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Prevenir también significa reconocer las señales de riesgo para saber cómo actuar. Con esta convicción como telón, 135 personas de obras de la Compañía de Jesús de Nicaragua y Panamá participaron en una jornada de formación en Salvaguarda y Cultura de Cuidados, orientada a fortalecer una respuesta activa y responsable frente a posibles situaciones de abuso.

Con el lema «Acción: prevenir, responder y acompañar», 135 personas vinculadas a diversas obras educativas y sociales de Nicaragua y Panamá participaron en un encuentro de formación en Salvaguarda y Cultura de Cuidados. La jornada reunió a integrantes de Fe y Alegría Nicaragua y Panamá, el Colegio Centroamérica, el Instituto Loyola y el Colegio Javier, junto con la participación activa de seis jesuitas.

El encuentro forma parte de una ruta de formación impulsada por la Provincia Centroamericana para fortalecer la prevención de abusos y la creación de espacios seguros en sus obras. Este proceso contempla distintos momentos: el despertar frente a una realidad que durante mucho tiempo ha permanecido invisibilizada; la profundización en el concepto de abuso y sus diferentes manifestaciones; y el fortalecimiento de las capacidades necesarias para actuar ante situaciones de riesgo.

Uno de los aspectos que más valoraron las y los participantes fue la reflexión sobre las razones por las que, en determinadas circunstancias, podemos no actuar frente a situaciones de riesgo. A través de ejercicios y metodologías prácticas, la formación permitió identificar factores psicológicos, sociales e institucionales que pueden favorecer la indiferencia y, al mismo tiempo, explorar caminos para convertirse en testigos activos dentro de cada obra e institución.

Para Gabriela Torres, uno de los principales desafíos es dejar de percibir la Salvaguarda y la Cultura de Cuidados como algo lejano o ajeno a la misión. Se trata, más bien, de reconocerlas como un «eje transversal» del cuerpo apostólico, colocando siempre a la persona y su dignidad en el centro.

La participación de personas provenientes de distintos ámbitos educativos, sociales y espirituales reafirma la necesidad de que la salvaguarda atraviese todos los espacios de misión. Desde esta perspectiva, prevenir, responder y acompañar se convierten en acciones concretas para avanzar hacia una cultura de cuidado y contribuir a la construcción de espacios seguros en Centroamérica.