La vocación de Ignacio surgió en medio de caídas y búsquedas. Así, se dio cuenta de que ahí en lo que parecía no funcionar, Dios abría paso. Desde nuestra Centroamérica, queremos reflexionar en los caminos vocacionales en medio de nuestros contextos a veces complejos. Para que, como se reveló a Ignacio, nuestra tierra sea fértil para nuevas vocaciones.
Invocación inicial: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Reflexión: Ignacio una vocación entre caídas y búsquedas
Ignacio soñó con la gloria y una bala lo dejó en ruinas. Soñó con la santidad, y casi pierde la vida. Tierra Santa lo expulsó. Lo llamaron loco. Lo encerraron. Y sin embargo…en cada caída, una pregunta. En cada quiebre, un susurro. En lo que no funcionaba, Dios abría paso. Así nació su vocación: servir, consolar, acompañar.
Meditación desde la realidad centroamericana
En Centroamérica, muchas vocaciones nunca florecen, porque la urgencia de sobrevivir a la pobreza, violencia y exclusión absorbe toda la energía de los jóvenes. Otros son seducidos el poder, la fama y el dinero, y quienes escuchan su alma son suelen ser marginados por una cultura que promueve el exitismo material. Pero en medio del dolor, Dios sigue llamando, como llamó a Ignacio desde lo roto.
Oración personal y comunitaria:
¿Estamos aprendiendo a escuchar a Dios en medio del caos? ¿Nuestra vida es un signo de que vale la pena responder al Amor? ¿Acompañamos con ternura los caminos vocacionales de otros? ¿Como comunidad, sembramos esperanza para que las vocaciones florezcan?
Oración final
Dios de las búsquedas y los silencios, danos tu Espíritu, ese que sostuvo a Ignacio cuando todo parecía perdido. Enséñanos a confiar, a dejar que tu llamada despierte lo más hondo. Haznos tierra fértil para las vocaciones nuevas, en especial para quienes se sienten llamados a seguirte en la Compañía de Jesús, con libertad, pasión y entrega.
San Ignacio de Loyola, ruega por nosotros.
Padre Nuestro… Ave María… Gloria.
Amén.
