Con una apuesta por la formación, la colaboración y el discernimiento compartido, el PFCAM inició el Programa de Formación para Relevos, orientado a fortalecer los liderazgos en la misión jesuita en Centroamérica. La iniciativa reúne a participantes de toda Centroamérica en un proceso de tres años que busca integrar vocación, identidad ignaciana y trabajo en comunidad al servicio del bien común.
El Programa de Formación para la Colaboración en la Misión en Centroamérica (PFCAM) arrancó oficialmente el el Programa de Formación para Relevos (PFR) en la gestión y liderazgos de las obras de la Compañía de Jesús en Centroamérica, una experiencia formadora de tres años que incluye encuentros presenciales y acompañamiento virtual que busca que las y los participantes profundicen en el seguimiento a Jesús, identidad ignaciana, formación personal, caminar en comunidad, colaboración en misión y cuerpo apostólico.
Claudio Solís, coordinador del PFCAM y delegado provincial de colaboración, explica que la dimensión de colaboración en la Compañía de Jesús va más allá de un rol propiamente organizacional o de corte empresarial: «Un colaborador es un jesuita, un laico o una laica que, desde su vocación laical o religiosa, contribuye a la misión de Dios«. Es, entonces, un entramado de vocaciones y servicios que caminan en el mismo horizonte de la construcción del Reino.
«La Congregación General 36, en el decreto dos, habla claramente de discernimiento en común, colaboración y trabajo en red», explica Claudio. Desde acá que la colaboración en la Compañía ha de entenderse «como un acompañamiento mutuo entre jesuitas, laicas y laicos para la misión».
P. Ignacio Blasco, S.J., que acompaña desde la formación a esta cohorte, explica que las Congregaciones Generales, especialmente la 36, unido al impulso del Papa Francisco que León XIV continúa sobre la sinodalidad, confluyen en las asimilaciones de la colaboración entre laicos, laicas y consagrados.
La primera cohorte de este Programa está formada por 21 colaboradoras y colaboradores de las distintas obras de Centroamérica que se encontró recientemente en El Salvador para iniciar con el primer encuentro presencial de formación conjunta. De aquí empieza, entonces, el proceso formativo que espera concluir en 2028 con la esperanza de que las y los participantes «apliquen principios de liderazgo y discernimiento ignaciano para colaborar en la misión apostólica de la Compañía, analizar desafíos en esta y proponer así soluciones creativas e innovadoras», dice Claudio.
Este esfuerzo, concluye Claudio Solís es, además de una respuesta concreta a desafíos actuales, una «solución vocacional»: «donde las vocaciones religiosas y laicales se sumen para que la misión siga dando frutos». Porque, agrega, la misión nos convoca a todas y todos, con un espíritu de compromiso, a asumir como propio el modo de ser y proceder que emana de la espiritualidad ignaciana para el seguimiento de Cristo.
