El Salvador, en Centroamérica, acoge nuevamente el Mes Arrupe, la experiencia de discernimiento que, en esta ocasión, reúne a 16 jesuitas de distintas Provincias próximos a la ordenación sacerdotal para reflexionar sobre la vida, la vocación jesuita y el ministerio: una invitación del Pueblo de Dios a servirle.
El Salvador, en Centroamérica, acoge nuevamente el Mes Arrupe, que en su edición de 2025 reúne a 16 jesuitas de distintas Provincias y regiones del mundo para promover el diálogo interior, el encuentro con otros compañeros y la profundización en la convicción de la vida sacerdotal.
Desde finales de diciembre de 2025, estos compañeros participan en una jornada que la Compañía de Jesús propone a los estudiantes próximos a la ordenación sacerdotal para reflexionar sobre la vida y la vocación jesuita. A través de talleres de afectividad y sexualidad, Ejercicios Espirituales, talleres de sacerdocio y el caminar y compartir con las comunidades salvadoreñas, estos 16 jesuitas realizan un ejercicio profundo de discernimiento vocacional a la luz del ministerio de la Iglesia.
La ordenación sacerdotal es algo que se recibe: la Iglesia, el Pueblo de Dios invita a estos hombres a servirle como sus ministros, dice P. Hernán Quezada, S.J., delegado de formación, juventudes y vocaciones de la Conferencia de Provinciales jesuitas de América Latina y el Caribe (CPAL) que acompaña la jornada. Este mes, entonces, funciona con la idea de que los jesuitas próximos a ordenarse se «contemplen frente al recibimiento de este encargo del Pueblo de Dios»: «Hay que ver cómo está la experiencia de vida, cómo están la madurez afectivo-sexual, la cercanía con el Señor, la vida de oración, cómo estamos listos para recibir este este ministerio que es una nueva etapa en la formación de un jesuita«, explica P. Hernán.
Sobre acompañar el Mes Arrupe, P. Hernán señala la riqueza de caminar junto a estos compañeros para apreciar y entender cómo suscita el Espíritu Santo en distintos corazones: contemplar «esa universalidad del Espíritu» a la luz de otras experiencias apostólicas enmarcadas en el paso por la Iglesia Centroamericana, específicamente la salvadoreña.
«Es valioso sentirnos recibidos y acompañados por este pueblo que, además de la riqueza martirial que ha marcado la historia de la Compañía, es una Iglesia bastante original«, agrega. La aproximación a la historia centroamericana es, en palabras de P. Hernán, acercarse a una Iglesia que supo encarnarse, vivir la cruz de Cristo y también vivir y ser resurrección.

En esta edición del Mes Arrupe participan tres compañeros centroamericanos: Benjamín Sánchez Selva (NIC), Rosa Ademir Arévalo (SLV) y Joel Hernández Díaz (HON).
El Mes Arrupe mantiene viva la invitación que P. Pedro Arrupe hiciera en 1979 a los candidatos a la ordenación sacerdotal para participar en un ejercicio profundo de reflexión previa. Porque el sacerdocio jesuita es hoy participar con el deseo de Dios de responder al clamor de su pueblo, señala P. Hernán Quezada, S.J. Ante esto, el discernimiento del Mes Arrupe es clave: «porque si se trata de construir el Evangelio, hay que ver cómo están los terrenos».
