El Servicio Jesuita para Migrantes (SJM) Costa Rica celebra 21 años de acompañar y defender la dignidad de las personas migrantes. Desde la “casa azul” en San José hasta la frontera sur, donde Casa Arrupe ofrece alivio y hospitalidad, este camino ha sido sostenido por la escucha cercana, la articulación comunitaria y un horizonte de misión compartida en favor de las personas migrantes y refugiadas.
Por Adam Álvarez, director nacional SJM CR – Oficina Provincial de Comunicación
En San José, la capital de Costa Rica, cada día llegan a la “casa azul” -así la llaman las personas- del Servicio Jesuita para Migrantes (SJM-CR) mujeres y hombres con distintas situaciones migratorias que buscan orientación sobre trámites de documentación, acceso a derechos y opciones de integración socioeconómica. En la frontera sur del país, Casa Arrupe -un espacio de atención y alivio abierto en 2023-, mantiene sus puertas abiertas para acompañar a las personas en movilidad humana mediante distintos servicios e información de utilidad para el tránsito y estancia en el país. Este acompañamiento tiene como centro el cuidado de las personas de la manera más integral posible… una esperanza en tiempos de desprotección.
El SJM-CR celebra 21 años de camino, junto a personas migrantes, refugiadas, apátridas, naturalizadas, de diversas edades, nacionalidades y situaciones de vida. También, voluntariado, agrupaciones comunitarias y ecuménicas, organizaciones aliadas y donantes que han confiado en nuestro trabajo para favorecer que las personas en movilidad humana más excluidas y con mayores necesidades, encuentren compañía, apoyos y hospitalidad. Nada de esto sería posible sin las capacidades, la creatividad y el compromiso del equipo humano que hemos construido a lo largo de estos años. A todas y todos, ¡mil gracias!
En su trayectoria, el SJM-CR ha buscado, a partir de la escucha sincera, el diálogo y la cercanía humana, mantener posicionamientos críticos sobre el contexto y adaptarse a las necesidades de las personas en movilidad humana, como ellas mismas lo hacen cotidianamente a través de diversas estrategias de afrontamiento y re-existencia. Con la profundización de la crisis nicaragüense, el aumento y las variadas dinámicas de tránsito por Centroamérica, apostamos por fortalecer la presencia en comunidades fronterizas con Nicaragua y Panamá, sumando voluntades y promoviendo la articulación para impulsar una respuesta humanitaria digna y de protección allí donde más urge. Tan solo entre el 2024 y el 2025, con los distintos procesos de protección legal, psicosocial y de inclusión, logramos acompañar a más de 16 mil personas, la mayoría mujeres, niñas y niños.
Nos anima y fortalece ser parte de la Red Jesuita con Migrantes y compartir una misión común de fe y justicia, enfocada en el servicio, la defensa y la protección del derecho de todas las personas a tener derechos. Seguimos afirmando que, sin importar su nacionalidad, condición migratoria, género, edad o las circunstancias de vida que les hayan forzado a salir sus países, toda persona merece una vida digna y con derechos.
Ante el panorama nacional y regional adverso, los 21 años recorridos nos orientan: las estrategias más eficaces están ancladas en el tejido de las comunidades; la información oportuna y el acompañamiento salvan vidas; el litigio y la incidencia transforman cuando ponen a las personas en el centro; los cuidados y la alegría también son resistencia y hacen parte de nuestro modo de acompañar. Compartir el camino, las redes de colaboración y la búsqueda constante de cómo servir más y mejor sostienen nuestra esperanza.
