¿Podemos renovar el espíritu de San Ignacio de Loyola para acompañar con respeto y esperanza a quienes migran en nuestra región? La hermana Norma Hernández, de la Red Jesuita con Migrantes de Centroamérica, nos invita a reflexionar a la luz del #EspírituIgnacianoHoy sobre las formas en que acompañamos a nuestros migrantes.
La espiritualidad y el modo de acompañar que Ignacio de Loyola promovió en la Compañía de Jesús inspiran un estilo de compromiso profundo con las personas en movimiento. En Centroamérica, donde muchas familias han vivido el dolor de la separación y el exilio, este enfoque nos llama a escuchar sus historias, respetar su dignidad y acompañarlos en su búsqueda de reconstrucción y esperanza.
¿Qué nos sigue enseñando Ignacio con su forma de acompañar y estar cerca? ¿Cómo podemos renovar ese espíritu para acompañar con respeto y esperanza a quienes viven la migración forzada y el retorno en nuestra región?
-Hermana Norma Hernández, de la Red Jesuita con Migrantes de Centroamérica, nos comparte la siguiente reflexión:
Nos sigue interpelando a “encontrar a Dios en todo y en todos” para continuar posibilitando esa cercanía de Dios en esas realidades tan complejas donde pareciera que Dios se aleja y no habla, poner allí el corazón y la vida y seguir comprometiéndonos. Para ello el discernimiento sigue siendo un elemento clave que nos invita a tener los sentidos abiertos y “gustar de esa presencia” encarnada, porque Dios sigue actuando en su pueblo pobre y se hace presente en esos contextos de violencia y muerte; contextos marcados por la incertidumbre y la desesperanza, el fracaso; pero allí está la vida. Encontrarnos con Dios y comprometernos con el sufrimiento de tantas víctimas, mujeres y hombres desplazados, caminando en busca de un lugar mejor, que requieren ser acompañados, escuchados, acogidos, consolados, curados de tantas heridas y visibilizar sus clamores para convertirlos en esperanzas, porque en medio de las dificultades ellos son los que nos acercan al crucificado que vence la muerte y resucita y sigue tercamente haciendo posible la vida.
¿Cómo podemos renovar ese espíritu para acompañar con respeto y esperanza a quienes viven la migración forzada y el retorno en nuestra región? Poner el corazón más en las obras que en las palabras”, obras que a veces simplemente requieren del ejercicio de la escucha y la cercanía, en contextos marcados por el rechazo y la xenofobia donde se criminaliza a la persona migrante el ejercicio de la hospitalidad y la acogida es contundente y fundamental en la tarea de sentirnos hermanos y hermanas. Recordar que trabajamos con ellos y no para ellos es fundamental, porque aquellas personas que viven la migración y el desplazamiento tienen algo que decir y aportar a nuestra labor de acompañar. La pedagogía ignaciana busca que la persona crezca y tome sus propias decisiones en este sentido apostar por un acompañamiento sin dependencias, posibilitando el empoderamiento del sujeto es un desafío en la tarea que realizamos.
