A la luz del Decreto 14 de la Congregación General 34 de la Compañía de Jesús, Yolanda González, coordinadora provincial del Apostolado Social en Centroamérica, nos invita este 8 de marzo a reconocer el aporte de las mujeres en nuestro cuerpo apostólico y seguir asumiendo el desafío de construir relaciones más justas no solo como un acto de memoria, sino como una tarea urgente para nuestras sociedades, nuestra Iglesia y la misión que compartimos.
Que la igualdad esencial de la mujer sea una realidad vivida. ¡He ahí un auténtico “signo de los tiempos”! (Decreto 14- CG 34)
Por Yolanda González – Coordinadora Provincial del Apostolado Social Centroamérica
En este mes de marzo hacemos memoria de la lucha de las mujeres por la igualdad y la justicia, y rendimos homenaje a todas las mujeres que han aportado a ella. Las que lo hacen con su trabajo silencioso, y las que incluso dieron su vida, como las 129 mujeres que murieron un 8 de marzo de 1908 en Estados Unidos por exigir el reconocimiento de sus derechos laborales, o mártires como Berta Cáceres, asesinada el 2 de marzo de 2016 por defender la dignidad de su pueblo lenca en Honduras.
En una Centroamérica desgarrada, soñar con nuevos modelos democráticos y sostenibles solo es posible si desde nuestras realidades contribuimos a construir tejidos sociales, económicos y culturales en los que mujeres y hombres podamos vivir con dignidad y aportar en igualdad de condiciones a ese sueño. Para lograrlo, aún nos quedan muchas brechas por cerrar y mucho camino para desaprender una cultura patriarcal tan enraizada en nuestras sociedades.
Este probablemente sea uno de los mayores desafíos para una Iglesia y una Compañía de Jesús con una tradición jerárquica y vertical. El Decreto 14 de la Congregación General 34 ya nos hacía un llamado, hace más de 30 años, a atender las dinámicas injustas que sufren las mujeres, que “se extiende cada vez más a través de clases y culturas; y toca personalmente a nuestros colaboradores, especialmente mujeres laicas y religiosas”. En este sentido, el Decreto urgía “a traducir la teoría en práctica, no solo fuera, sino dentro de la Iglesia”. Porque, a fin de cuentas, el testimonio que acompaña la palabra es lo que siembra transformaciones profundas y duraderas.
Las orientaciones estratégicas de la Comisión del Apostolado Social (CPAS) nos animan a impulsar un proceso transformador, que nos permita educar, sensibilizar e institucionalizar el tratamiento igualitario hacia las mujeres en la Compañía de Jesús en Centroamérica, y que reduzca las brechas de género que existen en la misión que nos convoca. Y no solo por una cuestión de justicia, sino porque las voces, experiencias y miradas de las mujeres enriquecen esa misión compartida.
Con mucha alegría, compartimos que esas semillas han ido teniendo pequeños frutos. Mujeres centroamericanas vinculadas a las obras de la Compañía de Jesús de todos los sectores apostólicos han empezado a sumarse a diálogos regionales. Ya en tres países de la provincia se llevan a cabo encuentros presenciales de mujeres representando a las diversas obras, espacios de conocimiento, reconocimiento mutuo y reflexión, que van poniendo las bases para construir de manera colectiva propuestas transformadoras que incluyan al cuerpo apostólico. Tenemos confianza en que esta semilla se regará al resto de los países en un futuro cercano.
Aun queda mucho camino y pasos que dar, en nuestra realidad centroamericana y en nuestra realidad de Iglesia y de cuerpo apostólico en la Compañía de Jesús. Pero estamos convencidas de que es el trabajo enraizado, la audacia de buscar nuevas maneras de relacionarnos, y la decisión de promover la justicia de género como un modo de proceder tanto a lo interno de las obras como en las transformaciones que soñamos para nuestros pueblos, desde donde podremos lograr verdaderos cambios para que la cultura de la igualdad se vuelva costumbre.
