A casi dos décadas de su fundación, la Casa Museo Jon Cortina se mantiene como un espacio comunitario de memoria, encuentro y reflexión en Guarjila, Chalatenango, al norte de El Salvador. Fundada un año después del fallecimiento de P. Jon Cortina, S.J., la casa resguarda su legado y el de una comunidad marcada por la organización, la resiliencia, la solidaridad y la defensa de la dignidad humana.
Fundada un año después del fallecimiento del padre Jon Cortina, S.J., la Casa Museo Jon Cortina nació del esfuerzo comunitario como un espacio para resguardar su legado y la memoria histórica de Guarjila, al norte de El Salvador. En esta conversación, Elsy Mavel Rivera, parte del equipo fundador y del comité coordinador del proyecto, reflexiona sobre la misión que sostiene a este lugar, los retos que enfrenta en el contexto actual, las esperanzas que les ilumina y la vigencia del legado del P. Cortina como inspiración para la organización comunitaria, la solidaridad y la defensa de la dignidad humana en El Salvador y en Centroamérica.
¿Qué es la Casa Museo Jon Cortina y a qué se dedica?
La Casa Museo Jon Cortina nació un año después del fallecimiento del padre Jon Cortina, el 9 de diciembre de 2006. Es un proyecto fundado por la comunidad de Guarjila, con el apoyo de la Asociación Pro-Búsqueda y la Compañía de Jesús.
Se trata de un proyecto comunitario que resguarda la memoria del padre Jon Cortina, pero también la memoria histórica de la comunidad de Guarjila, ya que hablar de Guarjila es hablar de él. Su aporte fue fundamental no solo en el desarrollo espiritual, sino también en el acompañamiento social, cultural y comunitario.

La Casa Museo busca ser un espacio de encuentro y de memoria viva, donde se recuerde la vida y el legado del padre Jon Cortina, pero también los valores de unidad, solidaridad y convivencia que han permitido construir la comunidad. Es un lugar que invita a reflexionar sobre la historia, la identidad comunitaria y el compromiso con el presente.
¿Quiénes hacen posible este espacio hasta el día de hoy?
La Casa Museo es un esfuerzo comunitario. Pertenece a la directiva de la comunidad de Guarjila y es sostenida por un comité de personas voluntarias que forman parte activa del proyecto. Actualmente somos alrededor de cinco personas: dos estamos más vinculadas a la gestión general del proyecto y otras tres apoyan desde la comunidad en tareas más operativas, como el cuido del espacio, la coordinación de actividades, la gestión de recursos y el mantenimiento de la casa.
Además, trabajamos en articulación con distintas instituciones. En este momento, desarrollamos un proyecto de memoria histórica con una universidad de Canadá, enfocado en la recopilación de testimonios de personas adultas mayores sobrevivientes del conflicto armado. A partir de este proceso, buscamos elaborar un libro y un pequeño documental sobre las historias de nuestros abuelos y su aporte a la construcción comunitaria.

También hemos contado con el apoyo de la UCA, tanto para la digitalización del archivo personal del padre Jon Cortina como para la sistematización de información, con el acompañamiento de docentes y estudiantes.
¿Cuál diría que es la actividad insignia de la Casa Museo?
La actividad principal es la conmemoración del aniversario del fallecimiento del padre Jon Cortina. Este año conmemoramos 20 años de su partida, recordando y agradeciendo su vida, su legado y su compromiso con las comunidades de Chalatenango y con la Asociación Pro-Búsqueda.
Esta conmemoración se realiza en conjunto con diversas instituciones y organizaciones comunitarias. En ese marco, llevamos a cabo el encuentro Memoria Viva: Comunidades Unidas, que cada año aborda una temática central relacionada con el legado del padre Jon Cortina y con las realidades actuales de las comunidades.
Es un espacio para hablar de las dificultades que enfrentan las comunidades, pero también de sus esperanzas, resiliencias y procesos organizativos. Además, durante el año acompañamos otras actividades como la conmemoración de la repoblación de Guarjila, procesos de formación, acompañamiento psicosocial a personas adultas mayores y actividades con jóvenes.
¿Cómo dialoga la Casa Museo con las realidades actuales de las comunidades?
El aniversario no se realiza únicamente para recordar el pasado, sino para dialogar con la realidad presente. Por ejemplo, durante la procesión de farolitos que se realiza desde la Casa Museo hasta el parque, cada estación es asumida por representantes de organizaciones o comunidades que reflexionan sobre distintas problemáticas actuales.
Se han abordado temas como la organización comunitaria, el régimen de excepción y su impacto en las comunidades, la migración, la militarización y sus efectos en la vida cotidiana. Creemos que este es un espacio que dialoga tanto con el pasado como con el presente.
La memoria histórica no solo debe servir para recordar, sino para evitar que las violencias del pasado se repitan. Sin embargo, al dialogar, nos damos cuenta de que muchas de esas situaciones vuelven a presentarse hoy. Por eso, la historia y las luchas de las comunidades siguen siendo una fuente de inspiración para afrontar los desafíos actuales.
Además, la Casa Museo es un espacio abierto para reuniones comunitarias, encuentros juveniles, talleres de autocuidado, reuniones de liderazgos e incluso retiros espirituales. Queremos que sea un lugar de encuentro, reflexión y fortalecimiento comunitario.

¿Cuáles son los principales retos y esperanzas para mantener vivo este espacio?
Uno de los principales retos es que el proyecto funciona únicamente con personas voluntarias. Cada quien tiene sus responsabilidades laborales, y no contamos con un equipo permanente que atienda la Casa Museo a diario, lo que dificulta el seguimiento continuo de algunas actividades.
Otro desafío importante es el económico, ya que la Casa se sostiene principalmente con donaciones y aportes solidarios de quienes hacen uso del espacio.
A esto se suma el contexto actual del país, donde muchas personas tienen miedo de reunirse u organizarse. En ocasiones, la presencia policial genera temor y limita la participación comunitaria.
Sin embargo, actividades como el último aniversario nos llenan de esperanza, al ver a muchas personas participando activamente. Estos espacios permiten retomar fuerzas, recordar los valores que han sostenido a las comunidades y reafirmar el compromiso con la dignidad humana y los derechos humanos.
*Imágenes: Cortesía Casa Museo Jon Cortina
