Los días 9 y 10 de septiembre, el Centro Loyola de San Salvador acogió el Seminario Centroamericano de Análisis de la Realidad, titulado en esta edición “Geopolítica y guerra por los bienes naturales”. Organizado por la Comisión Provincial del Apostolado Social (CPAS), el encuentro reunió a casi un centenar de participantes: representantes de obras y comunidades jesuitas, organizaciones aliadas y juventudes comprometidas con la defensa del territorio y la naturaleza, quienes compartieron análisis, experiencias y propuestas para afrontar los retos ambientales y sociales de la región.
Por: Comisión Centroamericana de Medios (C-CAM)
El encuentro comenzó con una oración en clave maya guiada por la Asociación Qajb’aj Q’ij, en la que se pidió sabiduría a Dios Padre-Madre, Corazón del Cielo y de la Tierra, y se ofreció con gratitud la memoria de José María Tojeira S.J., incansable defensor de los derechos humanos y la justicia, a quien se dedicó este seminario. Con este tono se dio inicio a un encuentro que, año tras año, se propone ser un espacio de análisis profundo, diálogo abierto y compromiso ético.
Las exposiciones comenzaron con Carlos Aguilar, responsable de políticas de transición energética para América Latina y el Caribe en Oxfam, y su diagnóstico fue claro: el cambio climático es una emergencia global, desigual y profunda, que golpea a las comunidades del sur global con mayor fuerza. Centroamérica, por su ubicación y biodiversidad, se encuentra en el epicentro de disputas geopolíticas por recursos naturales. Aguilar subrayó que las soluciones no pueden depender exclusivamente de la ciencia ni de instancias globales, sino complementarse del conocimiento local, de la organización comunitaria y de la recuperación de saberes ancestrales.
La segunda ponencia estuvo a cargo del politólogo Wolfgang Ochaeta, de Plaza Pública, quien abordó la lucha de poder geopolítico y las transformaciones culturales que atraviesan la región. El poder contemporáneo, explicó, ya no se ejerce únicamente de manera jerárquica, en cambio, se desplaza hacia el control de la información y la tecnología, moldeando la economía, la política y la cultura. La ciudadanía, en ese contexto, debe repensar su rol y comprender que los conflictos actuales giran en torno a recursos naturales y la gestión de datos, que las soluciones dependen de la acción local y comunitaria, y que la solidaridad y el diálogo constituyen herramientas imprescindibles frente a la fragmentación que generan los algoritmos y los intereses globales.
La voz de la juventud complementó estas reflexiones. Sófía Quintanilla, Marisol Hernández y Gaby Sorto compartieron experiencias desde la formación política (EFPC), el ecofeminismo y la defensa de territorios como Guapinol (CMDBCP). Subrayaron la importancia del encuentro intergeneracional, la construcción de democracia desde lo cotidiano, la autocomprensión como ecosistema, y la necesidad de vincular afecto, compromiso y organización. Sus intervenciones recordaron que la libertad, para todos y todas, también incluye a ríos y bosques, y que el cuidado del ambiente es inseparable de la justicia social.
El cierre del primer día tuvo un aire festivo. El cantautor salvadoreño Paulino Espinosa presentó su libro “Doy Fe” acompañado de canciones y anécdotas que arrancaron sonrisas al público. Su intervención recordó que el arte es un modo imprescindible para sostener la memoria, alimentar la esperanza y celebrar la alegría de los pueblos en sus luchas.
El segundo día se abrió con un análisis crítico de las soluciones ambientales contemporáneas. Ingrid Hausinger, de la Fundación Heinrich Böll, advirtió sobre propuestas que, aunque se presentan como creíbles, en realidad desvían la atención de los cambios verdaderamente necesarios y sostenibles. Acentuó también que las empresas y países que más impactan en el medioambiente deben asumir la responsabilidad por el daño causado, sin que ello exima el compromiso y la acción local y comunitaria.
Desde Roma, Roberto Jaramillo S.J., Secretario de Justicia Social y Ecología de la Compañía de Jesús, compartió la aplicación y resonancias de la cuarta Preferencia Apostólica Universal —cuidar de nuestra Casa Común— a la luz de Laudato Si’. Presentó también un panorama de alianzas con movimientos sociales y una mirada crítica a las cumbres internacionales como la COP, concluyendo con un llamado a la colaboración entre especialistas, organizaciones y comunidades. A su vez, Agnaldo Junior S.J., Delegado Socioambiental de la CPAL (Conferencia de Provinciales Jesuitas en América Latina y el Caribe), quien acompañó todo el seminario, aportó la visión regional y subrayó la importancia que esta temática tiene hoy para la CPAL.
La jornada también contó con experiencias inspiradoras: migrantes nicaragüenses en Costa Rica que promueven modelos sostenibles, la comunidad mexicana de Bachajón, y su economía armoniosa con la comunidad y la naturaleza; y el colectivo La Milpa de Honduras, cuyo compromiso vital y afectivo con el entorno refleja la posibilidad de otra modo de relación con la naturaleza.
El seminario concluyó con unos minutos de cosecha personal sobre las resonancias que el encuentro había dejado en cada participante. Además, se presentó el Comunicado que recogía una inquietud presente desde el inicio: pronunciarse contra el genocidio en Gaza y hacer un llamado a los gobiernos regionales a asumir una postura clara y coherente. Finalmente, los asistentes se trasladaron a la UCA, donde se celebró la eucaristía en honor a José María Tojeira S.J., cerrando así el círculo con el que había comenzado el seminario: espiritualidad, memoria y acción.
La experiencia de estos dos días nos dejó claro que la defensa del medioambiente, la justicia social y la construcción de paz no dependen solo de decisiones globales, sino de los vínculos locales, del conocimiento comunitario y del compromiso ético de cada uno. En Centroamérica, la geopolítica y los bienes naturales se entrelazan con la vida cotidiana, y la respuesta exige creatividad, solidaridad y acción desde lo cercano.
El Seminario Centroamericano de Análisis de la Realidad volverá en 2026, con la certeza de que la reflexión, la organización y la esperanza pueden abrir caminos frente a los desafíos más complejos.
















