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En el 72° aniversario de fundación de la Escuela Bilingüe e Instituto San José (EBISJ), obra de la Compañía de Jesús en Honduras, P. José Leonidas Jaén, S.J., reflexiona en esta entrevista sobre la historia de la institución, el sentido del acompañamiento educativo y la esperanza de seguir formando personas conscientes, comprometidas y al servicio de la sociedad.

El Instituto Bilingüe San José, obra educativa de la Compañía de Jesús en El Progreso, Honduras, ha acompañado la formación de generaciones de estudiantes desde su fundación en 1954. Inspirada en la tradición educativa ignaciana, la institución apuesta por una formación integral que combine excelencia académica, acompañamiento cercano y compromiso con la realidad. En esta entrevista, su director comparte la historia y evolución del colegio, explica cómo se vive el acompañamiento educativo y reflexiona sobre la esperanza de seguir formando personas conscientes, comprometidas y al servicio de la sociedad.

¿Cuál es el origen del Instituto San José y cómo ha evolucionado su propuesta educativa en estas décadas de servicio?

La Escuela Bilingüe Instituto San José es una obra de la Compañía de Jesús en El Progreso, Honduras, fundada en 1954, cuando los compañeros jesuitas tomaron la iniciativa de apostar por la educación en ese lugar, ya que era una necesidad en ese entonces. En ese momento no había una educación de calidad en el área, por lo que se vio la necesidad de apostar por ese tipo de formación. A partir de allí comienza como un instituto para varones.

Posteriormente, después de algunos años, se abrió también en otro edificio el Instituto San José para señoritas, regentado por religiosas. Con el tiempo estas dos instituciones se separaron. Hoy en día son dos colegios distintos: el Instituto San José, que continúa a cargo de la Compañía de Jesús, y el otro colegio que sigue bajo la dirección de las religiosas.

Luego se vio también la necesidad de ofrecer una educación completa desde primaria. Así comenzó la escuela católica San José, que inició con la educación primaria. Con el tiempo se fue completando toda la formación, desde preescolar hasta bachillerato. En 2015, ante la demanda por una educación bilingüe y el surgimiento de muchos centros educativos que comenzaron a incursionar en esta área, el Instituto San José decidió hacer el cambio de escuela católica a escuela bilingüe San José.

Entonces comenzó un proceso progresivo: a partir de preescolar y primer grado se fueron incorporando los grados al sistema bilingüe. Cada año el siguiente grado se iba convirtiendo en bilingüe. Actualmente ya estamos con el grupo que comenzó en primer grado y que hoy está en décimo bilingüe. El próximo año cursarán undécimo y se graduarán como bachilleres bilingües, completando así el proceso en toda la institución.

En preescolar hasta sexto grado la educación es totalmente bilingüe. Tenemos docentes del área de inglés y del área de español que imparten las clases en ambos idiomas. A partir de séptimo grado muchos estudiantes de otras escuelas vienen a estudiar con nosotros, por lo que tenemos una doble modalidad: español y educación bilingüe.


¿Cómo se vive la propuesta educativa ignaciana dentro de la institución?

Esto comienza primero por la formación. Como nos han señalado nuestros predecesores, la formación está enfocada en las cuatro “C”: ser conscientes, coherentes, comprometidos y compasivos. La educación busca no solamente la formación espiritual y humana desde el área pastoral, sino también que, a través de la academia, los conocimientos que los estudiantes reciben les permitan contemplar la realidad en la que viven.

La idea es que sean personas conscientes de dónde están viviendo y que, con los recursos académicos, formativos y espirituales que reciben —tanto estudiantes como docentes y personal—, puedan ayudar a transformar esa realidad y enfrentarse a ella de una manera distinta. También se busca que amen lo que realizan en la realidad en la que se desarrollan y que puedan servir a través de lo que hacen.

Tenemos muchos profesionales que han salido de la institución y que hoy se destacan precisamente por el servicio que brindan en los distintos ámbitos donde trabajan.

¿Qué significa para usted el acompañamiento en una institución educativa jesuita?


Acompañar implica estar con ellos. Eso es acompañar: tener una presencia activa y cercana. En la medida de lo posible, a mí me gusta visitar todos los días las aulas y saludar a los estudiantes. También conversar con los docentes y trabajadores, preguntarles cómo están y cómo se sienten.

Con los niños también es importante escuchar. Parte del acompañamiento es escuchar: saber cómo están, qué situaciones ven, qué cosas les preocupan o qué podemos mejorar como institución. Desde la espiritualidad buscamos orientarlos en las distintas situaciones. Y no solamente desde el área pastoral o desde la rectoría, sino a través de todos. Es muy importante que todo el personal esté atento a las necesidades de los estudiantes.

No se trata únicamente de brindar conocimiento, sino de estar con ellos. Los docentes suelen ser muy comprometidos con los estudiantes, y además contamos con un departamento de orientación que acompaña la parte emocional, afectiva y cognitiva. También tenemos una psicóloga dentro del equipo psicopedagógico. Buscamos lograr ese acompañamiento integral no solo con los estudiantes, sino con toda la comunidad, para que haya una cercanía que permita descubrir una familia.

Nosotros lo llamamos la familia josefina. La idea es que cada persona pueda sentirse parte de esa familia y desde allí aportar, pero también recibir: conocimiento, relaciones, interacción y experiencias que le permitan desarrollarse y crecer como persona.

Después de tantos años de historia, ¿qué esperanza tiene para el futuro del Instituto San José?

Hay un agradecimiento muy profundo a todas y todos los que en estos 72 años han pasado por el San José. Agradecimiento a los compañeros jesuitas que fueron fundadores y a quienes han trabajado en distintos momentos en la institución. También a los exalumnos y exalumnas que hoy sirven en la comunidad con un gran compromiso y una fuerte identidad de la familia josefina.

Y también a los estudiantes actuales, al personal y a los padres y madres de familia que nos acompañan, porque cada uno busca dar lo mejor de sí para mayor gloria de Dios. Nuestra esperanza es continuar aportando formación, conocimiento y humanidad a todas las personas que interactuamos en la institución.

Incluso el personal también se forma en esa interacción cotidiana que vivimos cada día. Por eso nuestra esperanza es continuar sirviendo y continuar evangelizando a través de esta obra. En toda obra educativa de la Compañía buscamos precisamente eso: evangelizar, llevar a Dios a través de la educación y la formación, para que en todo, como dice nuestro lema, podamos amar y servir.