El 18 de diciembre, Día Internacional del Migrante, nos invita a detenernos y mirar con amplitud la realidad de las personas en movilidad humana. La Red Jesuita con Migrantes Centro y Norteamérica (RJM-CANA) nos ofrece este balance que recoge las principales preocupaciones y vulneraciones de derechos que marcaron el panorama migratorio regional en 2025 y nos invita, a la vez, a rescatar signos de esperanza a partir del acompañamiento a personas migrantes en la región.
Por Lizbeth Gramajo Bauer, Coordinadora Red Jesuita con Migrantes Centroamérica – Norteamérica (RJM CANA)
En el año 2000 la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 18 de diciembre como el Día Internacional del Migrante a partir de un interés cada vez mayor de la comunidad internacional en torno a la protección y respeto de los derechos humanos de las personas migrantes. Teniendo como marco esta conmemoración compartimos un balance de las principales novedades y preocupaciones de la realidad migratoria en 2025 identificadas a partir del acompañamiento a las personas migrantes que realizamos desde las obras que conformamos la RJM CANA.
A partir de enero de 2025 los cambios políticos registrados en los Estados Unidos de América (EE. UU.) marcaron un abordaje distinto del tema migratorio en la región a través de un aumento de medidas restrictivas tanto dentro del territorio estadounidense como en las fronteras. La restricción al acceso al asilo y a otras vías legales en EE. UU. (fin de mecanismos como CBP One, Oficinas de Movilidad Segura, entre otros) marcaron un antes y un después en el comportamiento del flujo migratorio en la región. Entre las principales tendencias y preocupaciones encontramos:
- Aumento en el flujo migratorio en dirección norte a sur. Las personas migrantes emprendieron el retorno hacia sus países de origen o hacia otros países de la ruta migratoria en sentido inverso (norte a sur).
- Disminución del flujo migratorio en dirección hacia el norte. Esto no significa que las personas migrantes no estén llegando, sino que quienes llegan lo hacen en condiciones de mayor clandestinidad y, por lo tanto, expuestos a mayores riesgos.
- Aumento en los desafíos que enfrenta la población varada o atrapada a lo largo de la ruta migratoria. Las personas migrantes se enfrentaron a la incertidumbre al decidir si avanzar, retornar o esperar. En los distintos países de la región encontraron obstáculos para la integración, lo que incidió en un incremento de población migrante en condición de calle o sometidas a la mendicidad.
- Deportaciones marcadas por innumerables violaciones a los derechos humanos. Se constató con preocupación la deportación desde EE. UU. de ciudadanos de diversas nacionalidades a terceros países como El Salvador, Costa Rica y Panamá en donde enfrentaron violaciones a derechos humanos (detención arbitraria e ilegal, vulneración de derechos a la salud, integridad física y emocional, información, entre otros).
- Intensificación de las políticas de contención y de desgaste hacia la población migrante. Esto provoca que las personas migrantes recurran a rutas menos controladas y más peligrosas donde por lo general no encuentran presencia de organizaciones y/o redes humanitarias.
- Erosión del debido proceso y respeto al marco jurídico de respeto a los derechos humanos de las personas migrantes. Se constata el menoscabo del debido proceso y el respeto de las normas jurídicas previamente establecidas como una característica definitoria del sistema de inmigración estadounidense en 2025, además a lo largo de la región los gobiernos han realizado negociaciones poco transparentes que han facilitado la deportación de ciudadanos de otras nacionalidades, así como el examen de solicitudes de protección temporal y/o refugio.
- Incapacidad de los Estados de la región para generar procesos de acogida e integración de las personas varadas y/o de quienes solicitan protección internacional, así como de las personas deportadas. Las personas enfrentan desafíos en el proceso de regularización migratoria y/o acceso al asilo, así como dificultad en el acceso a servicios básicos, así como un impacto severo en la salud mental. Sigue siendo un desafío en los estados de la región garantizar un proceso de reintegración integral y sostenible para las personas deportadas.
A pesar de que ha sido un año complejo en el tema migratorio, reconocemos la importancia de aprender cada día de la fuerza, la solidaridad, la audacia, la resiliencia y la esperanza de las personas migrantes. Precisamente, en este 2025 el Mensaje de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado nos recordó que las personas migrantes, refugiadas y desplazadas son testigos privilegiados de la esperanza vivida en la cotidianidad. En esta misma línea varias obras de la Compañía de Jesús también han promovido la iniciativa Caminos de Hospitalidad con la finalidad de unir fuerzas a nivel global para caminar por la hospitalidad y por la esperanza promoviendo una cultura de solidaridad e inclusión con las personas que se ven forzadas a migrar. Finalmente, en nuestra más reciente Asamblea Continental de la Red Jesuita con Migrantes confirmamos nuestra apuesta y certeza de que en tiempos de incertidumbre ¡La esperanza es el camino!
Termino recordando las palabras del papa Francisco, en una de sus últimas cartas, en la cual nos exhortó a “no ceder ante las narrativas que discriminan y hacen sufrir innecesariamente a nuestros hermanos migrantes y refugiados. Con caridad y claridad todos estamos llamados a vivir en solidaridad y fraternidad, a construir puentes que nos acerquen cada vez más, a evitar muros de ignominia, y a aprender a dar la vida como Jesucristo la ofrendó, para la salvación de todos.”
