A 56 años de su fundación, Centro Loyola sigue, a la luz del Evangelio, en pie en su compromiso de acompañar a las personas en su crecimiento espiritual y humano a través de la espiritualidad ignaciana. En esta reflexión, P. Carlos Manuel Álvarez, S.J., director de la obra, recuerda el legado de su fundador, los frutos cosechados a lo largo de más de cinco décadas y los desafíos que hoy invitan a seguir adelante con esperanza.
Este 16 de junio, Centro Loyola conmemora 56 años de servicio a la Iglesia y a la sociedad salvadoreña y centroamericana. Fundado por el P. Fermín Sainz, S.J., el centro nació con el propósito de acercar la espiritualidad ignaciana a más personas y promover, al mismo tiempo, procesos de formación humana integral. Más de medio siglo después, esa misión continúa vigente gracias al trabajo de quienes mantienen vivo su legado.
En esta ocasión, P. Carlos Manuel Álvarez, S.J., director de la obra, comparte una mirada sobre la historia, los aportes y los retos actuales de la obra, recordando que, pese a las dificultades de cada época, la invitación a encontrarse con Dios y crecer como personas sigue siendo una fuente de esperanza para el presente y el futuro.
«Centro Loyola cumple hoy 56 años desde su formación por P. Fermín Sainz, S.J., psicólogo, discípulo de Carl Jung, hombre de Dios que pensó en la espiritualidad ignaciana no solo para el contexto salvadoreño, sino centroamericano. Lo que dio vida a Centro Loyola es lo que seguimos haciendo en la actualidad. Creería yo, sí, que con más esfuerzo. Porque, quizás, en los años de fundación había más apertura a los ejercicios espirituales… Ahora, no sé si llamar resistencia, pero sí encontramos un poco más de dificultad para convocar a este encuentro profundo con Dios que son los ejercicios espirituales.
Esto, sin embargo, no nos desanima. El legado de P. Fermín sigue teniendo hoy el mismo valor, esfuerzo y deseo de impulsar el conocimiento de la espiritualidad ignaciana en El Salvador y Centroamérica. Seguimos conservando dos intuiciones con las que nació Centro Loyola: primero, la formación jesuita de su fundador, que continúa evidentemente viva con el acompañamiento y promoción de la espiritualidad ignaciana. Pero también acompañamos en el área de formación humana, a través de talleres, retiros y otras actividades tan necesarias en nuestra sociedad.
Como director de Centro Loyola, considero que sin el equipo de colaboradoras y colaboradores la obra no sería posible. El acompañamiento espiritual a quienes se acercan a nuestro centro para sus formaciones es lo que personalmente me inspira, mueve e impulsa a entregarme a ese encuentro con las y los demás para dar mi aporte al crecimiento personal y humano de quienes confían en nosotros para esta parte.
En cinco décadas, podemos decir que parte vital de los frutos y aportes de Centro Loyola a El Salvador y Centroamérica son, además, de lo antes mencionado, establecer una relación estrecha y de colaboración con la Iglesia misma. Es verdad que, en principio, durante los años complicados del conflicto armado en el país, hubo cierta desconfianza a nuestro nombre como institución. Hoy, sin embargo, tenemos una relación cercana con la Conferencia Episcopal, la Conferencia de Religiosas y Religiosos de El Salvador y, en general, diversos grupos confían en nuestra misión y servicio.
Lo que nos mueve fundamentalmente es el Evangelio. Y desde el Evangelio partimos para impulsar la herencia que Ignacio de Loyola nos dejó con su espiritualidad.
Retos siempre han existido. Hoy, creo, el principal es seguir difundiendo nuestra espiritualidad en contextos cada vez más apático en general. Es verdad que son tiempos post modernos de desconfianza en la Iglesia por diversas problemáticas como los abusos que van más allá de los sexuales e incluyen el poder y autoridad. Otro reto es mantener una casa tan grande: es sumamente difícil. No estamos abandonados, pero, a veces, podemos sentirnos solos en esta tarea.
La Primera Preferencia Apostólica Universal de la Compañía de Jesús es, como sabemos, la difusión de la espiritualidad ignaciana a través de los Ejercicios. Un reto, y a la vez esperanza que tenemos, es que la Provincia a través de sus obras y su misión abrace esto como un reto en conjunto también. Pero creo que es un reto más grande el no dejarnos vencer, continuar esta labor difundiendo la espiritualidad como un camino liberador integral para toda persona que desee adentrarse en este mundo. Ahí está el reto: en seguir adelante».
P. Carlos Manuel Álvarez, S.J.
Director Centro Loyola El Salvador
