TECHO nació en Chile hace casi tres décadas como una iniciativa impulsada por jóvenes comprometidos con la transformación social. Hoy está presente en gran parte de América Latina, incluyendo nuestra Centroamérica, y continúa movilizando a miles de voluntarios para mejorar las condiciones de vivienda y hábitat de comunidades en situación de pobreza. En esta entrevista, P. Benjamín Donoso, capellán y presidente de TECHO Internacional, reflexiona la misión, los retos, cómo se adaptan para servir mejor en la realidad centroamericana y las esperanzas que les sostienen en nuestros contextos actuales.
Durante una reciente visita a El Salvador, país donde TECHO inició su llegada a Centroamérica en 2001 tras los terremotos que afectaron al país, P. Benjamín Donoso compartió su visión sobre el presente y futuro de la organización nacida en Chile en 1997. Hoy, con presencia en 18 países latinoamericanos y cinco centroamericanos, la organización continúa movilizando a miles de voluntarios para mejorar las condiciones de vivienda y hábitat de comunidades en situación de pobreza.
Desde la construcción de viviendas de emergencia hasta el fortalecimiento del tejido social comunitario, el sacerdote destaca que el corazón de TECHO sigue siendo el encuentro entre jóvenes y comunidades para construir juntos una sociedad más justa, humana e integrada. En la siguiente entrevista P. Benjamín cuenta más sobre las esperanzas y retos de esta misión, cómo se adaptan a las realidades que marcan el territorio centroamericano y, sobre todo, qué les mueve a seguir en nuestros contextos actuales.
¿Qué es TECHO?
TECHO es un movimiento social de jóvenes que quieren cambiar las condiciones de vida y transformar la sociedad para construir una sociedad más integrada, más humana, más justa y sin pobreza.
Lo que hizo TECHO fue activar a los jóvenes en ese empeño, ayudándoles a comprender que habían recibido muchos dones y oportunidades para desarrollar sus talentos, y que podían ponerlos al servicio de su país y de su sociedad. Especialmente, construyendo junto a personas que han tenido menos oportunidades, que han estado más al margen o han sido más invisibilizadas.

Juntar a los jóvenes con los pobladores, los vecinos y los líderes comunitarios hizo de esto algo extraordinario. Se pusieron manos a la obra para mejorar las condiciones de vivienda y hábitat de las comunidades. Es un trabajo realizable por las propias comunidades, que no requiere una excesiva complejidad técnica y que representa el esfuerzo conjunto de distintos actores de la sociedad para transformar los espacios de vida de quienes más lo necesitan.
¿Cuál es el papel de los jóvenes dentro de TECHO?
Los jóvenes ponen a disposición sus talentos y también sus deseos de aprender. Muchos no saben construir cuando llegan a las comunidades, pero se acercan con la voluntad de mejorar las condiciones de vida de las familias a través de la vivienda.
La construcción es sencilla. Utiliza principalmente madera, fibrocemento y otros materiales básicos. Una de sus características es que eleva el piso de la vivienda para mejorar la ventilación y protegerla de la humedad o de posibles inundaciones, aumentando así la seguridad y el confort de las familias.
Pero más allá de la construcción, los jóvenes aportan energía al proceso. Aportan su capacidad de convocar a otros, su flexibilidad y su disposición a entregar gratuitamente su tiempo, su talento y su esfuerzo. También aportan horizontalidad y espíritu de hermandad.
Intentamos que comprendan que esto no es un voluntariado asistencialista, sino un trabajo mano a mano con los pobladores, que son sus vecinos y sus hermanos. Juntos podemos mejorar las condiciones de vida y salir adelante.
¿Qué permanece vivo hoy de la inspiración que dio origen a TECHO?
Siguen vivos los dos actores fundamentales: la juventud que quiere aportar a su país y ponerse manos a la obra, y la pobreza, que lamentablemente persiste en nuestras sociedades.
Vivimos en un continente riquísimo en posibilidades. Tenemos una tierra maravillosa, una cultura impresionante y enormes recursos para construir una sociedad donde todos puedan ser parte. También contamos con instituciones que quieren promover el desarrollo y la integración.
Sin embargo, todavía estamos en un proceso de madurez en el que no hemos comprendido plenamente que el desarrollo debe construirse desde abajo hacia arriba.
Por eso siguen siendo fundamentales las comunidades que luchan por mejorar sus condiciones de hábitat y vivienda, los jóvenes que se comprometen con esa tarea y la colaboración de toda la sociedad. Hay muchas personas que quieren aportar y encuentran en TECHO un canal para hacerlo.
La combinación de comunidades, voluntarios y colaboradores sigue haciendo posible proyectos maravillosos. La magia sigue ocurriendo.
TECHO nació en Chile. ¿Cómo se produjo su expansión y su llegada a Centroamérica?
TECHO nació en Chile en 1997. Después de una expansión muy exitosa dentro del país, surgió un proyecto para construir 2,000 viviendas de emergencia con motivo del Jubileo del año 2000.
Se estableció una alianza con el Arzobispado de Santiago y con la Iglesia, y el resultado superó todas las expectativas: en lugar de las 2,000 viviendas previstas, se construyeron más de 5,600. Ese éxito convirtió al modelo en una especie de exportación no tradicional: un modelo de voluntariado y vivienda de emergencia con fuerte participación social.
En 2001 ocurrió un terremoto en el sur del Perú y también los terremotos en El Salvador. Los voluntarios que viajaron a apoyar la reconstrucción en Perú también llegaron a El Salvador. Ahí comenzó la expansión internacional de TECHO. Por eso estoy aquí hoy. Quería conocer esta historia original y ver cómo se encuentran actualmente las condiciones para seguir fortaleciendo esta respuesta solidaria.
Posteriormente, jóvenes de otros países comenzaron a replicar el modelo. También hubo apoyo de embajadores y actores diplomáticos que vieron en esta iniciativa una forma de cooperación entre naciones. Así llegamos a distintos países del continente, incluyendo Haití, donde seguimos presentes hasta hoy.
¿En qué países de Centroamérica está presente TECHO actualmente?
Estamos presentes en Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica y Panamá. También estamos en República Dominicana. Lamentablemente no estamos presentes en Nicaragua, aunque nos gustaría estarlo.

¿Cómo dialoga la misión de TECHO con fenómenos como la migración, las crisis económicas o el cambio climático?
El cambio climático nos tiene muy ocupados y forma parte de nuestra agenda internacional. Estamos desarrollando modelos de vivienda más resilientes frente a fenómenos climáticos extremos. Buscamos mejorar el aislamiento térmico para enfrentar temperaturas más altas o más bajas, reforzar la protección frente a la humedad y aumentar la resistencia a vientos más fuertes.
Trabajamos junto a instituciones como Bank of America en proyectos piloto que ya se desarrollan en Brasil y Colombia. Esperamos incorporar progresivamente nuevos materiales para que estas viviendas de emergencia sean más duraderas y seguras.
Respecto a la migración, creemos que podemos contribuir trabajando en las comunidades de origen. Cuando una familia cuenta con mejores condiciones de vivienda y hábitat, mejora también su calidad de vida. Eso no elimina las causas de la migración, pero sí puede disminuir algunos de los factores que impulsan decisiones apresuradas de desplazamiento. Una vivienda digna aporta bienestar, seguridad y mejores condiciones para niños, jóvenes y adultos mayores.
¿Cuáles son los principales retos y esperanzas de TECHO hacia el futuro?
Nos hemos planteado una meta muy ambiciosa para 2030: lograr que un millón de personas en América Latina dejen de vivir sobre pisos de tierra. Queremos que las familias que no cuentan con una vivienda mínima puedan acceder al menos a una vivienda básica que les permita dar el siguiente paso en la mejora de sus condiciones de vida.
Para lograrlo buscamos movilizar a dos millones de voluntarios. Actualmente ya hemos alcanzado cerca del 70 % de esa meta. Seguiremos instalando viviendas de emergencia allí donde sean necesarias, porque consideramos que representan un mínimo indispensable para el desarrollo de una familia.
En Centroamérica vemos una región con un enorme potencial. Se debe invertir en vivienda para generar condiciones que permitan un desarrollo más integral y sostenible. Si invertimos en educación y salud, también debemos invertir en vivienda, porque forma parte esencial de la vida familiar. Existen materiales locales, técnicas constructivas y capacidades suficientes para avanzar hacia soluciones más permanentes. Gobiernos, empresas, organizaciones sociales y comunidades pueden complementar esfuerzos para alcanzar este objetivo.
En un contexto marcado por la desesperanza, ¿por qué seguir apostando por TECHO?
Porque la gente no claudica. Las personas siguen luchando cada día por mejorar sus condiciones de vida y las de sus hijos. Ese es nuestro principal impulso. Pienso especialmente en tantas madres y mujeres de América Latina que siguen trabajando incansablemente para sacar adelante a sus familias.
También porque resulta moralmente inaceptable que las personas continúen viviendo en condiciones indignas cuando nuestros países tienen los recursos necesarios para garantizar al menos lo más básico.
Esta es una convicción profunda. Mientras haya una sola familia viviendo en condiciones que no debieran existir, no vamos a renunciar a esta misión. Y, por otro lado, los jóvenes siguen queriendo servir. Siguen buscando entregar su corazón, salir de sus espacios habituales, ampliar su mirada sobre la realidad y comprometerse con los demás.
Los jóvenes quieren expandirse y entregarse. Esa combinación entre comunidades que luchan y jóvenes que quieren servir sigue plenamente vigente. Son los ingredientes con los que seguiremos trabajando.
Fotografías: Cortesía TECHO El Salvador
