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Desde la inspiración de la espiritualidad maya y su estrecho vínculo con la Madre Tierra, la Asociación Qajb’al Q’ij, parte del Apostolado Social de la Compañía de Jesús en Centroamérica, acompañó una jornada para promover la recuperación y conservación de semillas nativas en Guatemala: un encuentro para defender la biodiversidad, la soberanía alimentaria y la memoria viva de los pueblos originarios.

La espiritualidad maya, estrechamente relacionada con la naturaleza, enseña el respeto y el cuidado de la Madre Tierra considerándola una parte integral de la vida espiritual. Bajo este horizonte, la Asociación Qajb’al Q’ij, parte del Apostolado Social de la Compañía de Jesús en Centroamérica, invitó a hombres y mujeres a profundizar en la recuperación y conservación de semillas nativas de Guatemala.

El taller de recuperación y conservación de semillas nativas reunió a las y los participantes para conocer sobre las semillas nativas de la región de Quetzaltenango, en el país centroamericano, para promover el cuidado de la biodiversidad y la soberanía alimentaria a través del apoyo a emprendimientos e iniciativas comunitarias y la defensa y cuidado de las semillas y especies locales.

En la cosmovisión maya, las semillas nativas están estrechamente relacionadas con la espiritualidad al considerarse con mayor conexión la naturaleza: «son el futuro de la conservación de las especies que existen en la Casa Común», explica Marijose Yac, parte del equipo acompañante y coordinador de la Asociación. «Las semillas tienen un profundo simbolismo porque representan la vida, la fertilidad y la conexión con los antepasados. También forman parte de nuestra ritualidad porque se utilizan en ceremonias para pedir por la fertilidad de la tierra, la lluvia y la abundancia», agrega.

Las y los participantes compartieron y dialogaron sobre diferentes semillas presentes en sus comunidades, además de participar en jornadas de formación con expertos en cultivos, tipos de semillas, aspectos jurídicos sobre la protección de estas, reservorios, entre otros.

A través de estas reflexiones, las y los participantes concluyeron que recuperar las semillas nativas es importante para proteger el equilibrio ecológico, contribuir a la seguridad alimentaria y, además, proteger y resguardar la memoria y la identidad de los pueblos que las cultivan y reproducen. «Estas semillas son como nuestros pueblos originarios: resistentes y resilientes, como nosotros los indígenas que nos mantenemos en esta resistencia centenaria y nos regeneramos con los valores y la fuerza de nuestra cultura y nuestra espiritualidad», dice Marijose Yac.

*Imágenes: Cortesía Asociación Qajb’al Q’ij