En ocasión del Día Mundial de la Tierra recordamos que la PAU Cuidar Nuestra Casa Común es un compromiso urgente que desde Centroamérica vivimos desde el acompañamiento y las propuestas de vida digna, justicia ecológica y solidaridad con la tierra.
La Cuarta Preferencia Apostólica Universal —Cuidar nuestra Casa Común— no se trata de una invitación vacía, si no de un compromiso urgente en el mundo que transitamos. Cuidar la Casa Común es un acto de justicia, de fe, pero, sobre todo, de amor. El llamado es, entonces, a reconocer que nuestra manera de habitar el mundo tiene consecuencias, y que esas consecuencias afectan, sobre todo, a los más pobres y vulnerables. Es también un compromiso que va más allá de acciones aisladas. La verdadera justicia con nuestra casa común solo puede lograrse en conjunto, caminando todos y todas en la misma dirección. Las acciones concretas deben, entonces, responder al principio de la comunidad. No es un llamado individual, mucho menos solitario.
En Centroamérica, nuestros pueblos enfrentan desafíos graves y urgentes. El extractivismo desmedido, la contaminación de ríos y bosques, el desplazamiento de comunidades por megaproyectos, la criminalización de defensores y defensoras y la constante amenaza de proyectos de muerte son heridas abiertas que parecen no sanar. La injusticia ambiental se manifiesta con fuerza: son los más pobres quienes sufren primero y más intensamente los efectos del deterioro ambiental. Frente a estas amenazas, las obras de la Compañía de Jesús en la región se comprometen a acompañar y a proponer caminos alternativos de vida digna, justicia ecológica y solidaridad con la Tierra y sus pueblos desde cada una de sus misiones respectivas.







San Ignacio de Loyola nos enseñó a buscar y hallar a Dios en todas las cosas, y hoy, más que nunca, estamos llamados a encontrarlo en los ríos que fluyen, en los árboles que respiran, en los animales que comparten la creación con nosotros. Ya lo decía Francisco en el Laudato Sí: «no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, si no una crisis socioambiental única y compleja». Que este 22 de abril nos permita renovar nuestro compromiso de escuchar el clamor de la Tierra y el clamor de los pobres, y que respondamos con valentía, con oración y con acción concreta siempre en comunidad.
