Para conmemorar el 50 aniversario de constitución de nuestra Provincia, Claudio Solís, delegado Provincial para la Colaboración, nos invita a reconocer esta dimensión como un espacio donde nadie actúa en soledad y todo se realiza en relación, amor y envío. Recordamos hoy que en estas cinco décadas de servicio, la colaboración ha sido y continúa siendo una misión plural, abierta y compartida.
Por Claudio Solís, delegado Provincial para la Colaboración
Desde la Dimensión de la Colaboración en la Compañía de Jesús, celebramos con profunda gratitud los 50 años de la Provincia Centroamericana, reconociendo que la colaboración no es un añadido funcional, sino que nace del mismo Dios. Desde el principio, Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, en comunión y relación, crean el universo y sostienen la historia. La colaboración brota así del misterio trinitario, donde nadie actúa solo y todo se realiza en relación, amor y envío.
Jesús de Nazaret creyó y vivió la colaboración como rasgo esencial de su misión. Llamó a otros y otras para caminar con Él, compartió la mesa, delegó, confió, escuchó y envió. El Reino que anunció y practicó no se construye en soledad, sino en comunidad, poniendo en el centro la dignidad de las personas, la cercanía a los más vulnerables y la vida en abundancia. Este modo de proceder inspiró a Ignacio de Loyola, quien concibió y fundó la Compañía de Jesús desde un profundo espíritu de colaboración, formando un cuerpo apostólico unido por la misión y abierto, desde sus orígenes, a trabajar con otros y otras en la viña del Señor. Ambos tuvieron que caminar contra corriente, como en algunos casos en nuestra provincia, pero su obra nos tiene hoy aquí; reafirmando la esperanza.
Nuestra historia reciente se ilumina con los impulsos de la Congregación General XXII, bajo el liderazgo profético de Pedro Arrupe, cuando la Compañía reafirmó que la fe auténtica conduce necesariamente a la justicia. Desde allí, el camino de la misión compartida fue tomando forma y profundidad a lo largo de las Congregaciones Generales.
La CG 32 articuló de manera decisiva la fe y la justicia; la CG 33 fortaleció el discernimiento comunitario; la CG 34 reconoció explícitamente la colaboración con laicas y laicos como una dimensión constitutiva de la misión; la CG 35 afirmó con claridad que la misión hoy es, por naturaleza, misión compartida; y la CG 36 nos llamó a una conversión profunda de relaciones, estructuras y estilos de liderazgo, al servicio de la reconciliación con Dios, con los demás y con la creación.
En este proceso, la colaboración se ha comprendido como el quinto dedo de la mano: el pulgar, que no compite con los demás, sino que los articula e impulsa. Así, la colaboración anima y dinamiza las cuatro Preferencias Apostólicas Universales (PAU), orientando la experiencia de Dios y su discernimiento, el acompañamiento de los pobres y excluidos, el caminar con jóvenes y el cuidado de la Casa Común. Damos gracias por tantas personas —jesuitas y laicas/os— que han encarnado este espíritu con generosidad, competencia y fidelidad creativa en la Provincia Centroamericana.
Hoy, la dimensión de la colaboración se manifiesta como un presente vivo, marcado por la riqueza de vocaciones diversas puestas al servicio de la misión de Dios. Como Provincia, apostamos por un liderazgo colegiado, corresponsable y discernido, que permita la gestión apostólica de obras, sectores y redes con eficiencia apostólica, profundidad espiritual y compromiso social.
En este contexto, el Plan de Formación para la Colaboración en la Misión en Centroamérica (PFCAM) ha ido consolidándose, desde 2022, como un espacio privilegiado de formación, ofreciendo recursos y procesos para profundizar en la experiencia y el conocimiento del espíritu de la colaboración. Cientos de personas participan ya activamente en este itinerario, fortaleciendo una cultura común de misión compartida, identidad ignaciana y servicio al Reino.
Miramos al futuro con esperanza. Los cursos del PFCAM se amplían y diversifican para todos los sectores, obras y personas de la Provincia, e incorporan ya a otras provincias de Iberoamérica, enriqueciendo el aprendizaje mutuo y el trabajo en red. Además, a partir de 2026, estamos iniciando un proceso formativo para la formación de relevos en la gestión apostólica de las obras y el liderazgo ignaciano. Será un camino sistemático y continuo, a lo largo de tres años, con una primera cohorte que comenzará en marzo y contará con seis semanas presenciales entre 2026 y 2028.
Reafirmamos, finalmente, que la colaboración no es un sector de la Provincia. Es una dimensión transversal que busca impregnar cada acción, cada proyecto y cada iniciativa con el espíritu de ayudarnos unos a otros, para contribuir juntos a la misión de Dios: elevar la dignidad de las personas, cuidar la naturaleza y anunciar el Dios de la Vida.
Con gratitud por estos 50 años y con esperanza en el futuro, confiamos en que el mismo Dios que nos llamó a colaborar seguirá guiando a la Provincia Centroamericana en fidelidad, audacia y misión compartida
