La UCA de Nicaragua fue, durante más de seis décadas, un faro de conocimiento, justicia y compromiso social. Hoy, a dos años de que el régimen de Daniel Ortega ordenara su cierre, P. Rolando Alvarado, S.J., rector en aquel momento, recuerda su misión, sus aportes a la sociedad y la necesidad de mantener vivo el espíritu universitario jesuita como fuerza de cambio y esperanza.
P. Rolando Alvarado, S.J., rector de la Universidad Centroamericana (UCA) de Managua, Nicaragua, al momento del cierre que el régimen de Daniel Ortega ordenara dos años atrás, el 15 de agosto de 2023, nos invita a recordar el legado de la institución. En esta entrevista, conversa sobre el papel de la universidad jesuita en el contexto social en el que se desempeña, la tradición universitaria jesuita en Centroamérica, la historia de la UCA, sus aportes a la sociedad nicaragüense, sus logros y la importancia de mantener vivo el legado de esta como símbolo de resistencia y defensa de la justicia, la verdad y los derechos humanos. Su mensaje: la UCA sigue viva, y volveremos a servir.
La UCA de Nicaragua fue la primera universidad jesuita en Centroamérica. ¿Qué aportes y logros destacaría de su historia?
En julio de este año la UCA de Nicaragua cumpliría 65 años de haber sido fundada. Fue eliminada al cumplir 63. ¿Aportes al país? el más importante fueron los miles de profesionales que pasaron por sus aulas; la preparación seria y de calidad que ofrecía; defendió siempre la democracia y los derechos humanos -esto le costó la vida-; apoyó el desarrollo integral del país -desde los años 80 y 90 del siglo pasado participó en proyectos locales de mejora social en el área de producción y consumo, agua potable, vivienda social, etc- llegamos a estar presentes con este tipo de proyectos comunitarios teniendo como socios a líderes locales -varones y mujeres- en no menos del 75% de municipios del paìs que andaban por los 150; contribuimos a realizar el mapa de la pobreza y el mapa ecológico del país; mostramos que era posible y necesario y beneficioso para todos la alianza universidad y empresa; nos adentramos con respeto y aprecio, y defendimos lo multiétnico y pluricultural en la zona atlántica del país tradicionalmente abandonada, desconocida y ultrajada, etc.
Las universidades jesuitas en Centroamérica, como en El Salvador y en Nicaragua, han tenido roces con gobiernos y regímenes a lo largo de sus historias. ¿Por qué cree que esto ocurre?
Los roces y desencuentros son inevitables cuando el modelo de gobierno en cuestión y el modelo de universidad chocan en el criterio central: el bien del país a mediano y largo plazo y el bien de su población. Sobre todo de los más fregados. Nuestros gobiernos han tendido a ser cortoplacistas, a no distinguir la gestión gubernamental de las políticas de estado y a no saber lidiar con una opinión pública crítica, informada y formada éticamente. Nuestras universidades no pretenden estar en la oposición de nada y de nadie sino apoyar o criticar, según sea el caso, todo aquello que convenga o perjudique al país y violente los derechos humanos en sus tres generaciones.
¿Cómo se equilibró la misión universitaria de la UCA con las presiones de los contextos políticos adversos de Nicaragua?
Los contextos políticos hay que verlos en perspectiva, por definición son transitorios aunque algunos pretendan o crean lo contrario. La misión universitaria es, a mi modo de ver, ante todo cultural -lo suyo es la ciencia, el conocimiento, los valores, la mentalidad, lo ético, etc-, no es una misión política en el sentido de legitimación u oposición al poder. El quehacer universitario, como sugería el rector mártir Ellacuría, posee, reconoce y ejerce la fuerza de la razón, no la arrogante y prepotente razón de la fuerza. Es un equilibrio muy difícil cuando se pretende y se presiona para hacer de la misión universitaria un centro avalador de lo irracional, injusto e inhumano.
¿Qué significa para usted la UCA más allá de sus edificios y aulas?
La UCA de Nicaragua es un símbolo de la resistencia a lo irracional, a lo injusto, a lo inhumano. Les decía a los responsables de las distintas áreas de la Universidad: “seamos quienes somos o no seamos”. A las actuales autoridades políticas del país le resultó incompatible su modelo de gobierno con nuestro modelo de universidad. Por ello nos eliminaron. Fue una venganza y al mismo tiempo un curarse en salud. No hay que olvidar que desde el 2018 el “vamos con todo” -la orden que emitió en su momento la copresidenta- se tornó en “controlarlos a todos”…la UCA era e iba a ser muy difícil controlarla por eso era necesario borrarla del mapa, eliminarla.
¿Cómo vivió la comunidad universitaria de Nicaragua la solidaridad de otras universidades jesuitas y católicas de Centroamérica y el mundo?
Siempre agradecimos la solidaridad moral. Y desde el 2018 al 2023 también la solidaridad material que nos brindó mucha gente y variedad de instituciones.
¿Cómo imagina que la UCA —como espíritu y misión— puede seguir viva, incluso sin sus instalaciones físicas en Managua?
Mantener viva a la UCA es todo un reto. En la lección inaugural de la misma afirmó el escritor José Coronel Urtecho que la UCA era una “aventura del espíritu”. Toca a la comunidad universitaria: sus egresados, sus exestudiantes, su exdocentes, investigadores y líderes mantener vivo ese espíritu.
Si pudiera definir en pocas palabras el legado de la UCA, ¿Cuáles serían?
Resumiría el legado del servicio de la UCA al país y a la región con tres palabras: pertinencia, calidad y coherencia.
¿Cómo cree que deberíamos recordar a la UCA en Nicaragua dentro de 10, 20 o 50 años?
Habrá una II Época de la UCA. No hay que olvidar que durante el período colonial de la región los jesuitas tuvimos por más de 100 años el Colegio de nivel universitario, San Lucas en Guatemala y volvimos a servir universitariamente a la región desde la segunda mitad del siglo XX. Volveremos a servir, Dios mediante, universitariamente a Nicaragua cuando sea viable. No sé cuándo será eso, pero es mi convencimiento. Mientras tanto hay que mantener vivo su recuerdo y su ejemplo. Gracias por esta entrevista que es una manera modesta de recordarla.
