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En febrero de este año, P. Pedro «Chalín» González, S.J., celebró 75 años de Compañía de Jesús. Hoy, a la luz de este jubileo, P. Chalín conversa sobre el origen de su vocación, su llegada a Centroamérica y las experiencias en misión que más le marcaron. Invita, también, a los jóvenes que dudan a mantener la fe siempre en Dios: a no bajar el espíritu porque Él es infinito en sus maravillas.

En 75 años de Compañía, P. Pedro González Simón, S.J., conocido familiarmente como «Chalín», ha recorrido continentes, acompañado comunidades educativas y vivido experiencias que marcaron profundamente su vocación jesuita: desde una infancia inspirada por la fe y el ejemplo familiar, hasta la emoción de ser ordenado por el Papa Pablo VI y servir a la Iglesia con alegría y entrega, su historia es también un testimonio de perseverancia, gratitud y confianza en Dios.

Su llegada a Centroamérica, dice, marcó un lugar especial por la calidez del recibimiento y la oportunidad de servir con alegría desde este territorio. Hoy, a la luz de estas siete décadas de servicio, P. Chalín comparte recuerdos entrañables, momentos decisivos de su camino y un mensaje esperanzador para las nuevas generaciones que buscan responder al llamado de Dios en medio de las dudas y los desafíos de la vida.

¿Cómo nace su vocación, padre?, ¿Cómo decide usted entrar en la Compañía de Jesús?

Mi vocación nace en una familia buena, eso me fue animando e introduciéndome la idea poco a poco de ser un religioso. Tenía ilusión de mi vocación de ser jesuita para seguir los pasos, no solo de la Compañía, sino también se cruzaba la ilusión de lo más sagrado que es Dios. Y algo que recuerdo es que me ordenó el Papa Pablo VI. Fue una gran oportunidad que me ordenara el Papa. Nos ordenamos alrededor de 80, era yo junto a otros compañeros de otras congregaciones y órdenes.

¿Cómo le recibió la Compañía de Jesús?

Me recibió muy bien, ya que mis familiares eran amigos de ellos, por lo que no hubo mayor problema.

¿Cómo llegó usted a Centroamérica?, ¿Cómo le recibió este territorio?

Vine destinado a Centroamérica, y he estado en varios lugares, incluso, recuerdo con alegría que he estado hasta en el polo norte, también en China, Japón, el sur de África, y toda Europa. En Centroamérica me recibieron muy bien, y recibí muy buena atención en todos los sitios a los que iba. Siempre me he sentido muy agradecido, feliz y contento, ya que en ese momento sentía que era una dicha de poder servir y ser feliz. 

¿Qué significó para usted acompañar comunidades educativas en colegios? 

Una cosa es reconocer que ha sido un ideal, comenzado con la sensación y experiencia de que fui bien recibido, el haber sido destinado a las comunidades educativas, eso me llenaba de alegría y me alegraba el corazón y el alma. Sentía mucho ánimo, un grande ánimo de trabajar, pero, sobre todo, dejarme guiar por Dios.

¿Hay alguna experiencia que le haya marcado especialmente?

Reconozco que era obsesivo del Papa, como una figura que me daba esperanza por estar al frente de la iglesia en el mundo. La experiencia que recuerdo con mucho cariño y hasta que lo logré, fue haberme ordenado en su presencia del Papa. Otra experiencia que recuerdo con especial cariño, es que cuando vino el Papa Juan Pablo II a Guatemala fui quien organizó el coro que cantaría, ya que tocaba y enseñaba varios tipos de instrumentos musicales, eso me llenó de alegría y de más devoción de poder poner al servicio de la Iglesia los dones recibidos de Dios.

De estos 75 años, ¿hay algún momento de alegría profunda o de prueba que hoy reconoce como decisivo en su camino?

Siempre recuerdo todo lo bueno, especialmente aquellas experiencias religiosas de misión, cuando iba destinado a realizar diferentes experiencias en distintos lugares. Hay en la vida siempre pruebas, pero en general todo estuvo bien. 

Si tuviera que resumir su vida en Compañía, en una palabra, ¿cuál seria y por qué?

Inolvidable. Porque desde la vocación jesuita, desde la ordenación es que he tenido experiencias inolvidables y desde luego me siento agradecido porque entro al campo apostólico en la Compañía de Jesús. 

Muchos jóvenes sienten inquietud, pero también miedo. Desde su caminar, ¿qué les diría a quienes sienten el llamado, pero dudan?

Les diría que: está en juego el amor de Dios y el de uno, y como el amor de Dios es infinito el Señor se las irá arreglando para mantener esa llama viva, que es la clave de la espiritualidad. A veces uno puede estar decaído, pero, aunque no se logre lo que uno quiere hay que tener una fe inmensa y esa fe inmensa es Dios. También hay que levantarse con ánimo y verdadera alegría, aunque muchas veces cueste, porque también hay que reconocer que en la vida hay momentos duros, pero no hay que bajar el espíritu ya que Dios es infinito en todas sus maravillas.

El Padre Chalin también animó a los escolares de la Comunidad y Enfermería del Liceo Javier, (Carlos y Rudy), a que sigan adelante. Enfatizó, que la clave de la perseverancia está en rezar con fe especial en el Señor, pero no solo para salir adelante, sino para salir brillantes. Y esa clave es el mismo Dios porque Él nunca falla.