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¿De qué manera Ignacio  nos inspira hoy para renovar la misión en las universidades que dirigimos o acompañamos? Conversamos en #EspírituIgnacianoHoy con P. Miquel Cortés Bofill, S.J., y P. José Antonio Rubio, S.J., de la Universidad Rafael Landívar, al respecto.

 

Ignacio de Loyola comenzó su vida universitaria en París en 1528, donde estudió teología y filosofía y conoció a sus primeros compañeros, dando origen a la Compañía de Jesús. Para él, el estudio era más que conocimiento: era un camino para entender el mundo, discernir libremente y comprometerse en un servicio auténtico a los demás.

Las universidades jesuitas, inspiradas en esta experiencia, buscan formar integralmente, promoviendo no solo la excelencia académica, sino también la madurez humana, espiritual y compromiso social.

¿De qué manera la experiencia de Ignacio y sus búsquedas nos inspiran hoy para renovar la misión en las universidades que dirigimos o acompañamos?

-P. Miquel Cortés Bofill, S.J., Rector de la Universidad Rafael Landívar y Coordinador del sector universidades PROCAM, reflexiona:

Ciertamente la experiencia universitaria de Ignacio y primeros compañeros en Paris ha marcado uno de los apostolados más importantes de la Compañía de Jesús a lo largo de la historia.

Desde la fundación de la Compañía se inició con el apostolado educativo tanto en colegios como en universidades.

Actualmente hay cerca de 200 universidades confiadas a la Compañía de Jesús en el mundo.  En Centroamérica en los años sesenta del siglo pasado se fundaron las tres universidades de la Provincia. La UCA de Nicaragua (hoy lamentablemente confiscada por la dictadura Ortega-Murillo), la UCA de El Salvador y la Rafael Landívar de Guatemala. Desde los inicios se pensó en una articulación de las tres universidades. Actualmente seguimos en una articulación en red entre la UCA de El Salvador y la Rafael Landívar con un plan de trabajo y acciones conjuntas.

Hoy las Universidades jesuitas y especialmente las de la Provincia están comprometidas no sólo en la excelencia académica con transformaciones educativas y curriculares importante, sino también en la transformación digital y tecnológica, pero sobe todo en la transformación social con incidencia local y global.

El apostolado educativo y especialmente universitario es un compromiso por la construcción de un futuro esperanzador a favor de miles de jóvenes centroamericanos. Un compromiso de esperanza sostenida en nuestra identidad ignaciana y en nuestros valores y principios éticos.

Son muchos los desafíos que enfrentamos como universidades jesuitas fieles a la identidad y misión confiada. Las universidades a través de sus funciones sustantivas de formación, investigación y proyección social deben interpretar las incertidumbres de todo tipo y cultiva un verdadera discernimiento intelectual y colectivo en la búsqueda de la verdad dialogante con la realidad y especialmente proponer rutas de superación frente la pobreza y situaciones de injusticia estructural.

El diálogo no sólo de saberes sino también de ideología y culturas debe de ser una característica del legado humanista que nos dejó San Ignacio y compañeros jesuitas. Debemos poner énfasis en la formación de líderes y lideresas éticos y comprometidos con la transformación social y visionarios en un futuro esperanzador. Debemos formar hombres y mujeres con y para los demás, ciudadanos globales pero enraizados en los territorios y con mirada trascendente.

Debemos ser formadores que inspiren y testimonien la credibilidad de la coherencia personal y colectiva en favor de sociedades más justas y fraternas.

Confiamos en que el trabajo de colaboración entre los responsables de los ámbitos universitarios y el trabajo en red con los demás sectores apostólicos logre un mayor impacto en la construcción de una ciudadanía trascendente, comprometida e inspiradora de los valores del Reino de Dios.

-P. José Antonio Rubio, Vicerrector de Integración Universitaria de la URL, nos cuenta:

Nuestro modo de ser universidades ante el panorama mundial, nos recuerda la responsabilidad que tenemos en la construcción de una visión ética, humanista y espiritual que contribuya a la creación de un presente esperanzador cimentado en la dignidad humana, la justicia social, la paz y la búsqueda del bien común.

Desde esta perspectiva, el itinerario místico de Ignacio de Loyola, y el umbral que abrió junto con los Primeros Compañeros en relación con nuestro modo de estar en el mundo, nos sigue recordando que para renovar la misión del apostolado universitario es necesario beber de las fuentes de nuestra identidad ignaciana y jesuita (y fortalecerla en todos los miembros de las comunidades universitarias), cuyo hontanar es el amor de Jesús de Nazaret, cuya vida abrió y recorrió un camino de justicia y reconciliación que hace posible la fraternidad universal.

Beber de esta Fuente posibilitará que las universidades jesuitas se sumerjan en la óptica divina para adquirir y encarnar la mirada divina en todas sus funciones sustantivas. Tal mirada no es otra que la mirada de los que sufren la injusticia.