En esta entrevista, Laura Rivera nos cuenta sobre la labor de un guía del Centro Monseñor Romero: qué la motiva, cómo le hablan los testimonios de Rutilio Grande, Monseñor Romero, los mártires de la UCA y otros rostros de la Iglesia latinoamericana, el diálogo de los jóvenes con sus historias y la memoria como esperanza en el mundo de hoy.
El Centro Monseñor Romero (CMR) es un espacio que custodia y promueve parte importante de la memoria histórica y martirial de El Salvador, en Centroamérica. Ubicado en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), el CMR ofrece opciones para conocer y acercarse a la memoria y testimonio de estos hombres y mujeres fieles al Evangelio. Los recorridos guiados son una de estas opciones.
Laura Rivera, joven estudiante, se dedica a acompañar y guiar estos recorridos. Llegó al CMR en 2025, movida por la curiosidad luego de una recomendación de una amiga cercana. El lugar, dice, «le pareció lleno de memoria desde que cruzás la entrada». Para ella, encontrarse con este ambiente resultaba algo nuevo, bastante lejano a su «zona de confort». Hoy, un año después, Laura continúa acompañando estos recorridos en un servicio que, dice, la ha vuelto más empática y consciente, además de permitirle acercarse y cuidar la memoria martirial desde otra perspectiva.

En esta entrevista, Laura nos cuenta más sobre la labor de un guía: qué la motiva, cómo le hablan los testimonios de Rutilio Grande, Monseñor Romero, los mártires de la UCA y otros rostros cuya historias acompaña, el diálogo de los jóvenes con estas y la memoria como esperanza en el mundo de hoy.
¿Podés contarnos un poco sobre lo que hace un guía?
La principal función que desempeña un guía es ofrecer y realizar recorridos de memoria histórica en las instalaciones del Centro Monseñor Romero a los distintos visitantes que se acercan a conocer hechos históricos que han marcado la historia de El Salvador, así como la historia y el legado de los mártires del país que forman parte de los recorridos.
El recorrido dura aproximadamente una hora y las estaciones que se visitan son: la Sala Memorial de Mártires, el Jardín de las Rosas, la Capilla Elba y Celina, la Parroquia Jesucristo Liberador y la Sala de Afiches. Cada uno de estos espacios despierta distintos sentimientos y pensamientos en quienes los visitan, y convierte lugares físicos en espacios de recuerdo y reflexión profunda.

Antes de este servicio, ¿qué significaban para vos los mártires de la UCA, Mons. Romero o Rutilio Grande? ¿Cambió algo al conocer sus historias más de cerca?
Conocía acerca de ellos: los estudié en el colegio e hice trabajos sobre sus vidas, y sin duda sabía de la importancia de mantener vivos sus legados. Sin embargo, mi mirada cambió al convertirme en una de las personas que hoy comparte sus historias. Ahora soy más consciente de que debo ser cuidadosa y sensible con la información que transmito.
Quien cuenta una historia forma parte importante de la postura o reacción que se genera frente a ella, y para mí es un privilegio ser quien comparte estas memorias, ya sea con un grupo grande de visitantes, un pequeño grupo de extranjeros o una persona que entra con curiosidad al museo.
¿Hay algún momento del recorrido que siempre te conmueva, aunque lo hayas repetido muchas veces?
Sin duda, la historia de los mártires de la UCA es muy fuerte. Recuerdo estar leyendo el manual de guías para la entrevista y que se me llenaran los ojos de lágrimas al imaginar los detalles de cómo sucedieron los asesinatos. Después de un año siendo guía y compartiendo esta historia, todavía se me hace un nudo en el corazón cada vez que la cuento y observo la reacción de los visitantes. Aquí, entre el lector y yo, trato de ver lo menos posible las imágenes del asesinato de los padres jesuitas y de Elba y Celina; nunca me acostumbro a ellas.
Desde tu experiencia, ¿por qué es importante que las nuevas generaciones conozcan esta memoria histórica?
Es parte de nuestra historia colectiva, aunque no estuviéramos vivos durante los años que sucedió, sigue siendo nuestro deber recordar por todos aquellos que lo sufrieron. Como jóvenes no podemos permitirnos ser parte del olvido de una historia que ha colaborando en convertir al país en lo que es hoy en día, lo bueno, lo malo, lo bonito y lo doloroso. La historia tiene un papel importante en nuestras vidas y en nuestra sociedad, hay que reconocerle ese papel, seguirlo compartiendo y aprendiendo de cada generación que ha caminado en sederos similares a los que nos encontramos en este momento.

¿Qué creés que nos dicen hoy los mártires desde su testimonio?
Que vale la pena seguir, seguir viviendo, seguir estudiando y seguir buscando un futuro mejor para el país. Que no es inútil tener esperanza en un El Salvador para las y los salvadoreños, donde quepamos todos y donde merezcamos vidas dignas, a pesar de las dificultades y los contextos de cada persona. Nada es definitivo; siempre existe la posibilidad de cambio cuando hay voluntad y acción.
Cuando ves a jóvenes recorrer el Centro, ¿qué te gustaría que se llevaran en el corazón?
Curiosidad, muchas preguntas y ganas de investigar más. Al dar recorridos no tengo la intención de mostrar una verdad absoluta. Los recorridos están pensados para compartir hechos y algunas breves reflexiones, pero los veo como un punto de partida hacia un universo lleno de complejidades.
Como guía de memoria histórica, siento que les muestro solo la punta del iceberg: una invitación a cuestionar, investigar, dialogar, aprender un poco cada día y compartir esos aprendizajes con otras personas que también quieren ver más allá.


¿Sentís que este servicio ha cambiado tu manera de ver la fe, la justicia o el compromiso con la realidad? ¿Cómo?
Esta experiencia transformó la manera en que viví mis días durante un año, por lo que es inevitable que haya cambiado cómo percibo mi compromiso con la realidad. Hoy quiero estar más presente y menos apresurada; vivir haciendo cosas que disfruto, siendo consciente de mí misma y de mi entorno. Busco un camino que me lleve a ser más atenta y empática, a brindar ayuda desde mis posibilidades y a no tener miedo de pedir ayuda cuando me siento perdida.
¿Creés que la memoria puede ser una forma de esperanza? ¿Por qué?
Creo que la memoria sí puede ser una forma de esperanza, porque como comunidad, para avanzar hacia el futuro, necesitamos caminar de la mano de la memoria histórica. La memoria está presente en esos momentos en los que nos sentimos solos, recordándonos que existe un propósito más profundo y que formamos parte de una historia que sigue escribiéndose. En los momentos difíciles, la memoria nos permite reconocer que no somos los primeros en sentirnos perdidos: antes que nosotros ya hubo quienes resistieron, soñaron y comenzaron a construir puentes. La memoria histórica es, entonces, un acto profundamente humano, porque nos recuerda que no avanzamos desde la nada, sino apoyados en las experiencias, luchas y esperanzas de quienes nos precedieron.
