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A cincuenta años de su camino como Provincia, la Compañía de Jesús en Centroamérica mira con gratitud el legado recibido y con esperanza los desafíos del futuro. En este recorrido, la formación de jesuitas ha sido una apuesta esencial, fortalecida en los últimos años por nuevos espacios de acompañamiento, organización y apertura a la universalidad. P. Daywing Duarte, S.J., delegado de formación de Centroamérica, nos invita hoy a mirar con esperanza el don de la formación: uno que transforma vidas y reafirma vocaciones y misiones.

Celebrar cincuenta años de ser Provincia es abrir el corazón a la gratitud y dejar que la memoria nos hable con fuerza. Somos conscientes de que este camino no se ha construido de manera aislada, sino gracias a la entrega generosa de tantos jesuitas y laicos que, con su compromiso y fe, a lo largo del tiempo, han hecho posible que la formación de los nuestros siga siendo un espacio de crecimiento apostólico, humano y espiritual.

Desde el año 2019, las voces de los escolares y hermanos en formación comenzaron a resonar con mayor claridad, impulsando un proceso de reflexión y trabajo interno que nos llevó a reconocer la necesidad de fortalecer nuestra estructura formativa. Ese eco de voces jóvenes, llenas de esperanza y búsqueda, fue el motor que nos condujo a la formalización en el 2024 de la oficina de formación y al nombramiento de un delegado/asistente de formación con funciones específicas dentro del gobierno provincial. Este paso marcó un hito en nuestra historia, pues nos permitió dar mayor organicidad y acompañamiento a los procesos formativos.

En estos dos años, hemos podido acompañar de manera cercana a los escolares en sus distintas etapas de formación, distribuidos en diez provincias y en contextos geográficos diversos. Esta riqueza de realidades nos confirma que la formación, cuando se abre a lo universal, se convierte en fuente de bendiciones, herramientas y experiencias que enriquecen profundamente a la Provincia de Centroamérica.

Es una verdadera gracia constatar los procesos que viven los escolares, evidenciando un crecimiento humano y espiritual sostenido por la acción de Dios. También hemos logrado formalizar visitas a comunidades, apostolados, lugares de magisterio y centros de formación, fortaleciendo así la conexión entre la Curia y los distintos itinerarios formativos.

Hoy, en este presente que celebramos, nos sentimos llamados a vivir con compromiso y entusiasmo. La actualización del plan de formación sigue avanzando, y confiamos en que pronto estará listo para animar de manera más orgánica las diferentes etapas. Este esfuerzo refleja nuestra convicción de que la formación debe responder a los desafíos actuales, sin perder la raíz espiritual que nos sostiene.

La apertura del Juniorado como etapa de formación en la Provincia está siendo de mucho provecho. Nos permite acompañar más de cerca a los escolares y hermanos, brindándoles la oportunidad de abrirse con mayor libertad y soltura a la formación universal de la Compañía. Del mismo modo, hemos trabajado en el fortalecimiento de la etapa de magisterio, consolidando espacios que aporten a la integración y el aprendizaje apostólico y a la vivencia de la fe.

Los encuentros de maestrillos y los encuentros de formación se han convertido en momentos privilegiados para conocer la Provincia y estrechar lazos de amistad. Estos vínculos, que nacen de la fraternidad y el compartir, se transformarán en lazos de colaboración que enriquecerán nuestro futuro común.

Además, hemos avanzado en la práctica de dar seguimiento y registrar los procesos formativos, lo que nos permite tener una visión más clara y sistemática de los pasos que se van dando. Este presente vivo nos invita a seguir caminando con confianza, sabiendo que cada esfuerzo suma en la construcción de una formación integral.

Miramos hacia adelante con ilusión y esperanza. Los próximos años nos desafían a continuar consolidando lo que hemos iniciado, a abrirnos a nuevas realidades y a responder con creatividad a los cambios que la vida nos presenta.

Queremos que la formación siga siendo un espacio donde los escolares y hermanos puedan consolidar su vocación con mayor claridad, acompañados en cada etapa por procesos claros y humanos. El horizonte nos invita a profundizar en la universalidad de la Compañía, preparando a los nuestros para que sean capaces de dialogar con culturas diversas y aportar desde su fe y compromiso a la construcción de un mundo más justo y fraterno.

Nos proponemos seguir fortaleciendo la práctica de acompañamiento cercano, la actualización constante de los planes formativos y la apertura de espacios que permitan a los escolares y hermanos crecer en libertad, creatividad y responsabilidad. Animarlos a la formación artística, el aprendizaje de lenguas y la integración comunitaria seguirán siendo horizontes que fortalezcan este camino.

Celebrar cincuenta años es reconocer que hemos sido bendecidos por la gracia de Dios y por la entrega de tantos jesuitas que han hecho posible tanto bien en Centroamérica. Pero también es mirar hacia el futuro con confianza, sabiendo que Dios siempre estará presente, que todo futuro será mejor. Con compromiso y esperanza, seguimos caminando, convencidos de que la formación en la Compañía es un don que nos transforma la vida y que, en su universalidad, enriquecerá grandemente a nuestra Provincia Centroamericana.

P. Daywing Duarte, S.J., delegado de formación