Estudiantes del programa de Becas Loyola, de la Universidad Rafael Landívar (URL), vivieron una experiencia de servicio y acompañamiento en conjunto con la Parroquia Santa María Chiquimula y la Red Jesuita con Migrantes, obras de la Compañía de Jesús en Guatemala, como conclusión de su formación en identidad ignaciana.
Como parte de su formación en identidad ignaciana, 64 estudiantes del Programa de Becas Loyola de la Universidad Rafael Landívar participaron durante el mes de junio en la experiencia Misión-País-Guate, una vivencia de servicio y acompañamiento realizada en conjunto con la Parroquia Santa María Chiquimula y la Red Jesuita con Migrantes. Esta experiencia no solo significó el cierre de una etapa, sino que también evidenció cómo diversas obras de la Compañía de Jesús en Guatemala colaboran en la formación de personas conscientes, compasivas y comprometidas, capaces de servir con humildad y acompañar a quienes enfrentan diversas realidades, especialmente jóvenes, pueblos indígenas y personas migrantes.
La experiencia se desarrolló en tres lugares distintos, cada uno con su riqueza particular. En la ciudad capital, los jóvenes sirvieron en Casa Myrna Mack, un centro de la Red Jesuita con Migrantes que acoge a personas migrantes y refugiadas. Allí, colaboraron en la preparación de alimentos, entrega de donaciones y actividades recreativas con niños y niñas, pero sobre todo, escucharon historias de quienes han dejado atrás todo en busca de un futuro mejor.

Jóvenes voluntarios y voluntarias reciben la bendición de P. Juan Gaitán, S.J., antes de partir a la experiencia comunitaria en Chiquimula. Cortesía: Pastoral URL.
Luego, en Santa María Chiquimula, parroquia jesuita al occidente del país, compartieron la vida pastoral y comunitaria de la región: celebraciones, visitas, trabajo cotidiano. Finalmente, los jóvenes compartieron con familias del Olopa, municipio de Chiquimula, al oriente del país.
Lo vivido no fue un ejercicio asistencial ni un simple voluntariado. Fue una escuela de humanidad. En sintonía con la educación jesuita que busca formar integralmente: no solo en lo académico, sino también en el contacto con la vida real, con sus luces y sombras. Enseña a ver a las personas, no desde lejos, sino a los ojos; a reconocer en ellas no problemas que resolver, sino dignidad que respetar y caminos que acompañar.

Trabajo voluntario en Casa Myrna Mack. Cortesía: Pastoral URL.
Al regresar, los estudiantes no volvían igual. Traían el corazón más despierto, los sentidos más atentos, y muchas preguntas nuevas. Compartieron lo vivido con entusiasmo, con una mezcla de cansancio y gratitud. Como en aquel pasaje del Evangelio donde los discípulos regresan alegres de la misión, (Lc 10,17), también estos jóvenes volvían contando lo que vieron, lo que aprendieron y lo que no van a olvidar.

Jóvenes voluntarios con una de las familias con las que compartieron en Olopa, Chiquimula. Cortesía: Pastoral URL.
La colaboración entre estas obras no solo hizo posible la experiencia; fue en sí misma un testimonio significativo para los jóvenes que cierran su proceso de formación. Porque ver una misión compartida y vivida en común es, quizás, la mejor manera de invitarles a seguir caminando con otros, por un mismo país y un mismo horizonte.
Imagen de cabecera: Cortesía Pastoral URL.
