La Asociación Qajb’al Q’ij de Guatemala, parte del Apostolado Social de la Compañía de Jesús en Centroamérica, organiza desde más de una década el Congreso de Teología India, un encuentro anual que reúne a pueblos originarios para la reflexión sobre modos de vida desde un punto de vista teológico. Este año, el Congreso se centró en el arte y la resistencia de estos pueblos.
El primer Congreso de Teología India que convocó la Asociación Qajb’al Q’ij, parte del Apostolado Social de la Compañía de Jesús en Centroamérica, data del año 2012. En ese encuentro, las y los asistentes se encontraron en Quetzaltenango, Guatemala, y reflexionaron sobre «el caminar de nuestros abuelos y abuelas para fortalecer nuestra identidad como pueblos originarios», de acuerdo con la Asociación.
Aquel primer espacio sembró la semilla para la siguiente década: desde 2012, Qajb’al Q’ij ha organizado 11 Congresos de Teología India en los que han dialogado y reflexionado sobre diversas temáticas desde un punto de vista teológico en un espacio de encuentro y fraternidad entre culturas. La reflexión de 2012, en la que las y los asistentes buscaban «andar y mostrar los caminos planos y rectos desde la experiencia de abuelas y abuelos» para construir sus propias experiencias como pueblo de Dios para un futuro más digno, creció, se diversificó a lo largo de estos años y hoy continúa generando frutos.

Durante estos 13 años, Qajb’al Q’ij ha puesto sobre la mesa el diálogo sobre el rostro de Dios en las culturas indígenas, la herencia ancestral, las miradas al calendario maya como fuente de vida en la siembra y el servicio, la unidad de los pueblos, la revelación de Dios en las juventudes indígenas, el cuidado de la Casa Común y la Madre Tierra y el agua como fuente de vida y unidad.
Entre el 24 y el 27 de octubre, la Asociación convocó el XI Congreso Mesoamericano. Este año, la reflexión giró en torno al arte y la resistencia desde los pueblos originarios. En este espacio, participaron personas de los pueblos Q’anjob’al, K’iche’, Mam, Poqoman, Poqomchi’, Kaqchikel, Sakapulteko, Q’eqchi’, Ixil, Akateko, Achi, Tojolab’al, Chortí, Xinka, Creole, Nahuatl, Tolupan, Lenca y Mestizo, provenientes de México, Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala.

El mensaje final del encuentro, que reúne un compilado de las reflexiones comunitarias, hace hincapié en la resistencia de estos pueblos: «Durante décadas los pueblos hemos resistido para mantener presente nuestra cultura en los territorios de nuestros países, luchando de maneras distintas para que se respeten nuestras tradiciones», dice.

Una de las artes principales de estas culturas, explica el documento, es el amor y la defensa de la Madre Tierra. Esto se manifiesta, por ejemplo, en las prácticas de trabajo de la misma: «no utilizando ninguna clase de pesticida químico, tomando distancia así de un modelo de explotación agrícola que no respeta a la Madre Naturaleza y sus bienes».

Las y los asistentes también reflexionaron sobre nuevas formas de exclusión y «represión» a los pueblos originarios. Así, enlistan el despojo de tierras, la discriminación, el racismo estructural y social, la marginación, la criminalización, la negación cultural y el no reconocimiento de sus propios sistemas de organización.
Entre las conclusiones de este espacio, el mensaje final menciona la resistencia desde la memoria histórica, a través del ejercicio de mantener vivas prácticas ancestrales, lenguas, danzas y otros modos de vida de estos pueblos, además de seguir firmes en la defensa de los territorios y los bienes naturales. «Para ser verdadero cristiano, discípulo de Jesucristo, no se tiene que renunciar a la propia identidad cultural indígena. Más aún que es el mismo Espíritu Santo quien ha sembrado las Semillas del Verbo en todas las culturas y por lo tanto también en la maya», concluye el mensaje.
*Imágenes: cortesía Qajb’al Q’ij
