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En esta conversación, Ana Valeria Mairena, coordinadora de las comunidades MAGIS Centroamérica, nos comparte más sobre quién es ella, lo que la mueve e inspira, qué son las comunidades MAGIS, cómo viven la espiritualidad ignaciana y el caminar en comunidad. Además, nos invita a reflexionar: ¿vale la pena apostarle a estas comunidades en nuestras realidades complejas?

Desde 2024, Ana Valeria Mairena, joven centroamericana, coordina las comunidades de jóvenes MAGIS en el territorio centroamericano. Ana Valeria se considera a sí misma como una joven en búsqueda de constante balance, además de ser alguien que valora la oportunidad de acompañar y ser acompañada. De aquí la inspiración para caminar en comunidad junto a jóvenes de la región en MAGIS Centroamérica.

En esta entrevista, Ana Valeria nos comparte más sobre ella, lo que la mueve e inspira, qué son las comunidades MAGIS, cómo viven la espiritualidad ignaciana y cómo caminan en comunidad. Además, nos invita a reflexionar sobre la labor de acompañar: ¿vale la pena en nuestros contextos?

¿Quién es Ana Valeria?, ¿qué la mueve/inspira?

Soy una chavala que está en una constante búsqueda de balance. Me gusta mucho compartir con las personas y dedicarle tiempo a mis seres queridos, pero también disfruto mi tiempo a solas. Me considero alguien con poca batería social, así que el tiempo conmigo misma también es necesario para recargarme. Soy una persona que disfruta y admira el arte en todas sus formas, aunque no sea para nada una experta. Mi principal fuente de inspiración es compartir con las personas. O, específicamente: acompañar y permitirme ser acompañada. Para mí es sagrado el espacio entre dos o más personas donde nos permitimos ser vulnerables, abrir nuestro corazón, compartir nuestros miedos y, entre todos, darnos apoyo y ánimos. Eso lo valoro mucho y cada que alguien me da la oportunidad de un espacio como estos, lo agradezco mucho y me deja muy inspirada.

¿Qué son las comunidades MAGIS?, ¿Qué hacen y por qué?

La comunidad MAGIS es la respuesta al deseo de la juventud centroamericana de vivir en comunidad. Somos una comunidad de vida que reúne a jóvenes entre los 18 y 30 años. Lo que queremos es seguir a Jesús teniendo como base la espiritualidad ignaciana. Nos reunimos para orar, para formarnos y para ponernos al servicio de los demás. A través de todo esto, lo que queremos es acompañarnos en nuestros procesos personales para descubrir y desarrollar nuestras vocaciones.

¿Cuándo te enterás de su existencia?

La comunidad MAGIS empieza a caminar después de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) 2019. La historia va así: la Compañía de Jesús promueve la experiencia MAGIS previa a cada jornada, de modo que esta sirve de preparación. En el 2019, se llevó a cabo en Centroamérica, entonces cada país reunió un grupo de jóvenes para que viviéramos las dos experiencias. Yo recibí la invitación porque formaba parte del voluntariado de mi universidad y en ese momento yo dije que sí porque me llamaba la atención vivir un evento tan grande: quería viajar y conocer otras personas. Lo realmente significativo fue que luego, cada vez que alguien me preguntaba qué me había gustado más, yo siempre hablaba de la experiencia MAGIS. Esa fue la misma situación para la mayoría de quienes fuimos: nos quedamos con ganas de explorar más del MAGIS, de conocer más de la espiritualidad ignaciana. Sobre todo, nos quedamos con el deseo de seguir compartiendo el camino.

¿Cuál ha sido tu camino en las comunidades MAGIS? Podrías hacernos un breve recorrido por cómo has ido creciendo aquí.

Mi comunidad ha sido un lugar seguro para desarrollar mis talentos. Me han dado la confianza para intentar nuevas cosas, para equivocarme, aprender y volver a intentar. La mayoría de retos que he tomado han sido con la inspiración de que cuento con su respaldo y apoyo siempre. Al inicio de la comunidad, yo dirigía y organizaba actividades de integración en los encuentros que teníamos. Luego, en 2021, mi comunidad local me eligió como coordinadora, un rol que me permitió desarrollar mi liderazgo y ponerme al servicio de la comunidad a través del acompañamiento, la organización y la escucha. Ese rol también me permitió involucrarme con la planeación en toda Centroamérica y ayudar a organizar diversas actividades y participar en la construcción de nuestro documento constitutivo, que le dio una base a nuestra comunidad. Así, en 2024, también me confiaron el rol de la coordinación general que es el rol que sigo ejerciendo actualmente estando siempre al servicio de la comunidad pero a una escala más alta. Todo esto me ha ayudado a crecer: no solo en la comunidad, sino en todos los aspectos de mi vida. Es algo por lo que siempre voy a estar agradecida.

¿Cómo definirías la espiritualidad ignaciana?, ¿Qué te llama la atención en particular de ella?

Yo defino la espiritualidad ignaciana como un camino hacia dentro que te prepara para servir mejor a las personas. Lo que me llama más la atención es que todos la vivimos de una manera diferente. Aunque compartimos las mismas herramientas y tenemos puntos en común, el camino se ve diferente para todas las personas y la manera en que servimos también es diferente. Uniendo todas estas diferencias, es que logramos un cambio verdadero.

¿Cuáles son los desafíos y esperanzas de MAGIS CAM?

Uno de los desafíos es el compromiso. Hoy en día, los jóvenes estamos cada vez más saturados y estimulados, lo que hace que queramos probar y vivir de todo sin comprometernos a nada. Por eso mismo, hay gente que no apuesta por la juventud, que es otro desafío para nosotros.

Nuestra esperanza es que, quien se acerque a MAGIS, pueda ver el potencial de los jóvenes, vernos como compañeros en misión. Porque tenemos la capacidad de evangelizar y de ayudar a la construcción del reino. Queremos, también, seguir siendo un espacio seguro para los jóvenes centroamericanos que quieran seguir encontrando a Jesús desde la espiritualidad ignaciana.

¿Vale la pena apostarle a comunidades de este tipo en nuestros contextos complejos?, ¿Por qué?

Los jóvenes somos quienes construimos el futuro, pero en nuestro día a día nos sentimos pequeños o abrumados. Pensamos que no somos capaces de nada… Pero las comunidades de vida son los espacios en los que recuperamos nuestra esperanza; en donde, de manera colectiva, nos atrevemos a soñar; en donde hablamos con libertad; en donde nos podemos cuestionar todo y aprender juntos y así también crear herramientas y redes que faciliten la creación de un mundo más cristiano, más empático y más justo. Hoy en día, la sociedad nos impulsa cada vez más al individualismo, pero las comunidades de vida nos enseñan que el camino tiene que ser compartido.