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La oración puede convertirse en una misión compartida que une a millones de personas en torno a los grandes desafíos de la humanidad. En esta conversación, P. Cristóbal Fones, S.J., comparte cómo la Red Mundial de Oración del Papa impulsa una espiritualidad que transforma el corazón, fortalece la esperanza y anima a construir un mundo más solidario desde la fe y el compromiso cotidiano.

Recientemente, Guatemala acogió el XIII Encuentro Continental de la Red Mundial de Oración del Papa, obra pontificia de la Iglesia Católica cuyo objetivo primordial es unir a los católicos de todo el mundo para orar y actuar frente a los mayores desafíos de la humanidad y las necesidades de la Iglesia. El encuentro reunió a delegados de la Red en distintos países de Latinoamérica para, en un clima de reflexión y fraternidad, profundizar en la misión de oración y buscar formas concretas de abrazar la realidad de cada uno de estos territorios.

Conversamos con P. Cristóbal Fones, S.J., jesuita chileno, músico y actual director internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, sobre sus orígenes e inspiración, la misión que realizan a escala global, las esperanzas, retos y sueños que tienen. Además, sobre el valor transformador de la oración y los desafíos de seguir sembrando esperanza, especialmente entre las nuevas generaciones.

Para quienes lo leen por primera vez, ¿Qué es la Red Mundial de Oración del Papa?

Es una familia mundial de personas que se ofrecen diariamente al corazón de Jesús, al Señor, al centro de Jesús, para compartir una misión de compasión. Y esto lo hacen por medio de la oración, del servicio y de la formación espiritual, tratando de responder a los desafíos de la humanidad. Y como esto es infinito, el Papa nos ayuda con una brújula, que son las intenciones mensuales de oración.

Somos 22 millones de personas en el mundo entero que estamos ofreciéndonos día a día y orando por estas intenciones. Ofreciendo también nuestros trabajos, lo que nos toca vivir, nuestra cotidianidad. Estamos organizados de alguna manera en Oficinas nacionales de manera continental, pero es, sobre todo, un servicio eclesial abierto a todas las personas que quieran vivir esta espiritualidad del corazón de Cristo en disponibilidad apostólica guiados por estas intenciones mensuales de oración que nos encomienda al Santo Padre.

Desde el punto de vista un poco más jurídico, somos una obra pontificia encomendada a la Compañía de Jesús. Pero al servicio de toda la Iglesia y más allá, porque la idea es movilizar a todos los cristianos a responder a estos grandes desafíos de la humanidad.

¿Cómo ayuda la red a que esa intención se convierta en una experiencia concreta de fe y compromiso en la vida de las personas?

La verdad que quienes mejor ayudan a que esto ocurra es quienes ya lo están viviendo porque transmiten el amor a Jesús. Desde la organización de la red, desde las oficinas nacionales e internacional, nosotros promovemos varias cosas. Una de ellas es el ofrecimiento diario. Es decir, ofrecernos al Señor con lo que somos y tenemos para participar de su misión de compasión.

La segunda es a través de un itinerario formativo que se llama El camino del corazón, a través del cual vamos teniendo una experiencia de Jesús más profunda que también nos conecta más profundamente con los que sufren y por quienes estamos orando.

Lo tercero es dando a conocer, obviamente, cuáles son estas intenciones cada mes. Para eso hay mucho muchos recursos. Hoy día uno de los nuevos que tenemos a la mano es que el mismo Papa hace una oración y nos invita a orar con él. Todo esto se agrupa en la campaña Reza con el Papa, que tiene un formato video, pero que también tiene un formato audio, que tiene una oración mensual, que podemos rezar en familia, que podemos hacer también de manera particular, individual.

Pero lo más importante es que la red fomenta la participación comunitaria, es decir, que hayan grupos que se juntan, se unen en oración y participación en esta misión de compasión haciendo carne, dejando que toque el corazón estas intenciones, porque a veces uno lo hace como medio mecánico, ¿no? Pero la idea no es que sea mecánico, es que si estamos orando, por ejemplo, por el respeto a la vida humana nos preguntemos dónde yo veo en mi entorno que no se respeta la vida humana: ¿cuáles son las cosas que yo veo más cerca de mi vida diaria en las que yo podría contribuir para que haya mayor conciencia del respeto a la vida humana, desde su concepción natural hasta su muerte natural?

Entonces, la red trata de fomentar de diversas maneras esa profundización para que la oración no sea algo mecánico, sino que sea realmente un encuentro con un Dios que transforma y nos hace mejores personas, mejores comunidades, mejores sociedades, mejor humanidad.

Y a usted, personalmente, ¿Qué le ha enseñado el servicio a esta red de oración?

Qué linda pregunta… Bueno, yo he aprendido mucho, yo llevo 2 años y medio en la Red Mundial de oración del Papa y pasé de conocer casi nada, o muy poco, a ser vicedirector y luego director internacional… Fue un poco brusco… Entonces, ha significado, primero, una apertura del corazón, porque me era totalmente desconocida y eso ha transformado mi corazón en disponibilidad al Señor.

Lo segundo es que he aprendido que hay gente buena en todo el mundo. O sea, imagínense, solo el año pasado visité 20 países en los cinco continentes. Y encontrarme en cada lugar personas deseosas de amar más profundamente al Señor, de entregarse más enteramente, de interceder por personas que no conocen, pero que saben que necesitan de su permiso… Es muy fuerte, me invita a la conversión. Me renueva la esperanza en la Iglesia. Eso también me entusiasma, me anima, me convoca. Una de las cosas lindas también que puedo decir como jesuita, es que esta obra pontificia me ha permitido colaborar con la Iglesia ancha, más allá del mundo ignaciano.

Esto no solamente enriquece mi identidad jesuita, porque justamente para eso existimos: para servir a la Iglesia, sino que además aprendo a valorar la riqueza de carismas, de sensibilidades, en el mundo diocesano, en otras espiritualidades que hacen que seamos una familia universal: la familia de Dios. Eso también me ha llenado de alegría y esperanza, porque creo que nos necesitamos todos. Somos verdaderamente un cuerpo, y a veces creemos que la mano es la única indispensable, o el cerebro, o los pies, pero todos cumplimos un rol en este cuerpo que es la Iglesia. Eso también es un aprendizaje para mí.

¿Ayuda la red a descubrir que la oración también puede transformar nuestras relaciones, nuestras comunidades y la sociedad?

La oración personal es relevantísima. Y lo distingo de la palabra individual, porque no puede haber oración individual, es decir, separado de los demás. La oración personal es insustituible, implica una relación de intimidad con Jesús, nosotros la promovemos mucho, tanto en la espiritualidad misional como en la red mundial de oración del Papa. Pero la oración personal solo hace sentido cuando lo vivimos como miembros de este cuerpo.

Por eso siempre es importante que cuando oremos lo hagamos en comunión con otros muchos hermanos y hermanas que formamos este cuerpo y a favor de muchos. Por eso la oración de intercesión o la perspectiva apostólica de la oración que promueve esta red tiene tanto sentido. No es solamente que otros oren por mí y por mis necesidades, sino que yo también me ofrezco en oración desde la experiencia de la red mundial.

Desde la experiencia de esta red, ¿Cómo se siembra la esperanza en medio de las dificultades que vivimos en nuestros tiempos?

Bueno, la esperanza es un don de Dios, no la provocamos nosotros ni como red ni como comunidades individuales… Pero al ver a tantos hombres y mujeres, niños y niñas, adolescentes, jóvenes, adultos, adultos mayores que se van comprometiendo con los otros a través de esta red, hay que ser ciegos para no llenarse esperanza, la verdad.

Por eso es tan importante que le demos espacio a esto. A veces nos enclaustramos en nuestro propio grupito y creemos que eso es el todo… Pero cuando abrimos los ojos, levantamos la mirada y, sobre todo, ampliamos el corazón, nos damos cuenta de que somos muchos, millones, que queremos un mundo mejor.

Por ejemplo, estábamos rezando por la alimentación para todos el mes pasado… Y uno ve iniciativas concretamente: Líbano, como ustedes saben, ha sido atacado por Israel todos estos meses… En este contexto, de muchísimas personas refugiadas, los miembros del Movimiento Eucarístico Juvenil (MEJ) se propusieron llevarle comida a estas personas. Era un grupito de 60 jóvenes, y, en conjunto, lograron llevar más de 1500 raciones de alimentos en un campamento de refugiados. Eso es poner la intención de oración en el centro de nuestro corazón. Así, mes a mes, con estas intenciones, podemos ir juntos construyendo un mundo más solidario.

Mirando hacia el futuro, ¿Qué desafíos y sueños ve la Red Mundial de Oración del Papa?

Bueno, yo creo que hacia el futuro, como director internacional, lo que yo más deseo es que la oficina internacional se haga más chica y las oficinas nacionales crezcan, se robustezcan, porque esto se juega en lo local. También en el mundo laical. Gracias sea Dios esta una obra que permite que cualquier persona, con cualquier vocación, pueda participar plenamente y eso creo que es muy importante.

El segundo es que lo hagamos en comunión unos con otros, es decir, que nos importe lo que hace el país vecino, el continente, y para eso contamos con todo el apoyo y la iniciativa del mismo Santo Padre. Para mí es un deseo muy grande de que eso se reconozca como un camino hacia la unidad entre todos los cristianos.

Y, por último, el mismo Santo Padre nos formuló en enero de este año el deseo de que ayudáramos a formar a nueva generación de intercesores por las necesidades del mundo. Yo creo que los jóvenes hoy día están bombardeados por un mensaje de autocentramiento. Los jóvenes son por naturaleza generosos, se conmueven ante las cosas, son sensibles, pero los algoritmos los han llenado del mensaje de «tú eres el centro del universo», «tú eres lo más importante» y nosotros tenemos que hacer la contracorriente a eso.

Me encantaría ir en esa dirección: invitar a los jóvenes a ser críticos con esta cultura de los algoritmos que nos hace ser consumidores y no ciudadanos, que nos pone a nosotros como meras personas que estamos aquí para comprar, para consumir, para producir riqueza y no para reconocer ser la riqueza que ya existe en todos nosotros, no importa tu color de piel, no importa si eres delgado, si eres más grande, si eres rico, si eres pobre, si naciste aquí o allá…

¿Cómo volver a mirarnos los ojos y encontrar en cada uno de nosotros el tesoro que ya somos, pero que está un poquitito borrado? Sería mi gran deseo también. Creo que aquí tenemos, no es el único, pero un gran antídoto para trabajar junto de una manera crítica, consciente, profunda, unida a Jesucristo y unida a los hermanos a nivel mundial. Ojalá que eso también los llene a ustedes de esperanza y y los convoque a participar de esta red mundial de oración del Papa.