Vamos a la Milpa es una iniciativa que convoca a diversos sectores alrededor de la soberanía alimentaria, el respeto a los derechos humanos y la celebración de la vida a través del territorio en Honduras. Radio Progreso y el Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación acompañan esta iniciativa desde La Milpa, un espacio de encuentro y vida en Arena Blanca, Yoro.
Vamos a la Milpa es una iniciativa que surgió en Honduras, Centroamérica, en 2020 como respuesta al confinamiento por la pandemia de covid-19. Las organizaciones que la conforman creen y apuestan por la comunidad organizada como camino y proceso, no solo como fin. A través de la soberanía alimentaria, el respeto por la cultura, los derechos humanos y el territorio, este proyecto cree en el futuro y la esperanza desde la organización y la comunidad.
En Arena Blanca, Yoro, existe «La Milpa», que es, en palabras de Juan Carlos George, miembro del colectivo, una «galera» para encontrarse como amigos y amigas que viven en torno a la naturaleza y su cuidado. Es un espacio, dice, para «reflexionar sobre las prácticas entre humanos y entre la naturaleza», un espacio en en el que convergen comunidades de agricultoras y agricultores. Vamos a la Milpa busca resguardar el conocimiento ancestral de las comunidades de campesinas y campesinos a través de la divulgación de sus experiencias, modos de vida, de trabajo y de organización. La Milpa es, entonces, ese lugar para juntarse y celebrar la vida.

Esta galera acoge a quienes llegan buscando comunidad. Aquí se cocina, se cosecha y se cuida. Foto: Cortesía.
Suyapa Majano, parte del colectivo, desde La Milpa complementa las palabas de Juan Carlos: «lo único que teníamos era la tierra. Y entonces dijimos «Vamos a la Milpa». Así nació el colectivo: desde y por la tierra. Existen diversos colectivos a lo largo del territorio hondureño, y todos persiguen la misma apuesta, es decir, la de la defensa del territorio y la celebración de la vida en torno a este en comunidad que incluye, que lucha y que acompaña.
La Compañía de Jesús en Centroamérica, fiel al llamado de Cuidar la Casa Común, camina junto a quienes desarrollan el proyecto desde el acompañamiento de La Milpa a través del Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación (ERIC) y Radio Progreso, que trabajan en conjunto con parroquias y organizaciones de la sociedad civil y comunitarias para perpetuar estos esfuerzos y trabajar por la divulgación de los mismos para que otras comunidades puedan replicarlos en sus territorios.
Desde ahí también se preserva y mantiene viva la memoria histórica y martirial del pueblo hondureño. Esto se logra a través de sus legados de lucha y del involucramiento de los colectivos en el análisis de las realidades del país y de Centroamérica, visto bajo la sombrilla de la inspiración de sus vidas para continuar en la defensa de la Casa Común: ese pedazo de tierra que provee alimento, que provee vida, a quienes también brotan alrededor de ella.
Además de los saberes ancestrales de la naturaleza, Vamos a la Milpa tiene una fuerte conexión con la misión de construcción del Reino de Dios en la tierra: es a través del encuentro, de la comunidad, que buscan derribar muros para buscar el bien común y la fe y justicia con el toque de inspiración de la espiritualidad ignaciana que llama a Cuidar la Casa Común. Comparten, también, buenas prácticas agrícolas para cuidar el suelo, los cultivos y los frutos.
¿Qué inspira a la comunidad detrás de Vamos a la Milpa? Juan Carlos lo resume en tres palabras: espíritu de libertad. Luego, lo acorta a una sola: libertad. La libertad de la quebrada que fluye a unos pasos de la galera en la que la comunidad comparte. La libertad de la lluvia que, aunque responde a ciclos milenarios, se derrama completa a veces sin aviso. La libertad de las raíces que se extienden bajo el suelo y que brotan con los frutos que aquí se intercambian. La libertad de elegir Cuidar la Casa Común, vista como un ser que vive, que respira y que comparte sus dones, desde acciones concretas.

En la parcela de cultivos hay papaya, ayote, guineo y, por supuesto, maíz. Foto: Cortesía
