Entre saberes heredados y desafíos actuales, jóvenes del occidente de Guatemala están encontrando en la sabiduría ancestral una guía para cuidar la tierra a través de procesos formativos impulsados por la Asociación Qajb’al Q’ij, el calendario maya y otras prácticas tradicionales. Hoy, P. Victoriano Castillo, S.J., conversa más sobre estas herramientas clave para fortalecer la agricultura y responder a los cambios del clima mediante los diálogos entre la espiritualidad maya y el cuidado de la casa común.
La Asociación Qajb’al Q’ij, parte del Apostolado Social de la Compañía de Jesús en Centroamérica, desarrolló recientemente el taller “Temporadas climatológicas y riesgos agrícolas para la siembra de alimentos desde el calendario maya” que reunió a jóvenes y sus acompañantes para conocer las temporadas climatológicas y generar así cambios en gestión y riesgos en la agricultura ante fenómenos naturales con el fin de reducir la vulnerabilidad en siembras.
Como punto de partida, las y los jóvenes compartieron los saberes que han escuchado de sus abuelos sobre las señales climatológicas, reconociendo la riqueza de la sabiduría ancestral en la interpretación de los ciclos de la naturaleza. Desde un enfoque integral, se abordaron las temporadas climatológicas actuales integrando el cuidado de todos los seres vivos, a través de temas como los sistemas de producción vinculados al ciclo lunar, la psicoagroecología, la reconstrucción del suelo y el uso de principios ancestrales. En este espacio se subrayó la urgencia de pasar a acciones concretas para aplicar este enfoque en los territorios.



P. Victoriano Castillo, S.J., que acompaña la Pastoral Indígena y a la Asociación Qajb’al Q’ij, conversó sobre la reciente actividad. Además, profundizó más sobre cómo en el occidente de Guatemala, jóvenes están redescubriendo la sabiduría ancestral para enfrentar los desafíos actuales de la agricultura. Qajb’al Q’ij entonces acompaña, a través de talleres de agroecología y otras iniciativas, el resguardo de las herramientas vivas, como el calendario maya, para el cuidado de la casa común.
¿Cómo surgen estos talleres?
Estos talleres surgen como resultado del proceso de formación con jóvenes, en el que hemos trabajado la espiritualidad maya, el calendario maya y el cuidado de la casa común. A partir de ahí, vimos la necesidad de pasar de la palabra a la acción. Estábamos en formación e información, pero no habíamos dado el paso a la práctica. Nos preguntamos entonces cómo llevar a la realidad ese cuidado de la casa común y qué propuestas concretas podíamos ofrecer. Como trabajamos en distintas comunidades del occidente de Guatemala y no contamos con un espacio único para prácticas, los talleres se volvieron una herramienta clave. A través de ellos, damos seguimiento mediante grupos de WhatsApp, donde los jóvenes comparten fotografías y videos de sus prácticas, y también realizamos visitas a algunas comunidades para acompañar y verificar los procesos.
¿Por qué dirigir estos espacios principalmente a jóvenes?
Nuestro programa está enfocado principalmente en jóvenes. Sin embargo, también participan adultos por razones logísticas, especialmente para acompañar a las jóvenes que no pueden asistir solas. Esto ha sido enriquecedor, porque ha permitido crear puentes generacionales. En temas culturales, son los mayores quienes conservan más saberes, y ese intercambio fortalece la transmisión de valores y conocimientos: así es como surgen y apostamos por los puentes generacionales.

Existen ciertas opiniones o sesgos entre la gente en relación a los jóvenes y su relación con la agricultura: estas ideas en la línea de que a los jóvenes no les interesa la agricultura o los temas relacionados con sus culturas. ¿Cómo ve usted esto?, ¿Cómo reciben las y los jóvenes este espacio?
Yo siempre digo, ante todos estos comentarios de que los jóvenes ya no quieren saber nada de su cultura, del campo, de sus antepasados, etcétera, que nuestra experiencia ha sido la contraria. Han sido ellos quienes más han impulsado el rescate de sus valores, de la lengua, calendario, mitos y tradiciones de la comunidad, de la espiritualidad maya… Para muchos jóvenes, estos conocimientos son una novedad, ya que sus padres y abuelos crecieron con prejuicios que desvalorizaban estas prácticas. Ellos, en cambio, los descubren sin esos prejuicios y los asumen con interés.
¿Podemos establecer algún diálogo entre la espiritualidad maya y el Cuidado de la Casa Común?
Trabajamos principalmente con dos fuentes: el Popol Vuh y el calendario maya. Este último, especialmente en su dimensión lunar, orienta las prácticas agrícolas. Este calendario es matemática exacta, y tiene mucha similitud con todos los procesos que los campesinos tienen en sus siembras. Las fases de la luna indican los momentos adecuados para sembrar, cosechar, podar o trasplantar, por ejemplo. Esto no es solo una práctica ritual, sino que tiene una base también científica, relacionada con los ciclos naturales. El calendario maya orienta el manejo de la tierra y favorece el equilibrio ecológico. Su desuso, en cambio, ha contribuido a la degradación de los sistemas naturales.
Te pongo el ejemplo de la tala de un árbol: el calendario nos indica qué momento es mejor para hacerlo. Y, nuevamente, no es una cuestión ritual, se trata de razones científicas. El calendario puede indicar el momento en que la la savia del árbol está en las raíces, y no en el tronco. Entonces, si yo corto un árbol en momento de luna nueva, cuando la savia está en el tronco, esa madera se va a picar rapidísimo. En cambio, si la corto en luna llena, no se pica porque toda la savia está en las raíces en ese momento. Así, con este ejemplo, podemos ver cómo el calendario va orientando a las comunidades en el mejor manejo de los bienes naturales para mantener también el equilibrio ecológico en la comunidad.
¿Qué esperan lograr con estos talleres en las comunidades?
Buscamos que los jóvenes, sus familias y sus comunidades comiencen a aplicar estas prácticas. No se pretende que se adopten de forma masiva, sino que se vayan extendiendo poco a poco. Cuando los resultados se hacen visibles, como mejores cosechas, otras personas se interesan y comienzan a replicarlos. Así, estas prácticas se van difundiendo en las comunidades.

Fotografías: Cortesía Qajb’al Q’ij
