La vocación de Rudy Contrera, S.J., está marcada por la sencillez y la esperanza. Desde acá, Rudy conversa hoy sobre su camino en la Compañía de Jesús, su amor por la misión, el servicio y la disposición. En estos es donde ha encontrado la inspiración para seguir caminando con Jesús y llevando su mensaje ahí donde es enviado.
Rudy Contrera, S.J., se define a sí mismo como «una persona sencilla» que busca siempre lo que le llena, lo que le hace feliz. Después de reflexionar más en su camino, se define, también, como una persona llena de esperanza. Y aquí, en la esperanza, es donde encontró su vocación, una que nació desde muy pequeño por la inspiración de los sacerdotes de la zona donde creció: sacerdotes que visitaban comunidades llevando el mensaje de Dios. Sacerdotes en misión. Esta palabra, misión, resonó desde siempre para él.
Define la vocación religiosa como «un llamado personal» que viene directamente de Dios: «No hay otro agente exterior más que el mismo Dios que nos llama a cada uno por nuestro nombre», dice. Hoy, Rudy, jesuita en formación, habla del nacimiento de su vocación: el llamado que llegó allá, a una comunidad rural en Nicaragua, y que, revestida de esperanza, le acompaña hoy en los caminos que Dios sigue trazando en su vida religiosa.
¿Cómo fue que dijiste «esto es para mí»?
Yo le decía a mi mamá «yo me quiero ir un día de misión», porque yo soy de una zona de mucha misión. Yo veía como el sacerdote iba de comunidad en comunidad y de ahí que yo desde muy joven empecé a involucrarme en la Iglesia en grupos juveniles, en misiones de Semana Santa, en liturgia, acompañando a las infancias misioneras… Todo esto me mantenía siempre aquello de la misión, de querer ir.
Mi mamá me decía que si tenía ese deseo cuando fuera más grande, pues, que le echara ganas… Pero que en ese momento tenía que enfocarme en mi estudio. Me decía, también, que mantuviera la esperanza… Pues porque vivíamos en una zona bastante alejada, y quizá por esto no fuera posible encontrar algo como lo que yo buscaba. «No, pues, tengo la esperanza en Dios», decía yo. Al fin pude conversarlo con un amigo, luego con un sacerdote y estuve en un proceso de año y medio, aunque ya no continué después. Seguí, entonces, trabajando, estudiando, colaborando en mi parroquia… Pero siempre llevaba conmigo aquel llamado.
¿Y cómo llegás a la Compañía?
Tiempo después me volví a encontrar con estos amigos que te cuento y retomo el tema de la vida religiosa, ahí me refirieron a los jesuitas. Antes de eso no había escuchado de ellos, no sabía quiénes eran, qué hacían, no sabía quién era San Ignacio… Nada, pues. Me acerqué a la Promoción Vocacional en mi país, Nicaragua, y ahí los conocí. Otra vez apareció la palabra misión: «misión, educación, acompañamiento a personas migrantes»… Diversidad de apostolados, ¿no? «Bueno, esto me gusta», dije entonces.
Podría decir acá que Rudy es una persona esperanzada, lleno de esperanza, pues… Soy fiel creyente de Dios, de que cuando Él tiene algo para uno, sabiéndole escuchar, perseverando, ese algo es posible. Porque si yo estoy acá es nada más que porque Él así lo ha querido.
¿Qué aporta Rudy a la misión?
Que estoy disponible a servir, siempre dispuesto a trabajar, a Evangelizar, a colaborar en cualquier misión que me toque. Creo que otra cosa que me define como persona es el servicio, me gusta ser servicial, me gusta ser una persona de fe. Me gusta aprender, y creo que de toda misión que hasta ahora he vivido he aprendido algo. Creo que como jesuitas en formación, al estar abiertos al servicio salimos ganando, porque nos llevamos también formándonos del servicio a los demás, de las experiencias con otros. Y me gusta, mucho, la misión en sí.
¿Alguna que te haya marcado en específico?
El Prenoviciado me marcó mucho, es una experiencia fundante para mí. En Tocoa, Honduras, mi misión consistió en convivir con familias de zonas rurales, acompañarles en sus trabajos y vidas cotidianas, en el servicio a la parroquia, a los jóvenes, a los niños… Eso me marcó a mí. Y caminar, sobre todo, caminar bastante, en sentido literal, y con ellos. Ahí pensé que se estaba concretando mi deseo, lo que yo buscaba, que es la misión de estar, de acompañar a la gente.
Y esta, mi misión actual, también me está marcando: acompañar a la comunidad del Liceo Javier, en Guatemala. Creo que le estoy sacando mucho provecho a la experiencia de conocer a la comunidad, a las y los alumnos, padres y madres, conocer otro modo de Evangelización, otro modo de acompañar.
Creo que algo bonito que he encontrado en la Compañía de Jesús es que desde lo que somos podemos servir, amar, estar cercanos a la gente.
Después de todo lo vivido, ¿Por qué seguir siguiendo a Jesús hasta hoy?
Yo pienso que en estos tiempos de complejidad, individualismo, odio, y de muchas cosas que nos hacen pensar que no hay luz, nosotros como jesuitas tenemos la posibilidad (que creo que es muy valiosa y que es de agradecer) de acercarnos a la gente y ayudarles a ver el mundo de forma diferente, sobre todo desde nuestras obras, misiones y apostolados. Está el mensaje de Jesús, que nos invita a llevar la Buena Nueva, entonces creo que, entre tanto individualismo, elegir seguirle y mostrar su mensaje vale completamente la pena.
