¿Qué de la vida de Ignacio de Loyola puede seguir inspirando nuestro trabajo en los colegios? Preguntamos a jesuitas, laicos y laicos que reflexionaron sobre la educación a la luz de la pedagogía y el testimonio de nuestro fundador. Olga León, Rosario Martínez y P. José Leónidas Barrios, S.J., nos comentan en esta edición de #EspírituIgnacianoHoy.
Ignacio de Loyola no planificó fundar colegios, pero pronto la educación se volvió clave para la Compañía de Jesús. Desde 1548, se buscó formar no solo académicamente, sino también en lo humano y espiritual, con la Ratio Studiorum (1599) como guía.
Hoy, cinco siglos después, ese ideal sigue vigente en Centroamérica, donde la educación ignaciana enfrenta grandes desafíos culturales, sociales y políticos.
¿Qué tiene que decirnos hoy Ignacio —con su modo de buscar, de decidir, de acompañar— a quienes educamos en su nombre? ¿Qué de su vida puede seguir inspirando nuestro trabajo en los colegios?
-Rosario Martínez, Liceo Javier, Guatemala, nos comenta:
El padre Adolfo Nicolás decía que debemos procurar ser más imitables que admirables. Ciertamente admiro mucho la figura de Ignacio y la manera en que se dejó trabajar por Dios. Pero siguiendo a Nicolás, me animo a presentar algunos aspectos de su vida que me parecen imitables y que pueden seguir inspirando el trabajo educativo.
1. Todos atravesamos o atravesaremos en nuestra vida experiencias duras que provocan un antes y un después; balas de cañón, que pueden dejarnos heridas profundas. Lo primero, por tanto, es que la educación de nuestros colegios, además de una solida formación académica, que se da por supuesta, requiere ir forjando en nuestros estudiantes un modo de ser persona capaz de afrontar esas balas de cañón, con un conocimiento personal profundo que ayude a ir sanando las heridas desde los dones que nos ha dado Dios, es decir, una profunda formación de la afectividad y la espiritualidad para afrontar la vida.
2. Ignacio al salir de Loyola sale con dos grandes deseos: ayudar a las almas y vivir en Jerusalem, el segundo deseo se ve trastocado por diferentes tropiezos que tiene en el camino, tanto así, que ese sueño lo puede acariciar por un tiempo muy breve. El primero de ayudar a las almas va tomando forma, poco a poco, llegando hasta estudiar en la universidad, cuestión que no estaba en sus planes originales. Nuestros colegios deben formar a nuestros estudiantes de tal manera que le den sentido a su vida, que se tracen metas altas, grandes sueños, que piensen en grande, pero también que tengan un corazón grande y dispuesto para discernir lo que les va sucediendo, y encontrar allí lo que Dios quiere de ellos.as y de la humanidad. Esto implica generar momentos y espacios escolares para el silencio, la reflexión, la interiorización, el acompañamiento personal y grupal.
3. El legado de los Ejercicios Espirituales de Ignacio es una obra maestra de qué y cómo enseñar. Creo que es un gran reto para los educadores ignacianos el profundizar en los EE.EE. tanto en su contenido como en su método, allí podremos encontrar muchas claves para la educación en nuestros colegios.
4. La Compañía de Jesús surge como un sueño en común, no de un deseo individual, sino colectivo. Ignacio y los primeros compañeros nos enseñan a realizar las cosas no sólo para los demás, sino con los demás. No bastan los grandes propósitos y aprendizajes personales, tenemos que hacerlos en comunidad. Por eso creo que el cómo aprenden nuestros estudiantes en los colegios es fundamental, ¿las metodologías y actividades que proponemos les ayudan a generar trabajos colaborativos, a ver las necesidades de los otros, a ayudarse mutuamente, a buscar el bien común, a generar proyectos o acciones en beneficio de todos?
5. Ya he dicho que ayudar a las almas fue uno de los deseos más grandes de la vida de Ignacio, ese ayudar no era así sin más, era al modo de alguien: de Jesús, el de Nazareth, en quien fijó su mirada. Por eso, creo que aquí está nuestro diferencial educativo: el servicio al modo de Jesús; nuestros colegios deben estar abiertos siempre a la realidad que nos rodea y dispuestos a que todos sus estudiantes tengan experiencias de cercanía con los empobrecidos y sus sufrimientos, sus alegrías, sus modos de organización y aprender de ellos, caminar a su lado y que puedan ir desarrollando un corazón compasivo, generoso, misericordioso y solidario, como el de Jesús.
Muchas más cosas le podemos aprender a Ignacio, pero que estas líneas sirvan para seguir animando nuestro trabajo educativo, tan hermoso, tan complejo, tan retador, pero si lo vivimos como misión apostólica, sabremos poner lo mejor de cada uno.a de nosotros, sabiendo que el resultado, los frutos están en manos del Padre.
-Olga León, Asociación de Colegios de la Compañía de Jesús en Centroamérica (ACOSICAM), reflexiona:
Ignacio de Loyola nos enseña que la verdadera educación implica una formación que desarrolla tanto el intelecto, como el corazón, es decir, va más allá de la adquisición de conocimientos. Estimular la mente con saberes hondos y claros, con habilidades de pensamiento críticas, analíticas, creativas, propositivas… para entender la realidad y, con valores profundos, buscar cambios que mejoren el mundo que transitamos.
Hoy, en un contexto cultural, social y político desafiante en Centroamérica, su ejemplo nos invita a educar ayudando a nuestros estudiantes a encontrar “el sentido de sus vidas”, atendiendo sus circunstancias, sus necesidades y promoviendo valores como la justicia, la compasión y la solidaridad. La Ratio Studiorum nos recuerda que la educación debe ser una tarea estructurada, en acuerdo entre las obras, con claridad en contenidos y modos, pero hecha con amor y respeto, que fomente en los niños y jóvenes una conciencia social activa y un espíritu de servicio.
Siguiendo el legado de Ignacio, podemos inspirar a nuestros alumnos a formar mentes críticas y corazones sensibles, que reaccionen con empatía ante las dificultades, promoviendo una transformación social desde la solidaridad. En sus principios, encontramos la inspiración para educar en tiempos de cambio, buscando siempre el equilibrio entre el crecimiento intelectual, espiritual, emocional, con la convicción de que la educación, que es nuestra vocación, puede ser un medio para construir una sociedad más justa y fraterna.
-P. José Leonidas Barrios, S.J., Escuela Bilingüe e Instituto San José, Honduras, nos dice:
Tal como San Ignacio se dejó guiar por el Espíritu en su momento para responder desde la educación al reto de la evangelización, de igual forma, hoy nos sigue invitando a dejarnos guiar por el Espíritu desde un discernimiento profundo para lograr responder ante las realidades que se presentan hoy en día y que necesita continuar siendo evangelizado, desde una educación más humana en medio de un mundo tecnificado y muchas veces superficial.
Dejarse guiar por el Espíritu involucra mantenerse en un constante discernimiento frente a los recursos y población que necesita ser educada profundamente. De su vida rescatamos el hecho de que San Ignacio nunca se le adelantaba al Espíritu sino que se dejaba acompañar, caminar con él, de esa forma lograba vislumbrar lo que la sociedad de la época necesitaba. También hoy en día, ante tantos cambios necesitamos dejarnos acompañar, caminar junto al Espíritu que nos ilumine y nos ayude a responder a las juventudes de hoy en día.
Además, san Ignacio fue un hombre tenaz en sus proyectos que no se dejaba amedrentar, sino que buscaba salidas ante las crisis que se le presentaban, logrando encontrar respuestas y oportunidades en medio de lo que pareciera ser conflicto.
Necesitamos mantener nuestra mirada llena de esperanza y alimentada por la fe en el Dios amor
