A veinte años de su partida, el legado de P. Jon Cortina, S.J., sigue vivo en las comunidades de El Salvador: Desde Guarjila, al norte del país, hasta la UCA en compañía de Pro Búsqueda, la asociación que P. Jon fundó, personas y organizaciones continúan recordando a un sacerdote que hizo del acompañamiento, la justicia y la reconstrucción de la vida su misión cotidiana.
Comunidades, la Asociación Pro Búsqueda y la Casa Museo Jon Cortina conmemoraron el XX aniversario de fallecimiento de P. Jon Cortina, S.J., en un evento comunitario de memoria y encuentro el sábado 13 de diciembre en Guarjila, Chalatenango, al norte del país centroamericano. La Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) y otras comunidades y organizaciones civiles del país también participaron en el espacio.
Las comunidades se reunieron para hacer memoria viva del legado de P. Jon Cortina, S.J., sacerdote español que acompañó a las comunidades del norte de El Salvador en procesos de reconstrucción luego de 12 años de conflicto armado. P. Jon Cortina, S.J., nacido en Bilbao, España, en 1934, sirvió a El Salvador como docente en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA). Su vocación, sin embargo, trascendió las aulas al dedicarse al acompañamiento de las comunidades desde la reconstrucción: Para él, la ingeniería y el sacerdocio se entrelazaban en un mismo llamado: “acompañar, dar esperanza y aliento”.
De la mano de estas gestiones, P. Jon acompañó también la exigencia de justicia para víctimas del conflicto. Esto último se materializó específicamente en la creación de la Asociación Pro Búsqueda de Niñas y Niños desaparecidos, organización que, desde 1994, trabaja para localizar a menores desaparecidos en el conflicto armado salvadoreño, restituir su identidad y reunificar a las familias.
En el espacio participó María Suyapa Ortega, habitante de Guarjila, que formó parte de la junta directiva de la comunidad. Esto le valió el trabajo cercano con Jon Cortina, sobre todo en la gestión de proyectos de desarrollo y reconstrucción de las comunidades. Le apostaron, dice María Suyapa, en primer lugar al acceso a vivienda, a «salir de esas champas de zacate, pasar a viviendas provisionales y, luego, a la vivienda digna». Seguido del acceso al agua, a la salud y a la educación como procesos de reconstrucción y de dignificación de la vida de estos pueblos golpeados por un conflicto y sus consecuencias.
María Suyapa todavía recuerda las bombas, los morteros, los enfrentamientos. Recuerda también lo que vino después, cuando ya no se oían explosiones: el olvido, el abandono. Parte del norte de El Salvador está formado, explica María Suyapa, por «sobrevivientes» del conflicto armado: «Desde Guarjila hasta Arcatao», explica. Estos sectores en particular fueron testigos de algunos de los sucesos más cruentos de la guerra en El Salvador. En estas comunidades, P. Jon Cortina, S.J., encontró su vocación al servicio y al acompañamiento.
«A P. Jon lo recordamos como sacerdote de pueblo, como el sacerdote de este, nuestro pueblo. Llegó a convivir, a conocer las realidades. Pero, sobre todo, a acompañar: el cambio y lo cotidiano», dice María Suyapa.
«Abierto y sencillo», cuenta, sin pensar, cuando lo recuerda. Habla de él como un consejero, como un amigo, como un pastor y como un compañero. Y aunque vivió en Guarjila, acompañó, explica, a las comunidades de Chalatenango en general: «Por eso lo recuerdan en Arcatao, en Las Flores, en Nueva Trinidad, en comunidad Ignacio Ellacuría, en Las Vueltas, Guarjila, Los Ranchos».
La comunidad educativa de la UCA también conmemoró, junto a Pro Búsqueda, el aniversario de fallecimiento de P. Cortina con una Eucaristía en su memoria. P. Francisco Díaz, S.J. director de la Licenciatura en Teología de la UCA, presidió la eucaristía y, en la homilía, destacó su misión al señalar que “fue una entrega generosa al servicio del Evangelio, de la justicia y de las personas más desfavorecidas”
A veinte años de su partida, la memoria de P. Jon Cortina, S.J., sigue viva en las comunidades que acompañó y en las luchas que ayudó a sostener. Su legado no se guarda solo en el recuerdo, sino en cada proceso de dignificación, en cada búsqueda de justicia y en cada comunidad que continúa creyendo que acompañar es también reconstruir esperanza.
