En una reciente visita a la Provincia Centroamericana, P. Jesús Zaglul, S.J., «Padre Chumi», Asistente del Padre General Arturo Sosa, S.J. para América Latina Septentrional, conversó sobre el acompañamiento a las Provincias y el trabajo de la Curia General de la Compañía de Jesús. También sobre las implicaciones de trabajar con América Latina, los retos y esperanzas de la misión, su encuentro con Centroamérica y la importancia de la colaboración y de los laicos y laicas para la misión común.
P. Jesús Zaglul, S.J., conocido de forma cariñosa como «Padre Chumi», es el Asistente del Padre General, Arturo Sosa, S.J., para América Latina Septentrional. Este año, P. Chumi ha visitado la Provincia Centroamericana en un recorrido que le ha llevado a conocer de cerca las obras y el cuerpo apostólico de Centroamérica desde la diversidad de territorios y de misiones.
En esta entrevista, P. Chumi nos guía por una aproximación hacia el trabajo de la Curia General de la Compañía de Jesús, el acompañamiento a los territorios a escala global, los retos y esperanzas de esta misión, las implicaciones de trabajar con América Latina y su encuentro con Centroamérica y el cuerpo apostólico de esta Provincia.
¿Qué es la Curia General y a qué se dedica?
La Curia General es la residencia del Padre General y el lugar donde funciona principalmente el Consejo General. Somos catorce miembros, incluido el Padre General: diez asistentes regionales, como yo, y tres consejeros generales: uno encargado de la formación de todos los jesuitas; otro de la planificación de la Compañía; y otro del acompañamiento a las casas internacionales en Roma.
Además del Consejo, está el Secretario de la Compañía, que organiza la información y las reuniones; el postulador, que lleva los procesos de beatificación y canonización; el procurador, encargado de los temas canónicos y jurídicos; y el ecónomo general, que coordina el área económica y administrativa. Cada uno de estos puestos cuenta con sus equipos de apoyo.
En la Curia también funcionan los secretariados: fe, justicia social y ecología, educación primaria-secundaria y educación universitaria. Y, aunque no están directamente ligados a la Curia, en Roma se ubican otras misiones importantes de la Compañía, como la Red Mundial de Oración del Papa y el Servicio Jesuita a Refugiados, que coordina internacionalmente las sesenta oficinas en el mundo.
Háblenos de su cargo: ¿a qué se dedica? ¿Cuáles son sus funciones específicas?
Soy el asistente regional para América Latina Septentrional. “Septentrional” significa la parte norte del continente. La Compañía está organizada en provincias (y algunas regiones dentro de ellas), y las provincias juntas forman una asistencia. América Latina, que es una unidad desde México hasta Argentina, tiene dos: la asistencia norte —que acompaño yo— y la asistencia sur. A mí me corresponden Ecuador, Colombia, Venezuela, Centroamérica, México y el Caribe, que es mi Provincia.
Los asistentes regionales acompañamos la vida de estas provincias y somos el canal de comunicación entre ellas y el Padre General. Toda la correspondencia oficial nos llega a nosotros, la dialogamos con el General y ayudamos a dar respuesta. Además de esto, recibimos información sobre procesos personales, económicos, administrativos y comunitarios. Además de ser asistentes regionales, somos también consejeros generales.
A grandes rasgos, ¿qué implica acompañar a todas estas provincias? ¿Cuáles son algunos retos y esperanzas?
La función principal siempre la lleva cada provincia con su provincial. Nosotros no intervenimos directamente. En ese sentido, nuestro rol es el de acompañar, comunicar y asesorar, además de transmitir las llamadas del Padre General.
En América Latina los desafíos varían por país, pero hay temas comunes marcados por las Preferencias Apostólicas Universales. La primera es mostrar el camino hacia Dios y acompañar en la fe, sobre todo mediante los Ejercicios Espirituales. Esa es, como decía el Papa Francisco, nuestra misión fundamental y el Papa León nos confirmó también esto.
Parte de la tarea de la de evangelización incluye también todo el proceso de acompañar las realidades, especialmente de las personas más desposeídas. América Latina es el continente de mayor desigualdad. Entonces uno de los desafíos que tenemos en nuestra realidad continental es el desafío de la pobreza. Toca, entonces, estar cerca de los más pobres, defender sus derechos, abogar por ellos, pero, sobre todo, acompañarlos en procesos también de formación de comunidades, de fortalecimiento de su dignidad, de su reconocimiento social.
También está el trabajo con los jóvenes —la tercera Preferencia—. América Latina sigue siendo mayoritariamente joven, pero muchos enfrentan contextos familiares frágiles, falta de oportunidades, desempleo y dificultades para acceder a la educación. Nuestras obras educativas, incluidas las de Fe y Alegría y nuestras universidades, son fundamentales para ese acompañamiento.
Un desafío creciente es el cuidado de la Casa Común: el impacto del extractivismo, la contaminación de ríos y tierras, la expropiación y la degradación ambiental. Todo esto ocurre en un contexto político marcado por crisis democráticas, autoritarismos crecientes y pérdida de derechos ciudadanos. Acompañar y abogar en medio de esas realidades es parte esencial de nuestra misión.
¿Cómo le recibe el territorio centroamericano? ¿Cuáles son sus percepciones?
Desde Panamá hasta Guatemala, Centroamérica es muy diversa. Yo saboreo esta diversidad: me parece una riqueza. Sus pueblos son sumamente acogedores; yo me he sentido muy bien recibido. Compartir la misión con tantos jesuitas, laicos y laicas comprometidos con nuestro carisma es una gran alegría. Siempre digo que esta es la parte que más me gusta de mi servicio: visitar las Provincias, ver de cerca ese empeño en la misión de anunciar la Buena Nueva de Jesús.
He podido ver el trabajo en Panamá en el Colegio Javier y en Fe y Alegría; en Costa Rica, donde tengo incluso familiares; en Honduras, donde pasé más tiempo; en Nicaragua, donde mantuve comunicación en línea para apreciar la entrega de quienes sostienen la misión en medio de tantas limitaciones; y en Guatemala, junto con El Salvador, donde hay más obras y presencia jesuita: Santa María Chiquimula, Xela, la URL, Fe y Alegría…
En todos los lugares he encontrado compromiso, cuidado mutuo, entrega y una gran presencia de mujeres liderando obras con mucha capacidad y carisma.
¿Hay algún mensaje que quisiera enviar a la familia ignaciana de Centroamérica?
Un saludo muy grande a toda la familia ignaciana de parte mía y de nuestro Superior General, el padre Arturo Sosa. Uno de los énfasis más fuertes de este tiempo es la colaboración: saber que jesuitas, laicos, laicas y religiosas con quienes compartimos somos colaboradores de una misma misión de Jesús. Es importante que se sientan vinculados y vinculadas con esta misión que no es solo de los jesuitas, sino de todo el cuerpo apostólico de la Compañía.
El Padre General insiste mucho en que es importante compartir no solo la espiritualidad, sino también el carisma, que es un modo de ser y vivir el seguimiento de Jesús a la manera de Ignacio. Yo me siento muy vinculado siempre con las familias ignacianas de las provincias porque me parece que es ahí donde nosotros también descubrimos lo propio de nuestra misión como jesuitas. Gracias a ustedes por la entrega y el servicio.
