue un espacio para la reflexión profunda, en el que recordamos el legado de San Ignacio y cómo su espiritualidad sigue siendo luz y guía en nuestras obras y nuestras vidas. Con cantos, oración y palabras inspiradoras, renovamos nuestro deseo de seguir caminando con las comunidades y sirviendo con alegría y entrega.

Después de la celebración litúrgica, compartimos un tiempo de esparcimiento y deporte. Con entusiasmo y energía participamos en encuentros amistosos de fútbol y también tuvimos un karaoke, que no solo nos llenaron de alegría, sino que fortalecieron nuestros lazos como comunidad ignaciana. En este ambiente de fraternidad, vivimos de forma concreta la invitación a “encontrarnos en Dios y entre nosotros y nosotras”.

Cada espacio fue ocasión para reconocernos como compañeros y compañeras de misión, más allá de los roles o funciones que desempeñamos en las distintas obras. Las risas, el diálogo, los abrazos y el compartir fraterno nos recordaron que el espíritu de San Ignacio está vivo entre nosotros y nosotras, en cada gesto de cercanía y compromiso.

Así celebramos las fiestas ignacianas: con el corazón agradecido, con el cuerpo en movimiento, con la mente puesta en la misión y con el espíritu encendido por el deseo de seguir sirviendo con amor, justicia y esperanza.